Pablo Lago, un autor que siempre hizo las preguntas correctas sobre el estado de la ficción en la Argentina
A su meritorio trabajo como autor en Lalola, Trátame bien y La leona sumó una permanente disposición al debate
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“La ficción en la Argentina es pobre porque se ningunea al autor. Por eso el espectador migró hacia el cable y el streaming”. Además de sus enormes cualidades profesionales y personales, Pablo Lago tuvo la rara virtud de anticipar hace 10 años con admirable lucidez la encrucijada a la que se enfrenta hoy la creación audiovisual en nuestro medio.
Como se viene informando, Lago falleció de un infarto apenas iniciado el nuevo año en Mar del Plata. Tenía 56 años. Fue la peor noticia que el universo televisivo (y en menor medida el cinematográfico) pudo recibir en el comienzo de 2026, un momento del año consagrado a compartir propósitos y buenos deseos y no a lamentar pérdidas irreversibles.
Como autor de algunas de las series y unitarios más destacados de las últimas dos décadas, Lago se convirtió en uno de los nombres fundamentales de la ficción televisiva de producción local. Se encargó de hacer, en el sentido más amplio de la palabra, el mejor diagnóstico posible del escenario en el que se desenvolvió su tarea.

Defendió siempre con admirable altura y convencimiento esos argumentos, consciente al mismo tiempo de que no resultarían gratos para todo el mundo. “Debo lidiar con un presupuesto acotado y el poco tiempo que nos suelen dar los productores para armar un relato sólido y crear los personajes. El guion es lo primero que hay que cuidar”, le dijo a LA NACION en 2015.
Esas palabras tenían un doble significado. Por un lado, aludían al desafío de escribir ficciones en un cuadro de limitaciones y condicionamientos que obligaban al autor a extremar su creatividad. Por el otro, dejaban al desnudo el lugar secundario (y hasta marginal) que el propio ordenamiento de nuestra industria audiovisual le asignaba al autor. Aquello que Lago reclamaba cuidar era lo primero en desvalorizarse o inclusive descartarse frente a otras instancias a menudo sobredimensionadas.
“El guion es la base de todo –dijo en una oportunidad-. Cuanto mejor sea, mejor será el producto en su totalidad. Un guion bueno te asegura una obra digna. Un guion mediocre condena a todos”. Apoyado en estas convicciones, Lago propuso espacios de debate que pocas veces encontraron el eco que la propia industria necesitaba.
Comprometido en esa tarea intentó, con más compromiso y entusiasmo que la mayoría de sus colegas, establecer un intercambio permanente de miradas con otros protagonistas del medio que siempre tuvo en cuenta a la crítica especializada. De haber encontrado esas intenciones un ámbito mínimamente razonable de exposición y discusión otra sería la actualidad del mundo audiovisual en la Argentina, dominada (para la decepción de quienes piensan como Lago) por la pereza creativa, la frase hecha y una autodestructiva pulsión por el escándalo.

De la inspiración de Lago surgieron éxitos que todavía el público identifica con la buena etapa creativa de nuestras ficciones televisivas: Locas de amor, Trátame bien, Lalola, La leona, Media falta, Hospital público. Productoras muy activas en ese tiempo como PolKa y Underground sacaron el máximo provecho de esos guiones que, sin distinguir entre comedia y drama, exploraban el impacto y las consecuencias en el terreno individual de ciertas temáticas sociales relacionadas con la crisis del empleo o la salud mental.
Solía escribir a cuatro manos con su compañera de vida y de oficio Susana Cardozo, con quien conformó una dupla de estilo y compromiso inconfundibles. “Hay momentos donde uno se sienta más en la máquina y otro piensa más desde afuera. Y otros en que nos sentamos los dos juntos en la computadora o charlamos sobre los personajes y el programa, sin escribir una sola letra, hasta que uno se sienta a escribir algunos personajes y el otro escribe al resto. La clave es la reatroalimentación. Tu primer lector es tu pareja creativa. La base es el respeto y el ansia de contar un buen cuento”, señaló Lago en 2017, en conversación con la revista digital Lembra.
En el cine, con menor frecuencia si la comparamos con la tele, Lago encontró un atípico espacio para desarrollar su trabajo, el de las historias concebidas para el público infantil y familiar. Películas animadas (Los Pintín al rescate; Teo, cazador intergaláctico) y con personajes de carne y hueso (High School Musical, el desafío) fueron muestras de un aporte que también incluyó un par de historias adultas (Desbordar, Gigantes de Valdés).
Lago ganó casi todos los reconocimientos que nuestro medio le concede a los autores de TV: el Martín Fierro y los premios Argentores, Fund TV y Clarín. También obtuvo una nominación al Oscar de la televisión mundial, el Emmy Internacional, por la comedia Familia en venta, que la cadena Fox produjo en Colombia diez años atrás, casi en el mismo momento en que se mostró como un verdadero visionario, anticipando todos los problemas a los que se enfrentaría la ficción en la Argentina justamente por no valorar la tarea del autor.
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