La guerra de las 24 horas: la batalla en la pista no contada en la película

La guerra de las 24 horas
La guerra de las 24 horas
Marcelo Stiletano
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23 de noviembre de 2019  

La guerra de las 24 horas

Nuestra opinión: buena

(The 24 Hour War- EE. UU./2016). Dirección: Nate Adams y Adam Carolla. Fotografía: Derek Bauer. Edición: Simon Sandquist. Disponible en: Netflix.

Con indudable sentido de la oportunidad, Netflix sumó a su catálogo un largometraje documental realizado en 2016 para la televisión que se asoma a la histórica rivalidad automovilística entre Ford y Ferrari revelada al mundo a través de la extraordinaria película Contra lo imposible, actualmente en cartel en los cines de la Argentina. A la luz de lo que se cuenta en La guerra de las 24 horas, lo más aconsejable sería ver primero en el cine la película dirigida por James Mangold y luego, sin demasiada demora, tomar contacto con esta producción documental que nos brinda de entrada una ayuda inmejorable para entender el contexto de la batalla en la pista narrada en la ficción de Contra lo imposible. Lo que en la película se concentra en menos de diez años (desde 1959 hasta las formidables 24 Horas de Le Mans de 1966, apogeo de la lucha entre ambas marcas) adquiere en el documental una perspectiva de largo plazo.

Antes de mostrar a los autos de las dos escuderías tratando de ganar en los circuitos más exigentes, lo que vemos es el relato de dos historias de vida paralelas, la de Enzo Ferrari y Henry Ford. El primero logró con el tiempo identificar su apellido con la máxima expresión del automovilismo deportivo. De hecho, en un momento se cuenta que contra su voluntad, don Enzo se vio forzado a fabricar lujosos autos de calle con el único propósito de obtener fondos para seguir financiando la escudería deportiva. El segundo creó un imperio industrial que en un momento, por razones que la película omite pero que en la vida real resultaron claves, decide volcar muchos de sus esfuerzos al terreno de las carreras de autos.

Lo mejor de este documental está al comienzo. Las historias paralelas de Ford y Ferrari se narran a toda velocidad, sin perder ni claridad ni precisión. Hay un excelente material de archivo que sirve de apoyo a los testimonios de varios de los protagonistas, entre ellos los herederos de ambos nombres (el nieto de Henry Ford II, el hijo de Enzo Ferrari) y una cuidada narración que llevará, casi inexorablemente, al estallido de la rivalidad deportiva.

Después, el relato se acerca a los hechos narrados en la película. Hay mucho allí de Carroll Shelby (el personaje de Matt Damon en la película) gracias al generoso archivo y muy poco de Ken Miles (Christian Bale), que aparece aquí como personaje secundario. En el final se imponen el modelo más convencional del documental deportivo y cierto sesgo triunfalista hacia Ford. Para entonces, lo mejor de la carrera ya había pasado.

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