“Me hicieron bullying”: fue el protagonista de un musical que se convirtió en un fenómeno y rompió un récord en el escenario
En diálogo con LA NACION, Elliott Hanna recordó su experiencia en el West End de Londres y reflexionó sobre cómo es pasarle la posta a los chicos que protagonizarán la versión argentina de Billy Elliot
14 minutos de lectura'

Cuando tenía nueve años, Elliott Hanna rompió un récord: se convirtió en la persona más joven de la historia en interpretar a Billy Elliot en el West End de Londres. Ahora, a los 22, viajó a Buenos Aires para conocer y trabajar con la nueva generación de pequeños talentos que desde mayo próximo protagonizarán en la avenida Corrientes la primera adaptación argentina del musical que se convirtió en un verdadero fenómeno global.
El éxito de una obra no siempre se mide por la cantidad de entradas vendidas o los premios recibidos. Muchas veces, lo más significativo es el impacto cultural que pueda generar y su resistencia al paso del tiempo. A Billy Elliot, película de 2000 dirigida por Stephen Daldry y escrita por Lee Hall, le aplican todas estas variantes. Cuenta la historia de un niño inglés de los años ochenta que descubre en la danza la pasión de su vida y lucha por vencer los estereotipos frente al ojo crítico de la sociedad y sobre todo de su familia. Fue tal la revelación que Elton John decidió convertirla en un musical y llevarla al West End de Londres en 2005. La producción se convirtió en un galardonado fenómeno a nivel internacional que no solo dejó una marca imborrable en el público, sino también en los artistas que la interpretaron. Uno de ellos fue Elliott Hanna.
El inglés recibe a LA NACION contento, agitado, como si todavía estuviera aterrizando. Y es que en realidad lo está porque hace unas pocas horas llegó a Buenos Aires desde Londres. “Estoy emocionado por experimentar la cultura. Eso es lo que me da vida. Me encanta viajar”, comenta alegre con su acento británico. Dice que el arte le dio los mejores momentos de su vida, pero también lo obligó a experimentar difíciles situaciones que le costaron varios años entender, procesar y transformar. Podría hablar de Fórmula 1 todo el día. Es fanático de McLaren, aunque no duda en reconocer los grandes reflejos que tuvo Franco Colapinto en la largada del Gran Premio de Australia. También es hincha del Liverpool FC, su equipo local, y de hecho, toda la vida soñó con ser futbolista profesional, hasta que la danza apareció en su vida. ¿Les suena la historia?
—Sos hincha del Liverpool, soñabas con ser futbolista y estás en un país que respira fútbol. ¿Sos fan de Lionel Messi?
—¿Quién no lo es? Hasta ahora solo vi un póster de Messi, pensé que vería más… El fútbol es una de las partes más importantes de la cultura de Liverpool, así que desde chico crecés rodeado de eso. Mi papá siempre fue fanático e incluso casi llega a jugar a un nivel profesional, así que sí, siempre fue parte de mi vida.
—¿En qué momento reemplazaste los botines por los zapatos de baile?
—Cuando tenía cinco o seis años, mi mamá me llevó a una clase de break dance. Fui con mi grupo de amigos y todos lo odiaron, pero yo lo disfruté. Decidí volver y la directora de la escuela de danza seguramente notó algo porque me invitó a tomar clases de ballet, tap y moderno. Y después no tuve opción. Como niño, simplemente te meten en eso y lo hacés, pero terminó apoderándose de mi vida.
—Fuiste finalista del reality Got to Dance cuando tenías ocho años. Hiciste trucos, levantamientos y tenías una técnica clásica impecable...
—Fue una locura. Lo hice con Tayluer Amos, que es como una hermana para mí. En ese momento no sabíamos lo grande que era, simplemente éramos niños. Y no fue hasta que estuvimos en el escenario y recibimos la ovación de pie y la reacción de los jueces que empezamos a darnos cuenta. Quedamos segundos, pero las oportunidades que vinieron después fueron absolutamente increíbles.

—¿Gracias a eso conseguiste la audición para el musical?
—La idea era que después del programa bailáramos en eventos por dos años más, pero de repente, mi profesora de danza me dijo: “Te voy a mandar a esta audición, para que ganes experiencia”. Si ella pensó que lo iba a lograr, no lo sé. Yo ciertamente no pensé que lo haría. ¡Ni siquiera sabía qué era Billy Elliot! Fui a esa audición como un niño de ocho años y quedé. Después, con otros seis niños, nos fuimos por seis semanas a Londres para hacer la “Billy School”, que era como una prueba de lo que iba a ser el entrenamiento. Fui uno de los dos elegidos y me preparé durante un año antes de subir al escenario.
—¿Tuviste que vivir solo? ¿Tus padres fueron con vos?
—No, se quedaron en Liverpool. Me encantó estar lejos de ellos. Quiero decir, como a cualquier niño…
—¡Pero tenías ocho años!
—Sí, pero ya había hecho Got to Dance, lo cual fue mucha presión, así que la idea de ensayar y estar lejos no me sorprendió. Pero fue difícil. La única vez que realmente lloré porque los extrañaba fue la primera noche. Creo que ahí entendí realmente cómo iba a funcionar todo. Pero después la pasé realmente genial.
—¿Qué pensaron tus padres cuando empezaste a convertirte en un artista?
—Siempre me fascinó cómo manejaron eso, todavía no sé del todo cómo lo hicieron. Técnicamente, no perdieron a un hijo, pero tuvieron que decirle adiós por mucho tiempo. Sé que sufrieron mucho, pero se mantuvieron firmes por mí. Pero solo ahora me doy cuenta de cuánto influyeron y lo fácil que me lo hicieron. El apoyo total no siempre significa estar conmigo todo el tiempo, es cumplir el rol que te toca y creo que ellos lo hicieron perfectamente. No puedo agradecerles lo suficiente y no lo digo solo por decir.
Un personaje soñado
—Billy Elliot es el papel soñado para cualquier actor joven y pudiste experimentarlo con solo nueve años, convirtiéndote en la persona más joven en interpretarlo, en todo el mundo.
—Ese récord está por romperse. Berni [Banchero, uno de los niños que protagonizará el musical en la Argentina] tiene nueve años y creo que cumple más tarde que yo.
—¿Cómo fue debutar en el West End con nueve años?
—La verdad, pasaba la mitad del día preguntándome qué iba a cenar esa noche. No es broma. Creo que esa es la belleza de elegir niños tan jóvenes, porque pueden actuar, pueden ser reales, pero también son niños de verdad. Sentí presión y estaba nervioso antes del estreno, pero éramos solo niños que se divertían.
—¿Y en ese momento te percataste de que tenías el mismo nombre que el personaje? ¿Pensaste que tal vez era el destino?
—¡La gente me llama Billy en lugar de Elliott! A veces eso me molestaba, pero después encajó. Y cuanto más miras atrás, más te das cuenta de que pudo haber sido el destino. ¿Quién sabe?

—¿Hubo alguna situación sobre el escenario o en el backstage que te marcó?
—[Piensa un largo rato] Después del debut estaba en la cima del mundo y me volví bastante arrogante, porque ya era Billy. En el teatro, la segunda noche suele ser la peor de todas. Antes de salir a escena estaba jugando y haciendo chistes y, cuando me paré en el escenario, me olvidé de mis líneas. Lo arruiné todo. Salimos y una persona, que no voy a decir el nombre, me abrazó, me miró a los ojos y me dijo: “Esto es real. Ahora sos Billy Elliot. Tenés que dar ejemplo. Sé que sos un niño, pero tenés un trabajo que hacer”. Y en ese momento volví a la realidad. Nunca voy a dejar de agradecérselo. Me demostró respeto y me recordó que ya era parte de la familia y que no debía perder de vista eso, porque era lo peor que podía pasarme.
El impacto del rol
—Billy Elliot demostró que el ballet, y la danza en general, no son solo para niñas. El propio Elton John decidió llevarlo al teatro y fue uno de los primeros musicales en ser filmados profesionalmente, con vos como protagonista. ¿Fuiste consciente del impacto del rol en ese momento?
—No, y los directores lo hicieron intencionalmente para que no perdiéramos la cabeza y estuviéramos sobreestimulados, lo cual me pareció genial. Para nosotros era solo un show más que ya habíamos hecho cien veces. Pero 10 años después la gente todavía me escribe y me dice que soy su inspiración. Me hubiera gustado haberlo entendido cuando era más joven. Cuando dejé el musical, lo último que quería era hablar de eso porque fue lo único que viví por tres o cuatro años. En los momentos más difíciles de mi vida volví a Billy Elliot y me tomé el tiempo para entender lo que significaba para la gente. A los 14 o 15 años no respondía los mensajes que me enviaban porque no quería seguir involucrado, no porque lo odiara, sino porque quería una nueva parte en mi vida. Ahora lo abrazo y no podría estar más orgulloso del show.
—Billy es un niño que rompe estereotipos, se revela contra las imposiciones familiares y lucha por su sueño de ser bailarín de ballet. ¿Tuviste que lidiar con eso también?
—Sí, absolutamente, pero lo llevé al escenario de forma positiva. Tenía un buen grupo de amigos en Liverpool, pero por cosas de la edad y la distancia perdí contacto con ellos. No podía explicarles completamente lo que hacía y ellos no podían entenderlo; no fue culpa de nadie. Pero hice amigos increíbles en Londres. Después, cuando dejé el show, sabía que iba a volver a la vida que me daba problemas a tiempo completo. Se sentía anormal volver a la escuela normal. En mi primer día de secundaria descubrieron que hacía ballet y empezaron a hacerme bullying. Fue difícil para mí, pero aún más para mis padres. Querían que volviera a casa, pero a veces me negaba porque no quería experimentar esa vida. Fue duro, pero tenía un sólido sistema de apoyo para ayudarme en esa transición. No sé qué hubiese sido de mí sin ellos.
—Cuando bajó el telón, regresaste a Liverpool. Una vez ahí, ¿continuaste formándote o tomaste distancia de las artes?
—Dejé el show en marzo de 2015 y me fui de vacaciones con mi familia a Las Vegas. Comí mucho y no hice nada [risas]. Pero después me llamaron para volver porque había unos niños lesionados. Por un lado, no podía negarme, pero por el otro me preguntaba si todavía podía hacerlo. Después de eso le pedí a mi mamá alejarme de las artes. Acordamos seis meses de ser “un niño normal”, pero volví porque lo extrañaba y porque, aunque todavía soñaba con ser futbolista, me di cuenta de que era terrible con la pelota. Retomé el entrenamiento con Nazene Danielle, una de las mejores profesoras del Reino Unido. Ella me ayudó a ser un bailarín más completo. Por cinco años me dediqué a tomar clases y participar de competencias de baile.
“Me rendí cuando no debía”
—¿Volviste a presentarte en audiciones después del musical?
—Firmé con una agencia de cine y televisión, pero a los 13 años me creció el bigote. Me presentaba para papeles de niños de nueve años, pero me rechazaban por mi apariencia y la verdad es que no quería cambiarla. Desarrollé una mala relación con las audiciones. Eso es la industria. Admito que la amo, pero también hizo que mi confianza se debilitara. Me rendí cuando no debía hacerlo y lo asumo. Entre los 14 y 20 años fue un ida y vuelta constante, pero entre los 21 y los 22 aprendí a procesar todo. Se volvió mi combustible para lo que quiero hacer ahora.
—¿Se puede saber de qué se trata?
—Mi viaje fue distinto al de Billy, pero él siempre influyó en mis decisiones. A veces pienso: “¿Qué haría Billy?”. Él simplemente se lanzó y eso es lo que estoy haciendo ahora. Estoy tratando de construir algo que beneficie a los niños del mañana, a nivel global. Quiero cerrar la brecha entre el entretenimiento y la conciencia global, a través de empresas que puedan hacerlo. Contamos historias a través de las artes y, a veces, me gustaría que pudiéramos hacer más con ellas. Y creo que descubrí una forma de lograrlo. Esa es una de las razones por las que estoy en Buenos Aires, para establecer relaciones y hacer realidad este sueño, pero no solo en el Reino Unido, sino a nivel global. Es lo único que voy a decir porque todavía es un secreto, pero quiero usar las artes para ayudar.
—Transformaste tu propio arte y le diste un nuevo propósito. ¿Esto te inspiró a escribir tu propio libro?
—No necesariamente. Mi coautora Lorraine Durbinya escribía una novela sobre un niño como yo, y recién un año después de trabajar en conjunto, me propuso escribir mis memorias. Mucha gente sueña con hacer lo que yo logré a los nueve años. Aunque siempre le voy a estar agradecido al musical, también me generó mucha confusión. Por fin, después de 10 años, siento que descubrí qué quiero hacer y eso me genera mucha felicidad. Sin Billy Elliot nada de esto estaría pasando.
La visita a la Argentina y la mentoría de jóvenes artistas
Hanna llegó a la Argentina para trabajar con los niños elegidos en una multitudinaria audición para protagonizar la primera versión argentina de Billy Elliot, el musical. La producción está a cargo de Omar y Diego Romay, con dirección general de Rubén Szuchmacher, coreografía de Gustavo Wons y dirección musical de Gaby Goldman. El elenco adulto incluye a Graciela Pal, Osvaldo Laport, Sacha Bercovich, Alfredo Castellani, Alejandra Perlusky, Deborah Turza e Iñaki Agustín. El estreno será el 27 de mayo en el Teatro Ópera ON [Avenida Corrientes 860] y las entradas ya están a la venta a través de Ticketek. Además de coachearlos, el miércoles pasado el intérprete británico participó de un pocket show en el teatro junto al elenco y el domingo 15 de marzo dictó un seminario de tap y jazz junto a Gustavo Wons y tiene previsto regresar a la Argentina para el estreno.
—¿Pudiste conocer a los cinco Billy Elliot argentinos?
—Tienen 10 veces el talento que tenía yo a esa edad. Y creo que si alguien está calificado para decirles que son talentosos, soy yo, porque estuve en su lugar a esa edad, preguntándome si era lo suficientemente talentoso. Y siendo honesto, están a un nivel mucho mayor que el mío a los nueve años.

—¿Qué consejo les darías?
—Que respeten el rol, que lo disfruten y que acepten los elogios. Que entiendan que son parte de una familia y de la próxima generación que inspirará a otros niños. Yo no sabía lo que eso significaba cuando era chico, pero ahora sí, y por eso estoy acá, para recordarles lo talentosos que son, lo afortunados que son y cuánto los respeto por el trabajo que tienen que hacer. Nunca pensé que estaría acá haciendo algo como esto. Si puedo tener el más mínimo impacto en alguien, eso ya significa todo para mí.
—Cuando tenías nueve años, antes de tu debut en el West End, dijiste que interpretar a Billy Elliot era “emocionante, energético e hiperactivo”. Hoy a los 22, ¿cómo describirías la experiencia?
—Impactante, inspiradora y real.
—Billy Elliot respondía esta pregunta todas las noches, pero ahora le toca a Elliott Hanna, ¿qué se siente cuando bailás?
—“I can’t really explain it (Realmente no puedo explicarlo) / I haven’t had the words (No tengo palabras)”... [Cita los primeros versos de “Electricity”, la canción más importante del musical]. Se siente libre. Siempre me mantuve fiel a mi interpretación de la danza. Bailo como me siento. Lo que siento en el momento en el que creo una rutina va a dictar la canción que elija y el siguiente paso y entonces, cada vez que la baile, voy a revivir esos momentos. Creo que eso es lo más asombroso del arte en general. Así es como me siento, libre.
Otras noticias de Entrevistas
"Me costó volver a la tele". Su historia de amor con un productor teatral, sus comienzos en TV, su enojo con Tinelli y la decisión de dejarse las canas
"Lo hacemos realidad". El joven tenor argentino que cantó para el Papa Francisco, hizo un dúo con Maradona y ahora triunfa en la televisión española
"Se vaciaba la pista". Cattaneo: sus shows en Buenos Aires, la frase histórica de Pappo sobre los DJ y la pasión que lo salvó por “cabeza dura”
1MasterChef Celebrity: en medio de la tensión por la semifinal, Maxi López reveló “lo único que Wanda siempre preparó bien”
2Andrea del Boca sorprendió en Gran Hermano al hablar de su pasado con Luis Miguel: “Muy especial para mí”
- 3
Maxi López: su paso por MasterChef, la reconciliación con Wanda, su regreso al país con su familia y los nuevos proyectos
4MasterChef Celebrity: las lágrimas de Wanda Nara en la noche en la que quedaron definidos los dos finalistas



