Estrella: Geretto, en otra clase magistral de actuación

Fuente: LA NACION
Jazmín Carbonell
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1 de marzo de 2019  

Estrella / Dramaturgia e interpretación: Juan Pablo Geretto / Dirección: Geretto y Virginia Martínez / Vestuario: Magda Banach / Luces: David Seldes / Sala: El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960) / Funciones: viernes y sábados, a las 20 y a las 22 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Ya Tim Burton había personificado en su gran película, El joven manos de tijera, no sin sorna y con mucha parodia a este estereotipo femenino que resulta la mujer Avon. Su versión, vestida de los pies a la cabeza de un lila impecable, llegaba al son de "Avon calling" a visitar a este extraño sujeto con dedos filosos. Juan Pablo Geretto, que hace años viene dando cátedra sobre cómo fabricar personajes femeninos –tuvo en cartel durante siete temporadas el éxito descomunal Yo amo a mi maestra serial– y exponerse solo en escena, escribió, dirige, junto a Virginia Martínez, y actúa en esta nueva versión de revendedora de Avon, en este caso naranja: Estrella, como si su nombre la hubiese condenado a una búsqueda incansable por ser querida y tenida en cuenta, por cambiar esa vida chata que está tan lejos de la que tienen las estrellas de la tevé, su única compañera fiel.

Estrella es una mujer especial; es impecable, espléndida a pesar de todo. Puede destruirse el mundo que la rodea y ella, inalterable, se mantiene maquillada, peinada y con ansias de ser más. Representa a esa mujer de pueblo que encuentra en el mundo Avon una posible vía de escape, una salida elegante y con brillo de un universo que se le mostró hostil, pero que, sin embargo, ella puede hacerle frente. Avon es el sueño americano. Madre, mujer, hija, amiga, Estrella repasa su pasado, cuenta con mucho humor problemas femeninos, historias familiares, y logra que lo trágico y triste pueda escucharse con gracia.

Geretto que, como un hechicero, logra hacer olvidar a todos que es un hombre vestido de mujer y hace una composición meticulosa de Estrella. Se planta en una escena despojada, apenas con unas naranjas distribuidas por el piso que, iluminadas, generan un efecto llamativo. Habla durante 30 minutos sin parar, la primera pausa llega recién a la media hora y es solo para hacer un alto mínimo en el relato, para imprimirle un sesgo sensible. Cuando continúa, hilvana temas, conecta recuerdos, narra anécdotas de esta mujer que tiene una madre malvada, una cotidianidad gris, pero una bicicleta y un catálogo que la pueden salvar. Más allá de la notable tarea de escritura, la hazaña casi mágica de Geretto es, sin perder nunca a ese personaje que construyó milimétricamente, su verborragia impresionante.

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