Perry Mason, una serie que reflexiona sobre un tiempo oscuro que parece repetirse

Matthew Rhys, en la piel del nuevo Perry Mason
Matthew Rhys, en la piel del nuevo Perry Mason
Paula Vázquez Prieto
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22 de junio de 2020  • 17:13

Perry Mason (Estados Unidos, 2020). Creadores: Ron Fitzgerald y Rolin Jones. Elenco: Matthew Rhys, Rachel Boulware, John Litwod, Tatiana Maslany, Jedediah Jenk, Juliet Rylance, Nick La Croix, Chris Chalk. Disponible en: HBO y HBO Go. Nuestra opinión: buena.

El célebre abogado literario creado por Erle Stanley Gardner fue uno de los primeros adalides del policial de procedimiento. Abogado astuto y perspicaz para detectar la culpabilidad, lograba demostrar la inocencia de sus clientes hallando el rostro oculto de todo asesino. Ahora, en manos de los creadores Ron Fitzgerald y Rolin Jones (ambos productores de Weeds y Friday Night Lights; Fitzgerald de Westworld y Jones de Boardwalk Empire, entre otros), Perry Mason (Matthew Rhys) es un detective privado en la Los Ángeles de los años 30, una especie de antecedente del Philip Marlowe de Raymomd Chandler, menos cínico pero más amargado. Perseguidor de maridos infieles y furtivo fotógrafo de estrellas en pecado, Mason es marginal en todos los sentidos, en sus ideales perdidos, en sus amores vacíos, en su relación con un mundo que le devuelve su peor cara. Su vida está llena de sombras -las heridas de la Primera Guerra, la separación de su hijo, la herencia de un padre granjero que naufraga en la pobreza y el abandono-, las mismas que pueblan ese ambiente de plena Depresión y desazón moral.

Afirmada en una estética embriagante y una consistente reconstrucción de época, la Perry Mason de HBO es menos un homenaje a la narrativa de detectives que una reflexión sobre un tiempo oscuro que parece repetirse, un regreso sin gloria que resulta irremediable. En las primeras escenas vemos a una pareja recibir el cadáver de su pequeño hijo como signo de una aparente traición; detrás están los tentáculos de un culto misterioso, la corrupción de la policía de Los Ángeles, el dinero y la extorsión. Mason trabaja junto al abogado E. B. Jonathan (John Lithgow) para descubrir la verdad, revelando en sus fotografías lo que no se ve a simple vista, visitando los pasillos de la morgue, batallando con sus propios fantasmas. Y ese mundo recuerda demasiado al pérfido antro de la Barrio Chino de Robert Towne y Roman Polanski, esa del horror oculto tras la inocencia.

En la vocación de hacer del estilo su distinción, la serie se refugia en convenciones narrativas y actuaciones estelares. Rhys resulta el rostro perfecto para este Mason sucio y desencantado, Lithgow la justa silueta de un abogado que combina oportunismo y dedicación, y Tatiana Maslany el asomo de un enigma detrás de esa líder venerada, de ese cuadro colgado en las paredes para su adoración. Al mismo tiempo, Perry Mason ofrece el reverso de los policiales de policías, con un protagonista que desnuda el racismo y la incompetencia de las fuerzas de seguridad, al igual que su complicidad con el crimen, en un momento en el que esa discusión está en el centro del debate público.

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