Top Five: las mejores escenas de Tarantino

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Con el estreno de Django sin cadenas como excusa, repasamos algunas secuencias memorables del cine de Quentin; sumen sus favoritas
Milagros Amondaray
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1 de febrero de 2013  • 08:01

1. LA MUERTE DE BILL ( Kill Bill Vol. 2, 2004)

La venganza final de The Bride no solo es dilatada por Tarantino a lo largo de un primer volumen y a lo largo de gran parte del segundo sino que también se retrasa una vez que Beatrix llega a la casa de Bill. Todo lo que sucede luego vendría a funcionar como una síntesis de las múltiples caras de Tarantino: hay corazón (el conmovedor reencuentro entre madre e hija), hay un monólogo memorable a cargo de David Carradine sobre Superman ("Clark Kent es cómo Superman nos ve, Clark Kent es la crítica de Superman a la raza humana") y, claro, hay un enfrentamiento tan esperado, ese acto de justicia poética donde The Bride aplica un vital conocimiento heredado de su maestro Pai Mei (la técnica de hacer explotar un corazón en cinco pasos). Porque con esta escena, que además tiene una gran carga dramática por el pasado que unió a Beatrix con Bill, Tarantino demuestra que no todas las muertes de su cine tienen que estar signadas por la sangre (al menos no por su abuso). Este encuentro en particular, uno de los más íntimos de todo su cine, es la catarsis de la protagonista pero con un cierto componente agridulce, erradicado luego con el alivio final, acompañado por un perfecto uso de "Malagueña salerosa", canción de la banda Chingón de Robert Rodriguez.

2. "ROYALE WITH CHEESE" ( Tiempos violentos, 1994)

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Al igual que el mencionado monólogo de David Carradine en Kill Bill Vol. 2, una década antes Tarantino pondría en marcha uno de sus rasgos distintivos: que son las palabras (y no solo los actos, por más extraordinarios que éstos sean) las que definen a los personajes. Ya veremos cómo se clarifica esto también en Jackie Brown, pero ahora es el turno de Tiempos violentos. Jules Winnfield ( Samuel L. Jackson ) y Vincent Vega ( John Travolta en su famoso regreso al cine) viajan en auto a un determinado destino pero curiosamente no hablan sobre ese tema. Si bien para el espectador su trabajo es algo inusual, fuera de lo común y otros epítetos similares, para ellos es justamente eso: su trabajo. Por ende, lo abordan con tanta normalidad, que en ese trayecto previo deciden hacer lo que la gente "común" hace: discutir trivialidades. En esta oportunidad, Vincent se centra en las diferencias entre Europa y América en general y en un caso en particular: cómo le dicen al "Cuarto de libra con queso" en Francia: "Lo llaman Royale With Cheese". Esta frase se convertiría en una cita obligada de la filmografía de Quentin y uno de los tantos ejemplos de cómo los personajes, en medio de esos sucesos atípicos, disfrutan de las conversaciones más pintorescas y, en manos de su director, absolutamente brillantes.

3. HANS LANDA HACE UNA VISITA ( Bastardos sin gloria, 2009)

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En este caso, retomamos la importancia de los diálogos en las películas de Tarantino, pero unida a otro factor no menos relevante: la construcción de climas. Si en el último tramo de Kill Bill Vol. 2, como ya hemos visto, la dilatación de un hecho trascendente era notable y necesaria, en la secuencia de apertura de Bastardos sin gloria es aquello que la hace funcionar con tanta precisión. Sabemos que la visita de Hans Landa a la vivienda/granja de Perrier LaPadite no va a terminar bien para uno de los involucrados y, sin embargo, el director logra captar nuestra atención por más de quince minutos de pura conversación, algo que un año antes había hecho (con algunas variaciones) Steve McQueen en la inolvidable Hunger. Asimismo, otro aditamento que hace de esta escena un logro en sí mismo, casi autónomo en relación a la película en su totalidad, es la actuación de Christoph Waltz, morbosa, cínica y carismática al mismo tiempo. Esta no sería la única secuencia del film en prolongarse por varios minutos de conversación y con el foco puesto en la atmósfera enrarecida, como presagio de una o varias muertes; y, aún así, Tarantino las supo conjugar con otras más violentas, con otras más románticas, con otras más poéticas.

4. MR. BLONDE LE CORTA LA OREJA A MARVIN NASH ( Perros de la calle, 1992)

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Es imposible elegir una sola escena de Perros de la calle que se destaque del resto, pero elegí esta en particular por un motivo: es emblemática en relación a las numerosas obsesiones de Tarantino. Entre esas obsesiones, como es sabido, se encuentra la música. En varias oportunidades el realizador ha reconocido que, cuando las ideas no surgen con la rapidez que quisiera, acude a su colección de discos, pone una canción y se detiene a observar hacia dónde el ritmo de esa canción lo conduce. Así fue como se concibieron una gran cantidad de secuencias. La escena de tortura de Perros de la calle es un perfecto ejemplo de cómo la música se apodera de un personaje de Tarantino (Mr. Blonde, interpretado por Michael Madsen) en una situación, nuevamente, fuera de lo común. Porque antes del golpe de efecto, antes del corte de oreja y en medio de ese interrogatorio, el director funciona casi como un coreógrafo y lo distancia momentáneamente a Mr. Blonde de su tarea para meterlo en otro mundo: el de los Stealers Wheel y su hit "Stuck in the Middle with You", otra acertada inclusión musical producto de la rabiosa melomanía de Quentin.

5. JACKIE Y MAX ESCUCHAN A LOS DELFONICS ( Jackie Brown, 1997)

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En una oportunidad, Pam Grier se refirió a su protagónico en Jackie Brown y aludió a Tarantino de manera perfecta: "sus guiones tienen un ritmo, una musicalidad, solo comparables con la narrativa de F. Scott Fitzgerald". Más allá de las diferencias entre ambos, más allá de las distintas ramas en las que se destacaron/destacan, el paralelismo que establece Grier es bastante acertado. Los diálogos de Tarantino, como ya hemos comprobado, fluyen con una musicalidad que puede bien remitir a las características del jazz (porque El Gran Gatsby es una novela que exuda jazz continuamente). Esta secuencia de Jackie Brown muestra a la protagonista en una charla con Max Cherry (Robert Forster) y la atracción entre ambos lentamente deja de estar en un plano subyacente. De todas maneras, el eje de la secuencia es, nuevamente, la música; o, mejor dicho, el cómo hablar sobre música puede unir a dos personas. Como se unen Jackie y Max luego de que ella haga sonar a los Delfonics y Max no pueda, como tampoco nosotros, evitar sentirse cautivado por esa gran canción llamada "Didn’t I (Blow Your Mind This Time)". Será un cliché, pero realmente Jackie Brown es la película más subvalorada de Tarantino y su banda sonora, sin lugar a dudas, está entre lo mejor que compiló Quentin.

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