Virginia Lago: "La traición no la puedo soportar, pongo una cortina y se acabó"

«Creo que hay mucha gente que no tiene nada que hacer, que en vez de tirar buenas cosas tira malas cosas», opina Virginia
«Creo que hay mucha gente que no tiene nada que hacer, que en vez de tirar buenas cosas tira malas cosas», opina Virginia Crédito: Gerardo Viercovich
La actriz y directora que conduce Historias del corazón charló con Personajes.tv sobre cómo vivió las críticas que recibió, aseguró que aunque se la ve muy tranquila se enoja y que es capaz de poner un punto final a las personas que no se portan bien con ella
Dolores Moreno
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4 de septiembre de 2014  • 10:51

El teatro El Nacional está cerrado. Los guardias sólo dejan pasar a los protagonistas de Romeo y Julieta. Virginia Lago está parada en el escenario observando con atención. Tranquila, la directora se mueve entre los actores. La calma es su primera premisa, es así… tal como se la ve todas las tardes en Historias del corazón. Su tono se parece al de una madre o una maestra de primaria. No se altera con nada, ni cuando habla de quienes usaron las redes sociales para criticar justamente esa cualidad. Ella no se enoja nunca salvo cuando la traicionan. Baja del escenario en modo sereno, busca una silla entre la tribuna y antes de arrancar llama a su marido para que la espere para almorzar. Son las cuatro de la tarde y cada tanto el sonido de su voz será interrumpido por un crujido de su panza.

Vicki [así le dicen sus conocidos] hace mucho tiempo que se desempeña en la actuación. Empezó a los 15 años y toda su vida fue cerca de las tablas y la televisión. Desde hace un par de temporadas se encontró con un nuevo rol, el de presentadora de películas y desde entonces a su rutina se le sumó una más. "Estoy muy cómoda. Fue una propuesta de Tomás Yankelevich, rarísima. Me llamó y, como creo mucho en el destino, acepté. Nunca jamás pensé que iba a conducir un ciclo. Estuvo bueno, el destino me lo hizo, la vida me lo dio. Después me pareció que era interesante tener un ida y vuelta con la gente. Fue creciendo, me pareció lindo hablar de autores. Es un lugarcito pequeño donde sentirse útil, encender llamitas para la curiosidad", cuenta a Personajes.tv.

Vestida con un chaleco jovial, Virginia no tiene problema en dejar que se le noten los años. "Yo soy coqueta, soy una mujer que le encanta estar linda, pero respetando la edad. No uso bótox. No me parece mal que haya personalidades que quieran ser lindas y gustar. Pero hay veces que ves a alguien de 60 con minifalda y es como extraño", opina. A lo largo de la entrevista se muestra apacible, nada le modifica su expresión, pero sin dar nombres va a reconocer que hubo una persona en su carrera a la que nunca le volvió a hablar.

-¿Tenés vocación de maestra?

-Soy docente de mi tarea. Me gusta trasmitir lo que sé, como yo tuve otros que me trasmitieron y aprendí. Busqué ejemplos de vida desde mis padres hasta el día de hoy. Me gusta trasmitir que seamos buena gente, que seamos respetuosos, que no ladremos y tengamos buen modo. Eso en un mundo donde a veces el atropello está a la orden del día es mucho. Uno aprende del otro y aunque le parezca que no está bien, lo escucha un poco y modifica, sino lo otro es fachismo, se aprende de la pluralidad.

-¿Pensás que lo que hacés en Historias del corazón tiene algo de eso?

-Me parece... no me creo nada. Yo soy una buena persona. Creo que tengo una ética, trato de cumplirla y no ser mentirosa, y no decir una cosa por otra dentro de los 800.000 defectos que tengo. Me parece que desde ese lugar se pueden trasmitir cosas aprendidas. No sé escribir, no soy una persona dotada para eso, pero sí tomo de otros autores para poder contar.

-¿Te enteraste lo que se dijo en las redes sociales sobre el ciclo? ¿Tenés twitter?

-No uso las redes sociales. No las veo. Uso la computadora nada más que para mandar mails y a veces cuando quiero enterarme de algo que me interesa, quién fue este, voy al Google y me explica todo. Es como un diccionario, igual tengo uno siempre al ladito porque hay palabras que no entiendo qué quieren decir y las busco. Las usan más los jóvenes. A veces se equivocan los del Google que te dicen cosas que no están bien.

Sobre el medio. Es una sociedad donde los grande son tirados a la basura, hay que enseñar que no hay que tirarlos a la basura sino tenerlos al lado y tratarlos de igual a igual

-Entonces lo de "la viejita de Telefé" no te llegó...

- Por supuesto que sí, no vivo en un tupper, aunque todavía no soy muy viejita pero, no me importa. (risas). Eso me lo comentó mi hijo al poco tiempo que empezó el programa. Y Pablo me dice: "Mami vos sabés que hablan mal de vos, no te voy a decir qué, pero hablan mal de vos". Creo que hay mucha gente que no tiene nada que hacer, que en vez de tirar buenas cosas tira malas cosas. Cuando vos tirás porquerías es porque algo le pasa a tu cuerpito. Dicen esas pavadas porque son malos. Pero no fue solamente en las redes sociales, también hubo periodistas que después pidieron disculpas al tiempo. Me contaron, no lo vi, no lo escuche ni quiero escucharlo. Pero es así, de pronto la gente va a ver una obra y dice "que porquería lo que vi", ya se sientan a hablar mal de entrada.

«En esta sociedad los viejos son tirados a la basura», lanza la actriz y conductora de Historias del corazón
«En esta sociedad los viejos son tirados a la basura», lanza la actriz y conductora de Historias del corazón Crédito: Gerardo Viercovich

-¿Te pusiste mal?

- Mi personalidad es así, qué voy a hacer. Tranquila, maternal. No me angustié, imaginate que desde los 15 años que estoy arriba de un escenario. Así que tuve de todo: críticas maravillosas, no tan maravillosas. Estoy acostumbrada, pero no así. Esto me pasó por primera vez, a mí jamás nunca alguien me dijo algo ofensivo y parece que acá sí. No lo había vivido, tendrá que ver con la tele, con que la que habla soy yo y no estoy haciendo un personaje. Por eso hablé con Tomás [Yankelevich] y le dije: "Ay no, me dice mi hijo que hablan mal de mí, que dicen cosas que no son buenas". El programa cuando empezó a la semana tenía 17 puntos de rating, tenía un éxito impresionante y lo sigue teniendo. Él me dijo "Vicki eso es porque va bien el programa, si fuera mal nadie te diría nada". Y sí, como dice Cervantes, "ladran Sancho, señal que cabalgamos".

-¿Pensás que el premio Martín Fierro fue una suerte de recompensa?

-Algo así... fue lindo recibirlo. Te juro por mis hijos que no me lo esperaba. De pronto dentro del grupo mío de productores me decían "Vicki, te lo vas a ganar". Yo me reía y bueno, me lo dieron y me dio placer. Siempre una caricia viene bien. Me emocioné, fue un buen regalo.

-¿Qué hay de cierto en eso de que te enojaste porque fue Marley el que presentó el último capítulo de Avenida Brasil?

-Todo mentira. No, no me molestó, juro que para nada, por favor. Por supuesto me dijeron de ir. Tomás me dijo, pero yo le contesté: "Qué voy a hacer yo ahí". Va a estar Marley y vas a estar vos, pero yo no soy conductora, yo hago lo que hago. Me dijo "para que estés, sos vos la del programa" [ Avenida Brasil empezó en el ciclo Historias del corazón y después pasó a la noche] y bueno le dije que no. Me insistieron con que había surgido de Historias del corazón y lo pensé pero para estar ahí sentada no me parecía, Tomás lo entendió. Después dijeron que yo estaba enojada... ¿Enojada? Para nada. Marley es un amor. Inventan cosas. Al contrario después cuando tuve que hablar de la fiesta, de cómo fue, le mandaba todos los besos del mundo. Me pareció bárbaro, muy bien.

-¿Fue tu ciclo preferido?

-No... Yo el ciclo que más sentí fue Pulseras rojas y vino el autor. Después mandaba mails al canal diciendo "todos los abrazos a Virginia", "la queremos a Virginia". Me regaló el libro y me puso "Virginia sos mi luz en Buenos Aires". Cosas muy preciosas. Veo todas las ficciones, las eligen en producción pero me ha pasado con algunas películas que realmente llamé y dije "chicos esto yo no lo comparto". En Avenida Brasil morí con Carmina, con esa actriz... un día hizo un monologo que creo que duró como 15 minutos y pasaba de una cosa a la otra y yo digo "cómo hace esta mujer" y aprendo también.

Sobre el rating. Un día tiene que terminar la lógica del rating, eso condiciona a los que tienen la plata, antes no ocurría eso.

-¿Hay manera de hacer enojar a Virginia Lago?

-Me enojo, me enojo. No mucho pero me dicen: "Uy, mirá que se enojó la gallega". El otro día, lo conté en el aire, fui con el coche porque se habían portado mal con el arreglo. Fui al lugar y dije "yo quiero hablar con el gerente porque fue una mala acción" y viene el gerente y me dice "Virginia", y le digo "yo estoy enojada". "¿Cómo enojada? Yo no puedo imaginarte enojada", me contesta. Sí, me enojo, sino sería un extraterrestre, sería mentirosa, cómo no me voy a enojar.

-¿Con tu marido [el también actor Héctor Gióvine] te enojás seguido?

-Hace 44 años estamos juntos, tenemos dos hijos y una nieta de 6 años. La relación es bárbara, nos enojamos también porque si no sería aburrido, pero muy poco. Tenemos una muy buena relación porque le tengo una gran admiración, es una persona especial, un gran padre. Trabajamos juntos mucho, hemos tenido un grupo que se llamó "Teatro popular de la ciudad", después estuvimos cada uno por su lado y además, hablamos mucho de nuestras tareas y nos respetamos mucho.

-¿Te peleaste alguna vez con un compañero de elenco?

-No tengo enemigos. Pero cuando hay algo que me duele profundamente, en ese sentido, soy drástica. Por ahí no está bien que sea así... pero me pasa con las traiciones, con eso se terminó para mí esa persona. La traición no la puedo soportar, pongo una cortina y se acabó. En general, la gente que te traiciona no te pide perdón, por eso hay que poner los límites. Me ocurrió una sola vez, nada más.

Sobre Tinelli. Me parece que es un buen empresario, que tiene sus valores. Lo veía cuando estaba María Valenzuela, es amiga y nos queremos mucho. Ahora no lo veo.

-¿Con quién?

-No vale la pena hablar de eso, hablemos de algo positivo.

El próximo 11, Lago estrena una versión de Romeo y Julieta en el Nacional
El próximo 11, Lago estrena una versión de Romeo y Julieta en el Nacional Crédito: Gerardo Viercovich

Parece como si los años no le pasaran, conserva la misma templanza de cuando hacía de la madre de Viviana Saccone, Paola Krum, Magali Moro y Valeria Britos en Por siempre mujercitas, allá por 1995. Virginia participó de aquellos culebrones que marcaron épocas como Más allá del horizonte y Cosecharás tu siembra. Recuerda esas épocas con nostalgia, se ríe de cuando le tocó andar en sulky. Tiene una larga trayectoria en teatro, donde ahora también trabaja como directora, y pronto (el 11 de este mes) estrenará obra.

-En poco tiempo se va a estrenar la versión de Pablo Neruda del clásico de William Shakespeare en el Nacional, ¿cómo te estás preparando?

- Romeo y Julieta es una obra genial de dos autores increíbles. Estoy muy entusiasmada fue una propuesta del director del San Martín. Con una generosidad gigante, somos 50 personas trabajando. Va más allá de una historia de amor que son maravillosas, pero él es un conocedor de la condición humana y además pareciera que los problemas de una sociedad no cambian, está escrito hace 450 años y parece escrito ahora. Esos son los genios que hablan de lo que nos sucede a los seres humanos en una sociedad injusta, donde el odio hace con los inocentes estragos, en este caso mata gente. Lo que tiene de interesante William es que te cuenta desde una poesía absoluta (y Neruda también), desde un lugar creíble y natural y eso es lo que estamos tratando de mostrar.

-En el verano trabajaste con tu marido y ahora con tu hija, ¿cómo es compartir escenario con la familia?

-Está bueno trabajar en familia. No es fácil, sobre todo con los hijos. Con el marido está bien. Pero con los hijos siempre hay un enfrentamiento con los padres. En esta obra, algo que me gustó mucho es que la mayoría de los actores son hijos de actores (de Norma Aleandro y de Susana Ortiz, entre muchos otros), no sólo está mi hija Mariana.

El tono de Virginia puede describiese como pacífico, reposado, sosegado, plácido, apacible, calmo, manso, sereno, amable y la lista de sinónimos podría seguir. La charla se extiende por más tiempo del que pensó, pero lejos de irritarse o de ponerse ansiosa -su estomago demanda comida- conserva su tranquilidad. Saluda con un abrazo sentido y una sonrisa en la cara.

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