
Marilú Marini: su idea de libertad, el encuentro con Bioy Casares y su nuevo desafío como directora
La actriz protagoniza, junto a Franco Torchia, Manifestum, en el Teatro San Martín, mientras prepara una obra basada en un texto de Silvina Ocampo
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Indudablemente, Marilú Marini es la gran maga de la actuación. La señora de fina estampa, la experimental y la payasa de mil vidas, reinvenciones y mudanzas siempre la guio el espíritu de búsqueda permanente en el terreno de la performance, de la danza contemporánea o del teatro de texto en base a Samuel Beckett, William Shakespeare o uno de un dramaturgo contemporáneo.
Fiel a sus búsquedas, la gran admiradora y amiga de Jorge Luz y Niní Marshall en estos momentos está protagonizando en el Teatro San Martín Manifestum, una conferencia performática gestada por Oria Puppo en la que comparte escena junto a Franco Torchia. Los dos dan voz a testimonios y experiencias en primera persona que invitan a pensar el cuerpo y la diferencia. En el programa de mano de este trabajo coral en el que conviven textos de María Belén Correa, Andrea Cukier, Daniel Link, Alejandro Tantanian, Liliana Viola y Marlene Wayar, entre otros, se afirma de manera contundente: “Si no es queer, no molesta”.
En paralelo, inicia los ensayos de La lluvia de fuego, obra escrita por su admirada Silvina Ocampo en colaboración con Juan José Hernández, que estrenará en su rol de directora a fin de agosto, en el mismo Teatro San Martín.
Hoy, lunes, aprovecha su día de descanso para dialogar con LA NACION con la lucidez, la cercanía, la convicción y la ironía que siempre la ha caracterizado. “Hablar de la aceptación de la diferencia, como se propone Manifestum, es algo que me parece tan necesario indicar, hablar, señalar para poder generar un cambio de ideas. Lograr algo que tenga, justamente, la calidad de una conversación en un gesto que no es solamente de resistencia sino que es de invención de un futuro, como señaló hace poco la gran Lucrecia Martel”, señala apenas se prende el grabador.

-Tan actual es esa conversación que propone que el sábado, mientras hacías la función, durante la Marcha del Orgullo en Berlín un hombre embistió con una camioneta a una multitud y luego atacó a varias personas con un machete dejando un muerto y casi 30 heridos.
-Todo lo que está sucediendo es, verdaderamente, inquietante... El avance de la ultraderecha y la intolerancia es como un retorno a algo que quisiéramos evitar. Es un momento de una enorme vulnerabilidad en todo el mundo con todas estas guerras que estamos viviendo. En este contexto cuando me propusieron ser parte de esta constelación de autores y de actores que plantea que la diferencia no sea aceptada como rareza sino que sea incluida en todo el mecanismo social no lo dudé. Y a ese desafío se le sumó la posibilidad de dirigir la obra de Silvina, una poeta y escritora que sabés que yo tanto admiro. En tren de asociaciones, si Silvina hubiera estado aquí, seguramente un texto suyo sería parte de Manifestum.

-Silvina Ocampo se movió por fuera de la norma de lo establecido para su entorno. En perspectiva, vos también. De hecho, de joven en tu época del Instituto Di Tella te mandaron a la cárcel por un desnudo artístico.
-¡Desnudo de un ombligo, sí! [se ríe seguramente recordando cuando las fuerzas del orden de los 60 determinaron que pasara varios días en una cárcel de mujeres de San Telmo]. Es que al poder la posibilidad de apertura en la cultura siempre lo inquieta, en aquellos tiempos como ahora. El filósofo francés Gilles Deleuze dice: “El poder nos quiere triste”. Es una de las cosas que señala este Manifiestum en el que todas las voces de los autores evocados son de creadores potentes, radiantes...
En escena, el preciso andamiaje de esta voz coral incluye al humor, a la fina ironía. Un texto de Javier Sáez afirma: “El ano representa exactamente eso que el poder odia: la posibilidad de apertura”. En otro de Liliana Viola comienza de este modo: “Creo en el santo matrimonio y en la libreta roja que abre las puertas de los bancos, del plan familiar, del ‘así como me ves yo lo logré’. Creo en la pesadísima puerta que al cerrarse de golpe le pisa la cola a la novia y deja a la intemperie el culo, a los solitarios, las solteronas, los indecisas, los concubinos, los hijos por fuera de, las amigas, los amores que no se atreven, ¡o no quieren!, decir su nombre. Pero también: creo en el amor, en el amar y en el mar”.
En su cuerpo, en sus infinitas voces y gestos, Marilú Marini, la misma que hace unos años confesaba ser una actriz “muy culo inquieto” en permanente búsqueda, hace que estas palabras se apoderen de la sala como si fuera un viento huracanado dispuesto a todo.

“Lo importante de este espectáculo es que se presenta en una institución pública e institucional. No está hecho en una fantástica sala del off por la que hemos pasado y volveremos. Que esté situado en un lugar como el Teatro San Martín es muy significativo. De alguna forma, es decir que esto no es una rareza, que esto es parte de la estructura, de nuestro ámbito cotidiano. Las voces evocadas son ecos de otras voces que hablan de lo mismo. Es un discurso que moviliza y hace pensar”, apunta la maga de la escena en el bar de un hotel de Recoleta que ya hizo propio cuando filmó la película 27 noches, el film de Daniel Hendler.
Té para dos: su reencuentro con Silvina Ocampo
Esta vuelta a Buenos Aires la hizo sin la compañía de su pareja, Rodolfo de Souza, quien se quedó en París cuidando a la nueva casa. Al día siguiente de este encuentro tendría su primera reunión con el elenco de La lluvia de fuego. En perspectiva, iniciará un nuevo reencuentro con un texto de esa otra señora de fina estampa que tanto la seduce.

Como actriz, junto a Rodolfo de Souza, estrenó este texto en 1997, en el teatro de Bobigny, de París. Lo dirigió Alfredo Arias, la escenografía era de Robert Plate y se estrenó en la sala que dirigía el argentino Ariel Goldemberg. Esa noche, Adolfo Bioy Casares, pareja de Silvina Ocampo, estuvo presente. Lo sentaron en un gran sillón Voltaire azul como invitado de honor.
“Aquello fue emocionante porque fue tener al testigo de cómo se había gestado la obra -recuerda-. Vos sabés que yo siento un amor y una admiración por Silvina muy fuerte, es una de las grandes poetas y creadoras de la literatura argentina. Fue Bioy quien me había pasado la obra mucho antes de radicarme en París. Lo que fue muy conmovedor de aquella noche es que Bioy, después de ver la obra, tuvo una reacción como si esa misma noche hubiera descubierto ese escrito aunque tenían la costumbre de leerse lo que escribían. Esa noche recuerdo tener entre el público a alguien como Bioy que yo admiro no solo como creador sino como ser humano. Había algo en su mirada que tenía que ver con la pertenencia a ese grupo de escritores que gestaron el boom de la literatura argentina de un momento del siglo XX como también lo representaron [Juan José] Saer y [Julio] Cortázar. Pero Bioy y Jorge Luis Borges son como los abuelos o los padres de todo aquel movimiento”.
-Bioy Casares y Borges fueron figuras troncales de todo aquello. Si pensamos en el dueto que conformaron Victoria y Silvina Ocampo, Silvina siempre fue la más silenciada.
-Ella decía que no era social, que era íntima. En ese sentido me gusta mucho el libro que escribió Mariana Enríquez, La hermana menor, por su enfoque y por cómo describe la singularidad de Silvina. En su escritura la menor de los Ocampo toma elementos muy cercanos y cotidianos que se vuelven potentes, inquietantes, crueles, sorprendentes. Todo el erotismo implícito en su obra se manifiesta también en esa densidad de lo evocado, de alguna forma de lo prohibido. Silvina siempre juega con aquello que socialmente está sancionado, pero que son cosas tan deseadas por nosotros, los simples seres humanos...
Marilú Marini no llegó a conocerla. Pero después de aquella experiencia presenciada por el mismo Bioy Casares ubicado en un sillón Voltaire azul, en 2007, en la glamorosa Villa Ocampo le puso el cuerpo a otros textos de Silvina Ocampo dirigida, nuevamente, por Alfredo Arias. En Invenciones del recuerdo, vestida por Pablo Ramírez, estaba acompañada por Sandra Guida y Alejandra Radano. Culminaba con Axel Krygier interpretando en el gran piano de cola del salón No dejes que te olvide, un bolerazo de Bola de Nieve.

La cosa no quedó ahí. En 2009, estrenó Invenciones, en el Presidente Alvear, según dramaturgia y dirección de Alejandro Maci. “Silvina es una traviesa, una traviesa inspirada e iluminada. Trabaja lo coloquial y lo vuelve poético e imaginario. Por eso una azucarera de porcelana del salón de su casa se transformaba en una caja de Pandora llena de sorpresas que transmitía vibraciones que venían de otros mundos. Ella tenía ese poder justamente de hacernos ver detrás del espejo, como una poeta maga”, decía esta maga de la actuación en otro encuentro con LA NACION que transcurrió en medio de una tarde gris como la de hoy.
“Siempre traté de acercarme a ella porque es alguien que me nutre, que necesito -confiesa-. También es alguien a quien no termino de descubrir. Cada vez que indago sobre Silvina siento que abro nuevos roperos, nuevos cajones. De todos modos, reconozco, yo no soy una persona organizada en mi discurso, soy dispersa, Mi forma de acercarme a ella no es analítica, yo no tengo mucha capacidad de análisis...”.

-No te la creo.
-¡No..., es verdad! [suelta una risotada]. Sí tengo una intuición emotiva frente a lo que interpreto o leo. En Silvina siento una vibración que hace que ella me dé la posibilidad de entrar en zonas misteriosas, zonas tal vez censuradas por lo socialmente correcto. Por otra parte a su humor lo siento muy cercano.
Horas después de esta entrevista tendría su primer encuentro con el elenco que conforman Valeria Lois, Carolina Saade, Agustín Rittano, Damián Mai y Mercedes Beno Mendizábal que ya viene trabajando con el texto desde hace unas semanas.
-¿La situación de la primera reunión le genera dolor de panza?
-Me inquieta, diría. Me genera palpitaciones en el corazón. No es un momento temido pero que sí me conmueve mucho. En verdad, todo lo que uno desea mucho genera miedo, es así. Lo que me pregunto hoy es si podré poner en palabras o en comunicación mi propio encantamiento por Silvina para poder llegar a esos 5 actores que son gentes sensibles, creativas, explosivos.

-Cuando ahora volviste a leer la obra, ¿qué otra capa le descubriste?
-La lluvia de fuego es una obra que Silvina escribió con Juan José Hernández, gran poeta tucumano. Tal vez lo que se me presentó más claramente en la relectura es lo intrínsecamente argentino que tiene el texto. Va de la imaginación de la gente de la calle como el de las señoras que salen a la tarde con una silla a hablar con sus vecinas...; abarca todo ese mundo tan delicado e identitario que configura el mapa de eso que uno imagina como patria.
La patria de Marilú Marini tiene sus dobleces, sus distintas geografías con un puente concreto y vital entre Paris y Buenos Aires. En la conferencia performática se presenta de este modo: “Soy actriz y sueño en otra lengua que no es la materna. Me exilié hace muchos años. Armé mi casa y mi familia a muchos kilómetros de distancia de este suelo. Ahora mismo, para venir a leer durante 65 minutos de corrido en voz alta este Manifestum, me tuve que despedir de mi marido, que se quedó cuidando nuestra casa, y tomar un avión hasta la calle Corrientes, porque en el único lugar donde soy verdaderamente libre es en la escena. Ser actriz, para mí, significa ser yo en otros”.

Cuando vuelva a su nueva casa en París, ciudad en la que se instaló en lo 60, dejará en la cartelera su tercera propuesta como directora en Buenos Aires. A La lluvia de fuego, cuyo estreno previsto es para el 28 de agosto, hay que sumar Escritor fracasado, que protagoniza Diego Velázquez; y Matate amor, con Érica Rivas. En París, repondrá Les conséquences, obra escrita y dirigida por Pascal Rambert y una película.
Para placer del espectador, Marilú Marini nunca para. Su magia nunca se detiene.
Para agendar
Manifestum, conferencia performática de Oria Puppo según dramaturgia de Eugenia Pérez Tomas y Puppo. Teatro San Martín, Corrientes 1530. Funciones: de miércoles a sábados, 19:30; y domingos, 18.30. Precio localidades: miércoles, a 12.000 pesos y el resto de los días, a 21.000.



