Dinastía: los Murdoch, la serie documental de Netflix que confirma las inquietantes presunciones de Succession
Dirigida por Liz Garbus, tiene 4 capítulos y es una buena radiografía del poder del emporio mediático del magnate australiano Rupert Murdoch
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Dinastía: Los Murdoch (Estados Unidos/2026). Dirección: Liz Garbus. Disponible en: Netflix (miniserie documental de 4 episodios). Nuestra opinión: buena.
Antes de que esta docuserie dirigida por Liz Garbus ponga sobre la mesa los hechos concretos, la cultura popular ya había ensayado una versión más estilizada -y feroz, hay que decirlo- de los alcances del poder mediático contemporáneo. Succession, la celebrada serie de HBO creada por Jesse Armstrong, se convirtió en una de las ficciones más influyentes de los últimos años cruzando con sagacidad sátira y tragedia para contar la decadencia moral de una familia multimillonaria enfrentada por la herencia de un imperio. Uno de sus grandes aciertos fue transformar lo que podría haberse enfocado como una fría disputa corporativa en un agitado drama “shakespeariano” (como se ha dicho tanto y con razón), recargado de diálogos afilados, ambigüedad emocional y una despiadada lucha por el poder.
Con su narrativa adictiva e incómoda, las cuatro temporadas de esa exitosa y premiada serie funcionaron desde el inicio como un espejo deformante -aunque claramente reconocible- de la familia encabezada por Rupert Murdoch. Los paralelismos entre Logan Roy (gran trabajo de Brian Cox) y el polémico magnate británico fueron señalados una y otra vez por críticos y analistas. Succession, en definitiva, no solo capturó la lógica interna de estas dinastías mediáticas, sino también su impacto en la política y la opinión pública globales.
Ahora, Dinastía: Los Murdoch nos reafirma, por si hiciera falta, que aquella brillante ficción televisiva se inspiró directamente en una historia real quizás más opaca, pero no menos inquietante. El punto de partida es conocido, pero la docuserie de Netflix lo articula con gran eficacia.

Rupert Murdoch, el magnate que construyó uno de los imperios mediáticos más influyentes del planeta, envejece sin haber resuelto del todo la cuestión central de toda dinastía: quién heredará el trono. Todo el relato se estructura en torno a esa tensión, con un enfoque que difumina los límites con Succession y termina revelando “un deprimente catálogo de nepotismo”, como señaló con gran poder de síntesis el periódico inglés The Guardian.
El documental subraya que la familia Murdoch se vio reflejada en (y perturbada por) la exitosa ficción de HBO: tras el episodio clave de Succession en el que se produce la muerte del líder sin que haya resuelto un sucesor claro, algunos integrantes del clan entraron en pánico y elaboraron lo que se conoció como el “Succession memo” para anticipar un escenario similar en la vida real.
Rupert Murdoch, que nació en Australia y tiene hoy 95 años, encarnó siempre el modelo del patriarca implacable, mientras que sus hijos -Prudence, Elisabeth, Lachlan y James- se repartieron roles que recuerdan a los arquetipos de la serie de ficción: el heredero aparente, el rebelde ideológico, la ejecutiva subestimada... Pero en lugar de convertir la batalla en espectáculo como hizo Succession, Garbus recurre a documentos, guerras judiciales y decisiones empresariales que afectan a la política global para contar una historia con más calado periodístico.

Nacida en Estados Unidos y directora de muy buenos documentales como The Farm: Angola, USA, Becoming Cousteau, Girlhood, Bobby Fischer Against the World y What Happened, Miss Simone?, Garbus logra reconstruir con solvencia el ascenso de Murdoch desde un periódico australiano heredado en los años 50 hasta la creación de un conglomerado global que incluye diarios, editoriales y, sobre todo, el poderoso e influyente canal de noticias Fox News.
Ese crecimiento estuvo marcado por una combinación de intuición empresarial, agresividad competitiva y una relación muy estrecha con el poder político, especialmente en la época de Ronald Reagan y en esta del revival hardcore de aquel rancio conservadurismo interpretado por Donald Trump. Pero también por los escándalos: el caso de las escuchas ilegales del tabloide sensacionalista británico News of the World, que terminó con su cierre definitivo, aparece como uno de los puntos de inflexión más importantes para la reputación del grupo y para el equilibrio interno de la familia. La docuserie insiste en esa idea: el imperio Murdoch se construyó con audacia, es indiscutible, pero también con prácticas que cruzaron muchos límites éticos.
Problemas de reparto
El núcleo dramático potente de esta historia es el conflicto por la sucesión. Durante años, el trust familiar había garantizado un reparto relativamente equilibrado del poder entre los hijos de Murdoch. Pero esa arquitectura comenzó a resquebrajarse cuando el implacable Rupert decidió favorecer a Lachlan, el hijo más alineado con su visión editorial ultraconservadora.

El resultado de esa insidiosa movida del patriarca fue una batalla legal que, según distintas reconstrucciones periodísticas, terminó en 2025 con Lachlan consolidado como heredero único, mientras sus hermanos aceptaban compensaciones millonarias y perdían influencia en el grupo.
El documental de Garbus presenta ese desenlace como un punto de no retorno: además de redefinir el futuro del imperio, consagró la fractura familiar. Y justo ahí es donde encuentra su tono más cercano a la tragedia clásica: como en las obras de Shakespeare, el poder no se hereda sin costo, sino que divide, corrompe y deja un rastro de resentimientos.
Pero la docuserie también contextualiza el fenómeno Murdoch, más allá de los asuntos familiares. Relata los entretelones de una disputa entre herederos ricos y también la lucha por el control de una maquinaria mediática que influye en elecciones, debates públicos y agendas políticas en todo el mundo anglosajón.
El uso de archivos y de numerosos testimonios de periodistas y analistas le aporta densidad y credibilidad. El aporte de Jim Rutenberg y Jonathan Mahler (The New York Times), McKay Coppins (The Atlantic) y otros experimentados profesionales de Fleet Street y el periodismo australiano es central para que la serie consiga algo que muchas producciones similares no logran: explicar por qué debería importarnos esta historia.
La limitación más evidente de Dinastía: los Murdoch es la falta de acceso directo a la familia. El documental de Garbus está construido desde fuera, apoyado en archivos y testimonios indirectos, lo que de algún modo reduce su intensidad dramática. Y aunque empieza prometiendo una intensa guerra entre herederos, termina confirmando que el verdadero protagonista siempre fue Rupert. Sus hijos aparecen como figuras secundarias, definidas más por su relación con el padre que por sus propias trayectorias.
Hay, además, cierta redundancia en el tratamiento del conflicto. Lo que en Succession se resolvía con diálogos afilados y escenas memorables, aquí se diluye en una acumulación de datos que, aunque relevantes, no siempre logran sostener el interés narrativo. Por momentos, no siempre, la serie documental funciona mejor como radiografía del poder que como drama familiar. La pregunta final que parece plantear no es quién heredará el imperio, sino por qué debería importarnos qué multimillonario controla más poder.
Una estrella invitada
Como curiosidad debe señalarse la aparición de Hugh Grant: el popular actor británico fue obstinadamente perseguido en Los Ángeles por un reportero de News of the World (Paul McMullan) tras aquel incidente callejero de 1995 por el que fue arrestado por la policía de esa ciudad (lo encontraron teniendo sexo en un automóvil con la trabajadora sexual Divine Brown y se lo acusó “conducta lasciva”, un delito menor por el cual debió pagar una multa cercana a los 1.000 dólares y realizar un programa obligatorio de educación sobre el VIH). “Murdoch quería que también encontráramos a la chica y le diéramos 250.000 dólares para que nos cuente todo sobre lo que Grant le pidió que hiciera en su coche”, recuerda McMullan en el documental. “La vida en ese momento era muy difícil”, concluye después en tono sugestivo.

Lo cierto es que hasta la aparición de esta serie documental de Netflix, el relato más completo sobre la familia había sido otra de tres partes (The Rise of the Murdoch Dynasty) emitida por la BBC en el año 2020. Aunque estaba apoyada en una investigación muy meticulosa, esa serie de la cadena pública inglesa llegó en una época en la que el imperio de Rupert Murdoch, pese a los escándalos, todavía seguía intacto. El nuevo relato de Garbus, en cambio, aparece en un momento diferente, con el poder del gran magnate de los medios bastante más diluido y la certeza de un epílogo amargo: Murdoch dijo más de una vez que su sueño era construir un negocio familiar, pero lo que terminó construyendo fue un negocio que destruyó a su familia.
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