“Dilema spoilers”: no siempre resulta odioso que nos anticipen la trama

Argentina, tierra de amor y venganza: una ficción nacional en tiempos donde el "spoileo" está a la orden del día
Argentina, tierra de amor y venganza: una ficción nacional en tiempos donde el "spoileo" está a la orden del día Crédito: El Trece
Uriel Bederman
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2 de abril de 2019  • 00:01

Los diccionarios tienen postura tomada frente al "dilema spoilers". Lo equiparan con un "destripe", vejación que arremete contra una trama de ficción (una película, una serie, un libro), pero que a su vez grafica el padecer de quienes involuntariamente se anotician del final de una historia, o de un giro clave, y que hubiesen preferido paladear por cuenta propia. Ahora bien, ¿el spoileo anula el goce que provoca una historia, sin matices? ¿Todos los encantos de una narración se condensan en una revelación breve del estilo "Bruce Willis está muerto durante toda la película"?

A priori, el rechazo parece universal. ¡Los spoilers son odiosos y en toda la faz de la tierra no hay un solo espectador inmune a ellos! Por lo demás, no prescribirían: son realmente desgarradores, aun cuando destapan enigmas de una serie estrenada en 1990. Un hecho ocurrido a fines del año pasado confirmó estas posturas, en grado extremo. En un desolado paraje antártico, el investigador Sergei Savitsky apuñaló en el corazón a su colega Oleg Beloguzov. ¿Cuál fue el móvil? Este hombre de 55 años se hartó de que su compañero le contara el final de los libros que leían en Bellingshausen, el observatorio ruso en donde trabajaban al sur del mapa, hasta que uno fue a parar al hospital en Chile y el otro a una prisión en San Petersburgo.

¿Por qué son tan urticantes estas indiscreciones? "El espectador es siempre un niño que busca la sorpresa. Cuando dice ‘no pasa nada en la historia’, se aburre. Los spoilers son hoy lo que antes eran las vecinas chismosas que contaban cómo seguía el folletín o el final de una película", dice en diálogo con LA NACION el guionista Jorge Maestro. De todas formas, "no creo que sea una cuestión de tener en cuenta el comportamiento de cada audiencia, de anticiparse o no hacerlo. Mi papá era mago: el público de los ilusionistas sabe que al final aparecerá la paloma, pero lo más lindo es ver cómo lo hace, cómo es atrapado por el truco", señala.

El marginal 2
El marginal 2 Crédito: Underground

Sumándose a las filas anti-spoiler, el autor Leandro Calderone reconoce que como espectador "evita los spoilers como la peste". El guionista que en los 90 participó en el equipo autoral de Gasoleros y que ahora escribe Argentina, tierra de amor y venganza, que estrenó Eltrece con la dupla Eugenia "China" Suárez - Benjamín Vicuña con producción de Pol-ka, advierte que toda ficción se funda en torno a si el protagonista logrará o no su objetivo y que el spoiler derrumba por completo esa construcción. "De hecho, el término significa ‘estropear’, ‘arruinar’. En mi caso, me doy cuenta de que una serie o película no me interesa cuando no me molesta que me cuenten el final", dice.

A la hora de hacer su trabajo, Calderone también se para en la vereda opuesta del spoileo. "Hay una situación clásica: escribís el final de un capítulo en el que dejás a un personaje al borde de la muerte y en la promo del siguiente episodio lo muestran comiendo ravioles en la mesa familiar. Si yo tuviera el poder de decisión, evitaría todo tipo de spoilers en los avances", dice, y opina que los anticipos deberían ayudar a construir la intriga, no a estropearla. "Prefiero un avance mentiroso a un spoiler. En programas en que trabajamos fuertemente con la intriga, logramos que no trascendiera nada y eso le da un plus invaluable a la experiencia de ver una ficción", agregó.

La productora Underground tiene en el lomo series como El marginal y Un gallo para Esculapio, que llegaron a las pantallas en la era del streaming . Pablo Culell, uno de sus directores, coincide con Calderone aunque cubre la grieta con algunas salvedades. "No es lo mismo pensar en maratones que en las clásicas tiras diarias. En algún punto uno se tiene que relajar, sucederá lo que suceda –sostiene–. Hay un público que no quiere que le spoileen y trata de no leer nada al respecto, y hay otro que es más ansioso y no le importa. Las maneras son muchas, pero en todos los casos prima el hecho de dar con cuentagotas".

Un gallo para Esculapio 2

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El hombre que trabaja codo a codo con Sebastián Ortega reconoce cierta hostilidad frente al spoiler. "Prefiero enterarme solito", dice. Aunque se aparta de posturas rígidas al advertir que no dejaría de ver un programa o una película si algún boca floja le contara más de lo debido porque, según comenta, disfruta el camino del personaje y los desarrollos. Eso sí: su flexibilidad se contrae cuando se levanta del sofá de espectador y se sienta en la silla de director creativo. "A pesar de que el marketing es muy importante, hay que ser prudente respecto de cómo se va a desencadenar una historia". Con esa premisa piden, por ejemplo, que los actores dejen sus celulares antes de ingresar al set de grabación. "Permitimos algunas filtraciones con fines promocionales, pero nunca deschavando los finales ni situaciones prominentes, porque justamente en el misterio reside el deseo del espectador", apunta.

Lo cierto es que un estudio de filmación libre de smartphones es un juego de niños al lado de algunas estrategias que emprenden diferentes productoras en el mundo para gambetear filtraciones y spoileos. Una ofensiva que a veces no es suficiente y que los espectadores (los que prefieren apartarse de indiscreciones) pueden combatir con sus propias armas, un tanto más sofisticadas que taparse los oídos al grito de "¡por favor, no me cuentes!".

Estrategias antispoiler

El caso Game of Thrones divide a la audiencia. En las vísperas de la temporada final de la serie (estrena el 14), algunos espectadores hurgan en los confines de internet para obtener información anticipada. Otros hacen el gesto de esos monitos que se tapan los ojos y los oídos. Entre filtraciones y rumores, muchos provenientes de los propios actores, se supo que en la octava temporada la productora había decidido reforzar las medidas de seguridad para callar a las voces indiscretas.

Peter Lanzani en Un gallo para Esculapio
Peter Lanzani en Un gallo para Esculapio Crédito: Underground

"No nos daban nada en formato físico, lo teníamos en una aplicación. Enviaban nuestra parte de la escena para rodar al día siguiente, así que teníamos que aprenderlo todo en pocas horas", contó la actriz británica Sophie Turner, que en la serie interpreta a Sansa Stark. Y más: el guión desaparecía de la app a las 24 horas. Incluso trascendió que se filmaron varios finales para asegurarse de que si circulasen spoilers, no todos fueran ciertos. "Hay muchos finales distintos que pueden suceder. Creo que estamos haciendo todos y no nos están diciendo cuál es el que realmente tendrá la serie", reveló Emilia Clarke, otra integrante del reparto. En declaraciones a The Hollywood Reporter notó lo evidente: "Creo que desconfían de nosotros", dijo. Pero los creadores de Game of Thrones dudan de cualquiera que se les cruce en el camino. Las reseñas cuentan que en la quinta temporada pagaron a comerciantes de un distrito en el que rodaron para que bajaran las persianas de sus negocios durante las cuatro jornadas que duró la filmación.

Lo cierto es que en la historia de la industria hay varios casos similares. Por ejemplo, George Lucas solía engañar a los actores de Star Wars entregándoles líneas falsas. En este "combate" hay arremetidas sorprendentes. Desde maniobras poco sofisticadas como entregar libretos impresos en hojas rojas (que dificulta el fotocopiado), la inclusión de nombres en clave en los guiones o libros con una cantidad determinada de palabras, diferente en cada caso, para identificar al filtrador en caso de que el texto sea divulgado antes de la cuenta. Y también estrategias que se adecuan a los avances tecnológicos, por ejemplo, el uso de equipos que detectan drones en las cercanías al set y los inutilizan, o los antes mencionados guiones en formato digital que se autodestruyen, como en las películas de espías.

Naturalmente, el desafío de proteger la trama no culmina la ultimísima instancia del rodaje, y se estira hasta el día en que la historia llega por primera vez a una pantalla… oficialmente, claro. Más allá de posibles ataques informáticos (Sony y HBO fueron algunas víctimas de renombre), ¿cómo resguardar el secreto considerando que las copias deben enviarse a traductores, distribuidores y otros integrantes de la cadena audiovisual? Eso sí: después del estreno, productores y guionistas respiran tranquilos. Pero ¿qué ocurre con los espectadores que, incluso interesados, postergan el consumo del contenido y procuran eludir los spoilers?

En diversas plataformas hay herramientas de cierta eficacia para gambetearlos. Hay extensiones para distintos navegadores web (como "Unspoiler" y "Spoiler Alert"), y también funciones en plataformas como Twitter y Facebook que silencian todo el contenido relacionado con series o películas que interesan al usuario. Hay que tener en cuenta que los "alérgicos" a las revelaciones que usen estas soluciones estarán al margen de toda información relacionada a esos contenidos. Todo sea por evitar el spoiler.

A fin de cuentas, son las mejores historias las que conservan su atractivo más allá de cualquier indiscreción. "Cuando el fútbol no se transmitía en directo un amigo mío no quería saber cuál había sido el resultado. Esperaba a la noche para ver el partido grabado y vibrar como si se estuviera jugando. Y mataba si le contabas cómo había salido su equipo", dice Jorge Maestro, y remata: "Así actúa el público atrapado por una historia: lo que hay que hacer es contarlas muy bien, pero eso es tema para otra nota".

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