Emoción, invitados sorpresa y un cierre de lujo: así fue el último programa de The Late Show, con Stephen Colbert
Después de más de 10 años al frente del célebre ciclo televisivo y en franco enfrentamiento con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, el humorista se despidió de su audiencia en un show coronado por la presencia de Paul McCartney
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“Quiero que sepan que ha sido un placer para nosotros hacer este programa para ustedes. De hecho, lo llamamos La Máquina de la Alegría, porque para hacer tantos programas tiene que ser una máquina, pero la verdad es que, si uno elige hacerlo con alegría, no duele tanto cuando los dedos se quedan atrapados en los engranajes”, dijo un emocionado Stephen Colbert en el inicio de The Late Show, el programa que, luego de más de 10 años de tenerlo como anfitrión, llegó a su fin este jueves.
“En la primera noche de The Colbert Report [el programa que conducía antes de iniciarse como anfitrión de The Late Show] dije: ‘Cualquiera puede leerles las noticias. Les prometo que las sentiré con ustedes’. Y me di cuenta muy pronto que nuestro trabajo aquí era diferente. Estábamos aquí para sentir las noticias con ustedes, y no sé ustedes, pero yo sí que las he sentido. Solo quiero que todos ustedes sepan, aquí dentro y allá fuera, lo importantes que han sido para lo que hemos hecho. La energía que nos han dado, la necesitamos sinceramente para haber hecho el mejor programa posible para ustedes durante los últimos 11 años”, siguió.
El monólogo inicial de Colbert estuvo precedido de un clip en el que distintos presentadores de la televisión estadounidense -de Ed Sullivan a Seth Meyers, Jimmy Kimmel, Chelsea Handler o Jimmy Fallon- introducían la emisión final de su programa, un clásico de los late night shows que fue cancelado por CBS aduciendo “razones presupuestarias”.
Sin embargo, muchos hicieron una lectura completamente distinta acerca de la decisión del gigante televisivo: el anuncio de la baja del programa se produjo tras una declaración de Colbert en la que calificó de “gran soborno” al pago de 16 millones de dólares que Paramount, propietaria de CBS, acordó con Donald Trump para evitar un proceso judicial.
Los últimos invitados
Durante el monólogo de Colbert, hubo varias apariciones especiales de famosos, entre ellos Bryan Cranston, Paul Rudd, Tim Meadows, Tig Notaro y Ryan Reynolds, quienes se encontraban entre el público e interactuaron con el anfitrión.
Antes de presentar a su último invitado, Colbert hizo referencia al rumor (o deseo) de que el Papa León XIV sería su último entrevistado. “Mi invitado de esta noche no solo es perfecto, sino que es infalible. No es el Papa, sino alguien de una banda ‘más popular que Jesús’. Reciban con un fuerte aplauso directamente desde el Vaticano…”, comenzó diciendo, parafraseando a John Lennon. El último invitado fue, tal como se venía especulando, Paul McCartney.
“Estaba por aquí, haciendo algunos recados”, bromeó McCartney antes de que Colbert le entregara una foto enmarcada de The Beatles tocando en el Teatro Ed Sullivan, el mismo en el que estaban en ese momento grabando el final del programa, en 1964. De hecho fue ese escenario el primer lugar en el que se presentó la mítica banda inglesa en suelo estadounidense.
this was so sweet. Stephen Colbert just ended his final episode of The Late Show while singing "Hello, Goodbye" with Paul McCartney. his family and the show's crew then joined them on stage before Paul turned off the lights to the Ed Sullivan Theater pic.twitter.com/BlgekWThFN
— Spencer Althouse (@SpencerAlthouse) May 22, 2026
Luego del exbeatle, llegaron otros famosos con los que el conductor protagonizó algunos gags. Sin embargo, la presencia de aquellas celebridades no tenía otra intención que la de agradecerle y desearle buena suerte luego de este anunciado final. Neil DeGrasse Tyson, Andy Cohen y tres grandes amigos y colegas de Colbert fueron los encargados de aquella incómoda función: Seth Meyers, John Oliver, Jimmy Kimmel y Jimmy Fallon.
“Vinimos a decirte que te vamos a extrañar. La programación nocturna no será lo mismo sin vos”, dijo Oliver. “Sin vos, ¿a dónde recurrirán los estadounidenses para ver a un hombre blanco de mediana edad haciendo bromas sobre las noticias?”, agregó Meyers.
El final llegó con números musicales. El primero de ellos estuvo a cargo de Elvis Costello, que interpretó la canción “Jump Up“ acompañado en las voces por Colbert. Y, minutos después, fue McCartney quien copó la escena para cantar, como no podía ser de otra manera, un clásico Beatle: “Hello, Goodbye”.
Durante el último tramo de la canción, allegados del conductor y parte del equipo de producción subieron al escenario para cantar y bailar junto a ellos, en una suerte de emotiva despedida colectiva. McCartney fue quien se ocupó de apagar las luces del estudio, en el momento más significativo del envío.
Importantes medidas de seguridad
La despedida de The Late Show también estuvo marcada por un operativo de seguridad inusual alrededor del histórico Ed Sullivan Theater. Según reveló Deadline, la grabación del episodio final se realizó bajo un estricto hermetismo, alimentado además por la presencia de varias figuras invitadas que participaron de la emisión especial, cuya duración se extendió 17 minutos más de lo habitual.
A diferencia de cualquier otra noche de grabación, el acceso al estudio estuvo completamente blindado. En la entrada al escenario se instaló una gran estructura negra con gruesas cortinas que impedían ver quiénes ingresaban o salían del lugar. Los guardias rodeaban cada automóvil mientras las celebridades descendían, evitando cualquier contacto visual con el público y la prensa reunidos en las inmediaciones del teatro.
El levantamiento “sospechoso” de un programa con historia
Cuando CBS decidió ponerle fin a The Late Show, la sensación no fue únicamente la del cierre de un programa exitoso sino la de una mutación más profunda dentro de la cultura estadounidense. Después de más de 20 años al frente de ciclos nocturnos -primero en el cable y luego en la televisión abierta-, Stephen Colbert quedó asociado a una época en la que la sátira política dejó de ser un accesorio del entretenimiento para convertirse en una de las formas más influyentes de comentar la realidad. Y también en una de las más incómodas para el poder.
La cancelación del programa llegó en un contexto en el que la televisión nocturna tradicional ya llevaba años perdiendo centralidad. Los ratings habían caído, las audiencias estaban fragmentadas y el viejo concepto de “monocultura” televisiva hacía tiempo que se había evaporado entre plataformas, redes sociales y servicios de streaming. Sin embargo, The Late Show seguía siendo una anomalía dentro de ese paisaje: continuaba liderando su franja horaria y mantenía una relevancia cultural que pocos programas conservaban. Por eso, aunque CBS insistió en presentar el final como una decisión financiera, el cierre inevitablemente despertó sospechas políticas.
La historia de Colbert como figura televisiva había comenzado mucho antes de desembarcar en CBS. En 2005 debutó con The Colbert Report, el programa que lo convirtió en una estrella y que definió una nueva forma de sátira política. Allí interpretaba a una versión deformada de sí mismo: un comentarista conservador exagerado, arrogante y deliberadamente ignorante, construido como espejo distorsionado de las figuras dominantes de la televisión por cable de la era Bush. Su personaje gritaba opiniones absurdas con total convicción y defendía la idea de la “truthiness”, un concepto que definía aquellas cosas que “se sienten verdaderas” aunque no lo sean.
El mérito de The Colbert Report era que no se limitaba a burlarse de un gobierno puntual. El programa apuntaba contra el funcionamiento completo de la maquinaria mediática y política: la fabricación de indignaciones artificiales, la necesidad permanente de defender lo indefendible y el modo en que ciertos discursos reemplazaban los hechos por emociones y consignas.
Un reemplazo exitoso
Cuando en 2014 CBS anunció que Colbert reemplazaría a David Letterman al frente de The Late Show, la noticia fue interpretada como el ingreso definitivo de un producto nacido en la escena alternativa al corazón del mainstream televisivo. El conductor dejaba atrás el cable para convertirse en heredero de uno de los sillones más importantes de la televisión estadounidense. Pero el contexto político alteró por completo los planes originales.

Mientras Colbert preparaba su desembarco en la señal abierta, Donald Trump bajó por la famosa escalera mecánica de la Trump Tower para anunciar su candidatura presidencial. Ese episodio modificó no solo la política norteamericana sino también el destino del propio programa. Durante años, Colbert describió esa etapa como “la década de Donald Trump arrastrándose hacia nuestros cerebros”, una frase que resumía hasta qué punto el magnate se había convertido en el centro gravitacional de la conversación pública.
En sus primeros meses al frente de The Late Show, el conductor intentó evitar que el ciclo se transformara exclusivamente en un programa político. Quería mostrarse más relajado, ampliar su registro y alejarse del comentario partidario que había marcado su trabajo previo. Pero la irrupción de Trump volvió imposible cualquier intento de neutralidad. La política estadounidense se había transformado en espectáculo y el espectáculo en política.

A diferencia de otros conductores nocturnos, Colbert decidió enfrentar directamente al entonces presidente. Mientras Jimmy Fallon apostaba por una relación más amable y liviana con Trump, el humor de Colbert incorporó una mirada moral mucho más explícita. Sus monólogos dejaron de ser simples observaciones irónicas para convertirse en editoriales cargadas de indignación, sarcasmo y crítica frontal. El público respondió de inmediato: The Late Show pasó a liderar cómodamente los ratings y desplazó al histórico Tonight Show.
Ese fenómeno terminó de destruir una vieja idea de la televisión estadounidense: la noción de que un conductor debía evitar definiciones políticas para no perder audiencia.
El blanco favorito del jefe de Estado estadounidense
Con el paso de los años, la relación entre Colbert y Trump se volvió cada vez más personal. El conductor se convirtió en uno de los blancos favoritos del expresidente, que celebró públicamente la cancelación del programa desde su red social Truth Social. Y, paradójicamente, el regreso de Trump a la presidencia le devolvió al ciclo parte de la energía combativa que había caracterizado los mejores años de The Colbert Report.

Las últimas semanas del programa estuvieron atravesadas por nuevos enfrentamientos entre ambos. Colbert ironizó sobre las publicaciones realizadas por Trump, incluidas imágenes creadas con inteligencia artificial que mostraban al presidente estadounidense como una figura mesiánica.
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