La cuarta edición del festival en Santiago del Estero, contó con Tan Bionica, La Bersuit, Utopians, Los Cafres y más
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A Sheldon Cooper le gustaría la ciudad de La Banda. En medio de la calle hay una locomotora a modo de juguete gigante, de souvenir excesivo, de fetiche a medio camino entre la inutilidad y el homenaje, donde los niños se trepan, los ebrios orinan, los turistas se fotografían y la mayoría de los bandeños ignora. Tal vez porque tienen al tren incrustado en el imaginario que los identifica al lado de las palabras "chacarera" y "Carabajal". Me imagino al protagonista de The Big Bang Theory desplegando su fanatismo ferroviario por la estación Besares. Ahí, justo al frente de la intersección de las principales calles de la ciudad. Ahí, justo donde está montado el escenario de la Salamanca Rock que, por segundo año consecutivo de los cuatro años que lleva esta versión rocker del tradicional festival folclórico del mismo nombre que hace dos décadas le pelea el cetro de la vidriera folclórica al de Cosquín, se realiza de manera gratuita. Ahí, justo donde los indudablemente locales Kooper reclamaban al viento helado de la noche de frío insólito: "yo quiero ver un tren".
Precuela
Un poco por escucha del clamor popular y un mucho por resentimiento del presupuesto, el festival este año presentó una cartelera austera en cuanto a cantidad de bandas nacionales y apostó a las locales, quienes obtuvieron su lugar en la grilla, previo paso por el tamiz del Taki Mosoj, el concurso Pre-salamanca de nombre quichua que se realiza con antelación en los pueblos del interior y que este año, por tensiones electoralistas, tuvo inconvenientes a la hora de realizarse, dada la interna feroz y desigual entre el gobierno provincial y el municipio que organiza el evento.
Esta coyuntura, a simple vista negativa, sin embargo, reavivó el fuego salamanquero y el festival parece haber recuperado su autoestima e identidad, reincorporando a la grilla a exponentes del folclore más innovador. Mixtura de géneros que lo distinguen de otros festivales más puristas. También la escasez de recursos benefició a la curaduría general y se abandonó a las ominosas bandas tributo, a las cuales el año pasado se les dio un lugar inmerecido, con excepción de Planeador V, convocado nuevamente, cuyo cantante imita a con una perfección espeluznante a Cerati.
Cuarta temporada, capítulo uno
La cartelera de la primera noche de la cuarta edición prometió y cumplió con la presencia de las locales Morfosis, los Lb Roots, auto proclamados "primera banda de reggae de la provincia", los potentísimos y aceitados Elver Funk, que combinaron su hard funk rock con accesorios coyas en el vestuario y hasta una whipala colgada de la guitarra-bajo de doble mando de manufactura propia del virtuoso luthier-músico Carlos Sandoval, quien (como varios músicos) sería figura repetida entre las formaciones de varias bandas.
También pasaron por el escenario: Caterva, los entusiastas ganadores de la Pre-Salamanca Ídolo De Los Quemados, Yopo, Parvas, Guareber y los bonaerenses Compresión.
Censura previa
Claro que a las adolescentes y no tan adolescentes que empiezan a sumar densidad a la masa espectadora –se calculan unas cinco mil personas- muy poco le importan las bandas locales. Esperan en silencio ansioso a Tan Biónica, el último fenómeno del rock pop. Y aquí tengo que hacer un alto: mi hija de doce años me ha prohibido criticar negativamente a Tan Biónica. Yo tengo la culpa, hace unos dos años le regalé sin escuchar Obsesionario. Yo apenas había visto un video de la banda y me parecieron unos Miranda! heterosexuales e inofensivos. Al poco tiempo cometí el segundo pecado y la llevé conmigo a un recital. A partir de allí, y alimentadas las llamas por el fuelle de las redes sociales (mi niña engrosa el millón de Me Gusta de la fan page oficial de TB y sigue en Twitter a todos los integrantes de la banda) la perdí para siempre (o hasta que se le pase la preadolescencia) y que pasó a formar parte del hormonal Piberío Biónico.
Voy a reconocer que Chano es hermoso como el sol. A lo que le suma sus poses de atormentado rehabilitado, un corte de pelo cool y una puesta en escena en la que no tienen escrúpulos en usar a Queen para revolver feromonas y conseguir un show entretenido, prolijo y generoso. Tocaron una hora y media en la que pasearon por sus hits de estribillos viscosos, versiones acústicas, íntimas y ese coqueteo con la electrónica. También voy a reconocer que al escuchar a mi niña cantar a los gritos "la cocaína seca las lágrimas", pensé que había cometido un descuido atroz. Al llegar al final, sin embargo, con capita de terciopelo e ínfulas de pastor evangélico, Chano volvió a ser inofensivo: recitó esa oración que parece religiosa pero termina siendo un latiguillo marketinero.
Casi inmediatamente, en el escenario B, se prendieron las luces para Orellana Lucca, el dúo folk con coqueteos rockeros más evidentes en la instrumentación que en el estilo, quienes heredaron el público euforizado de TB y supieron capitalizar eso.
En ese mismo escenario, pero en el 2011, se había presentado Cordera arengando con los hits de la etapa grupal pero sin poder sostener desde lo individual. Dos años después Bersuit Vergarabat tuvo su revancha revalidando su estirpe creativa, humilde y colectiva que fue acompañada por un público incondicional que se quedó bailando casi dos horas hasta el último bis.
Episodio dos
Se termina la cuarta temporada. Para el gran final aguardan tras bambalinas: el reggae dócil de Los Cafres, la melancolía cool de Tus Monitores, Valores Reggae, el folk rock de La Montonera. Se peina el cordobés líder de Planeador V, repasan la poética beatle los Bacanes, Estonia, Sapere Aude, Sigmaluca, Sobrevivientes, Contratuerca, el punk rock melódico de Azero y Mochorock.
También esperan los flamantes Yamil Val Espacio. Esta noche debutan, pero el contacto con el público no es algo cuyos integrantes desconozcan. La mayoría proviene de bandas con mucha historia y Jorge Bravo, su frontman y creador, tiene una historia de más de veinte años en el rock. Son la bocanada de aire fresco de la noche, serán la santísima trinidad nocturna junto a Utopians y Horacio Banegas. Suenan frescos, maduros pero joviales. Hay un sonido ronco de maderas antiguas en la percusión y el contrabajo que se contrasta con lo melodioso de las guitarras. La presencia rítmica es contenedora y da unidad a las variaciones que en un mismo tema pasan del rock, al jazz y al folclore en segmentos que sorprenden y atraen. Uno escucha y esa coagulada diversidad que se adivina en el pulso, se encuentra en los ancestros árabes y afros de los inmigrantes llegados hace siglos a este Santiago del Estéreo.
Más tarde llega Utopians a quebrar la quietud citadina con la voz grunge de Barbi Recanati. La chica renunció al glamour pero, a su pesar, el glamour no a ella. Tiene un brillo especial que atraviesa su jean suelto, su buzo arrugado, su cero make up y el pelo sobre la cara. Abajo del escenario se la percibe frágil y simpática y arriba eso genera una contradicción hipnótica. La banda suena como quiere y esa es su fortaleza. Alguna vez ellos dijeron: "Seremos horribles, pero lo hacemos bien".
Tocaron inmediatamente después del creador del formato banda en el folclore: Horacio Banegas, profeta folk, rocker periférico, héroe austero, poeta espléndido de la santiagueñidad. Capaz de arrancar con la cadencia contenida de una vidala inmediatamente después de una banda de punk furibundo. A las cajas vidaleras se le suman la batería y estalla la voz áspera, sin pretensiones ni imposturas del cincuentón que reafirma en el título de la chacarera una verdad inmediatamente tangible: "Santiago es tierra que canta". A los lados tiene a sus dos hijos: el Mono, uno de los mejores bajistas del país, y Jana, guitarrista lúdico, oportuno y desenfadado. Los Banegas por sí solos son un power trío. Pero están acompañados de una banda que responde sin fisuras a los géneros que mixtura. La multitud está silenciosa, desde arriba del escenario veo todas las miradas hacia el escenario excedido de humo y música. "Aquí no vengo a demostrar que un género es mejor ni que otro es peor, la música es una sola" me dijo antes de subir y lo repitió frente a los casi ocho mil pares de ojos y oídos que le aplauden cada final de esos temas que transitan climas misteriosos y potentes gracias a los arreglos precisos y masculinos. Banegas viene curtido, el teatro Flores es un reducto que lo adoptó y su público ya se siente incómodo en teatros con butacas y formalismos. La despedida es un guiño al fetiche rockero: un pogo "sachero", un pogo del monte, un pogo que se apoya en el latido de la batería pero también en la antigüedad de un huayno que popularizó Jacinto Piedra, quizás el primer rocker del folclore argentino.
Con Los cafres empezaron a rolar los títulos del The End y nos empezamos a preguntar cómo sigue esta Salamanca Rock que se reinventa cada principio de temporada.
Por Lucrecia Carrillo
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