Quién quiere ser millonario: Adabel Guerrero contó cómo fue el reencuentro con su padre después de 11 años

Adabel Guerrero y su padre Eduardo.
Adabel Guerrero y su padre Eduardo.
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14 de agosto de 2019  • 00:24

Desde que nació su hija Lola, Adabel Guerrero se alejó del medio para dedicarse casi exclusivamente a ella, a la bebé, y también a recomponer la relación con su papá Eduardo, a quien no veía desde hacía 11 años.

Padre e hija participaron de Quién quiere ser millonario, y la modelo aprovechó para contar una historia de abandono que le llevó muchos años procesar. "Cuando todavía éramos muy chiquitos, mi papá se fue a Estados Unidos a conseguir plata para que nosotros viajáramos con él, pero en ese lapso con mi mamá se separaron. Mi infancia fue muy dura, muy difícil".

Desde entonces, Eduardo y Adabel comenzaron a verse esporádicamente, una situación que no cambió cuando a sus 17 años murió su mamá: "Siempre me sentí abandonada, ese fue mi trauma infantil. Cuando perdí a mi mamá me sentí sola, casi huérfana. Siempre fue un dolor decir, 'por qué está tan lejos'".

Adabel Guerrero y su papá en Quién quiere ser millonario - Fuente: Telefe

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El "milagro", como lo llamó Adabel entre lágrimas, ocurrió gracias a su hija: "Me emociona mucho tener a mi papá cerca, algo que creí que nunca iba a pasar. Pero yo quería que Lola tuviera a su abuelo". Después de 11 años, ya convertida en madre, decidió dejar el pasado de lado y se propuso volver a hablar con su padre, "Cuando quedé embarazada me pensé en contactar a mi papá, aunque después lo evadía. Pero un día me levanté muy triste, muy vacía, y mirando a Lola jugar dije 'me quiero contactar con mi papá'. Llamé a un teléfono que tenía, y me atendió Ana, su mujer actual. Y le pedí que le preguntara a mi papá si quería conocer a Lola. Y me contestó: '¿Cómo no va a querer? Es el último sueño que le queda para cumplir en su vida'".

Desde ese momento, Adabel y Eduardo no se separaron nunca más, y los 130 mil pesos que ganaron el martes serán para fortalecer aún más la relación, así lo contó él: "Quiero llevarlas a Houston, Texas, para que vean los lugares donde trabajé durante 30 años, y también donde vivimos con su mamá, antes de que ella naciera". Una historia de amor filial, de la que todavía faltan muchos capítulos por escribir.

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