Switchfoot en Buenos Aires: Vox dei

La banda de San Diego tocó por primera vez en el país; crónica y fotos de su show en Groove.
La banda de San Diego tocó por primera vez en el país; crónica y fotos de su show en Groove.
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20 de septiembre de 2010  • 16:17

El rock cristiano es, ante todo, un gran consumo adolescente desatendido por los opinadores de modas y tendencias. Será porque sus estrellas no escupen whisky desde el escenario. O, tal vez, porque en sus shows haya inverosímiles efluvios a Colonia Johnson’s. Por eso, la máxima osadía de la noche será cuando el carilindo Jon Foreman pele algo así como un solo de guitarra con sus incisivos, algo que ya ni de Ricardo Mollo causa gracia pero que en un show de Switchfoot deja sus buenos dividendos.

Después de quince años y siete discos, el grupo de San Diego realizó su primera gira latina (que incluyó varios países pero no Venezuela, pese a que su cantante así lo haya dicho en pleno show), y Buenos Aires fue la escala final cuando, anoche, el quinteto liderado por los hermanos Foreman tocó ante unos 1500 adolescentes calientes -si Dios me lo permite-.

El ambiente lo había preparado Kyosko (junto a Rescate, las dos bandas referenciales de la escena local), que se ganó el fervor con una receta que les sienta de maravillas: canciones de sus seis discos + pasajes de la biblia + mensajes a lo Pastor Giménez. En la barra de Groove, la oferta era clara: agua, gaseosa, jugo o energizante (aunque cualquier opción durase menos que mordisco de manzana prohibida). "Prohibido fumar" fue el hit de la noche en un lugar que acostumbra recibir a Dancing Mood, Todos Tus Muertos o Claudio O’Connor.

Si el rock pierde sus mugres en el cacheo de la puerta y brota como cristalina agua bendita entre las plateadas cruces de precoses rockfans (que estallaron en chillidos cuando, pasadas las 23, Switchfoot asomó el pico con "Stars"), la hermandad Foreman y adlátares rompe el molde ofreciendo un poco de suciedad premeditada y discreta. Jon, su cantante, parece -con su flequillo rubio barriéndole la cara- un prolijo Cobain que habla de Dios en serio y hasta es capaz de treparse a lo Campino por las barandas de la platea mientras entona "Awakening". Eso sí, a la hora de hablarle a su feligresía criolla, tiene su speach debidamente anotado en unos papeles que relojea para decir cosas tales como "¡Gracias, amigouusss!" o "¡Los queremos mucchiio!".

El primer momento excitante de la noche vino de la mano del punk "Oh, gravity!", que desató los primeros pogos entre la muchachada. Luego, el Foreman mayor tomó del hombro a Tim, su hermano bajista, y pidió que cada cual abrazara a quién tenía a su lado para recrear "Gone".

A la hora de los bifes, el grupo californiano fue generoso con su historia. Atendió lo suficiente a Hello hurricane, su reciente disco, con "The Sounds" (inspirado en el activista antirracismo John Perkins), la indolencia profana en la impronta stoner de "Free", y "Your Love is a Song", balada propicia para el arreo de leds de cámaras y celulares. Pero tampoco quedaron afuera highlights de su discografía entera, como el mash-up "We Are One Tonight" y "The Shadow Proves the Sunshine", "This is Your Live", el vibrante "Meant to Live" o "Dare You to Move", fruto de su intervención en la banda sonora de la película "Walk to Remember" que les supo granjear los primeros honores públicos y con el que se despidieron del escenario entrada la medianoche.

Una suerte de misa dominical a contraturno de estricta hora y media, en un lugar que, tiempo atrás, supo albergar maratónicas veladas de música tropical.

Por Juan Ignacio Provéndola

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