Stefano: visión expresionista de un gran clásico nacional

Susana Freire
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4 de octubre de 2019  

Libro: Armando Discépolo / Adaptación y dirección: Rubén Pires / Elenco: Luis Longhi, Maia Francia, Marcelo Bucossi, Elida Schinocca, Mariano Falcón, Nicolás Cúcaro, Lucía Palacios y Gonzalo Javier Álvarez / Duración: 95 minutos / Sala: Andamio 90 / Funciones: jueves, a las 20.30 / Nuestra opinión: muy buena

Fracaso y frustración son la base del conflicto que yace en Stefano. Fracaso porque muestra al inmigrante que vino a "hacerse la América" y que ahora se encuentra en una situación mísera y desesperante. Frustración porque debe renunciar al sueño de alcanzar una utopía. Ocho personajes y un mismo destino. Una familia integrada por tres generaciones: los abuelos, los padres, los hijos. La crisis económica es cotidiana, pero se acrecienta por la incomunicación que existe entre los personajes, no sólo por la diferencia de educación, sino por la ideología en cuanto a la posibilidad de realización. Los viejos, italianos, no manejan fácilmente el lenguaje y sus aspiraciones se limitan a tener un presente sin carencias. Stefano, el protagonista, quiere seguir la senda de la música, pero la decadencia física que incide en su capacidad para ejecutar un instrumento, le juega una mala pasada. Solo su hijo mayor, retoma sus aspiraciones artísticas en el campo de la literatura y es el único que comprende al padre porque presiente que a él le espera el mismo destino que a su padre.

Una familia conflictiva y sin esperanzas es la protagonista de esta historia que cuenta con la potente interpretación de un elenco sólido, convincente, que comienza con Luis Longhi, como Stefano, secundado por el resto de los actores, que no presenta fisura para exponer este drama conmovedor. Ayuda el maquillaje como recurso de un expresionismo patético y el vestuario que señala el deterioro económico.

La incorporación de momentos musicales es interesante, no sólo los temas compuestos por Sergio Vainikof, sino la música ejecutada en vivo que, si bien ralentiza el ritmo, suma por la calidad vocal de Gonzo Javier Álvarez.

La puesta de Rubén Pires aprovecha acertadamente el espacio donde, a simple vista, se distinguen los diferentes ámbitos que se requieren. Pero es en la dirección de actores donde se percibe un toque diferente, sobre todo en la composición de Stefano, porque escapa del tono quejoso y amargado con que se lo suele presentar para centrarse en la agonía que produce la esperanza cuando se escapa entre los dedos. Es un hombre vencido no por la amargura, sino por la tristeza que lo fue carcomiendo lentamente, registro que provoca ternura y emoción. Una renovada versión que refleja a esos hombres a los que se les escapa la vida y con ella los sueños.

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