Moldavsky reperfilado: un buen retrato cómico del país y su gente
Actuación y dirección: Roberto Moldavsky / Libro: Roberto Moldavsky, Julio Feld, Gerardo Lipzyc, Mariana Jusid y Eial Moldavsky / Músicos: Chelo K, Lucas Ramírez, Matías Scheines, Martín Rur y Paloma Schachmann / Teatro: Mar del Plata / Duración: 105 minutos / Nuestra opinión: buena
MAR DEL PLATA.- El nuevo show de Roberto Moldavsky es más de lo mismo, pero igualmente efectivo. Si un espectador vio los tres anteriores (Moldavsky suelto en El Apolo, Moldavsky sigue suelto y El candidato) se va a encontrar con un producto similar, pero no por ello se irá desencantado. Lo de "El humorista del Once" –como fue bautizado alguna vez, cuando pasó a las huestes populares– sigue siendo garantía de sonrisas, risas y carcajadas. "Lo mío es humor judío, goy inclusive", asegura, y es cierto, nadie queda afuera con sus chistes y relatos, incluso los niños, porque cultiva un humor blanco.
El título del nuevo show alude al término político que arribó a nuestras pampas el año pasado para adjetivar el cambio zigzagueante de nuestros líderes y sus entornos. De manera muy inteligente, Moldavsky recoge el guante y pasa revista de las frases más altisonantes de Mauricio Macri, Patricia Bullrich y Nicolás Dujovne, entre los salientes. También reparte palitos a los radicales y al actual presidente. "El país está estallado y él da clases", en referencia a cuando (recién ungido por el voto popular) Alberto Fernández fue a tomar examen a sus alumnos de Derecho.
De todos modos, lo más rendidor en este nuevo opus de Moldavsky es el segmento dedicado a la vida cotidiana de los argentinos (los errores más significativos de las parejas de hoy en día, los dimes y diretes del uso del bidet, las colonias infantiles, las visitas al proctólogo, las tribulaciones de ser gordo, el fenómeno inmigratorio de venezolanos y colombianos). Y toda la apertura, donde él no aparece en escena, pero dialoga con el público –telón de por medio– sobre las camisas de los caballeros y las blusas de las damas. Es realmente desopilante el recorrido por las palmeras, las selvas y los animal print que campean la sala noche a noche. Y es entonces cuando –sin la obligación de ceñirse a un libreto– puede desarrollar su notorio repentismo, quizá su mayor virtud.
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