El líder de Massacre habla sobre Chabán, el creacionismo, los cementerios y el disco que están por presentar
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El año pasado, en el regreso de una gira por las provincias del Norte, una discusión sacudió el micro de Massacre. El baterista Carlos Carnota y el bajista Luciano Facio no podían ponerse de acuerdo sobre el origen del hombre: el primero defendía una posición evolucionista; el segundo, una creacionista. "La discusión terminó a los gritos", dice Walas, el cantante y fundador del grupo. "Yo fui un poco el mediador, tomando una tercera posición: la del existencialismo, que se pregunta los porqués. Pero después empecé a investigar más y eso me costó meses de depresión, que pude resolver con algunas sesiones de terapia y sobre todo con la catarsis de hacer un disco nuevo."
Ese álbum es el que la banda está grabando en el Estudio del Abasto (ahora situado en una casaquinta enorme en Luján) desde comienzos de diciembre y que, si todo va bien, saldrá en marzo. "El mamut y Ringo son los dos discos que nos pusieron en el mainstream", evalúa. "Ambos son una misma etapa, y este disco sigue esa línea, porque tiene dos productores muy buenos." Se refiere a Alfredo Toth y Pablo Guyot, el dúo que trabajó en Civilización, de Los Piojos; Club Atlético Decadente, de Los Auténticos Decadentes; y algunos de los álbumes más aclamados de La Zimbabwe, Bersuit, Enanitos Verdes, Daniela Herrero y Turf. "Ellos dos son muy mainstream y nosotros, ya se sabe, somos jodidos, difíciles, inclasificables, experimentales, no convencionales", sigue Walas. "Por eso, ambos apostamos a la condición de opuestos."
El título tentativo que tienen para este disco es Biblia ovni. ¿De qué se trata eso?
En la mayoría de los temas estamos hablando del conflicto entre creacionismo y evolucionismo, un poco como consecuencia de aquella discusión en la gira. La canción que lleve ese título va a ser un experimento: estará cantada en un idioma abstracto y aparecerá subtitulada en su videoclip, en el que se verán imágenes documentales y de noticieros del mundo en el que vivimos, cuyas instituciones son claramente un fracaso: el capitalismo y las religiones, por ejemplo.
¿Por dónde pasa tu relación con lo divino?
Trato de volcarla en personajes que después terminan en mis letras, como la Reina de Marte o la Virgen del Knock Out. Soy absolutamente matriarcal: prefiero que los hombres sigamos siendo hijos y pacíficos, antes que guerreros o territoriales.
¿Cómo es el sonido de este disco?
Es un disco que tiene toda la identidad de Massacre, pero estamos metiendo ahora más programaciones, sintetizadores y secuencias. El eje de Massacre son las dos violas, pero ahora, ya desde la composición, tenemos muchos sintetizadores. Igual, en el disco también hay mucho rock. Hay una canción que se llama "Feliz noviembre", un rockazo a lo The Who, dedicado al día 15 de noviembre de 2014, en el que tocamos gratis para la TV Pública en la Avenida del Libertador, al mismo tiempo que estaba la Marcha del Orgullo Gay y la Noche de los Museos. Esa misma noche murió Omar Chabán. Buenos Aires estaba rara y genial.
¿Fuiste al velorio de Chabán?
Sí. Hay dos Chabanes: el que conocen 40 millones de personas, que es el destinatario del odio de los argentinos; y el que conocemos los artistas, un tipo que nos puso a todos en un escenario cuando nadie nos daba bola. Nosotros tocamos mucho en Cemento, en Die Schule y también en Cromañón.
Una vez en una nota en Rolling Stone contaste que, cuando se acerca fin de año, siempre hacés lo mismo: dejar el porro y empezar una dieta. ¿Fue así en 2014?
Sí, totalmente, y en consecuencia me deprimí. Empezar una dieta en Año Nuevo es difícil y cuando largo una compulsión, agarro otra. Ahora estoy bastante gordo y ansioso, tratando de manejar las cosas con terapia.
¿Te vas de vacaciones?
Sí, me voy por lo menos quince días a un lugar que me encanta: Mar de las Pampas. Es un bosque con mar donde descanso, me interno entre los árboles y no hago nada más que ocio.
¿Qué cosas te llevás a Mar de las Pampas?
Discos de Malkmus, Spiritualized, The Beta Band, Los Kahunas y Los Coronas. En cuanto a lecturas, tengo un par de mamás artísticas que aparte de sacar discos sacan libros: de Patti Smith me llevo Woolgathering; y también algunas páginas de Marosa di Giorgio, una uruguaya que escribe poesía y narrativa surrealista, rural y erótica. Ya me estoy quedando huérfano: si mi mamá es Patti, mi papá es Lou Reed, y su muerte me conectó con mi finitud. Las de Spinetta, Gustavo [Cerati] y Gamexane fueron otras que me tocaron fuerte.
¿Pensás mucho en la muerte?
En mi muerte pensé muchas veces, incluso en mi suicidio, pero nunca había pensado en los trámites que le seguirían… El año pasado me llevé a las vacaciones Alguien camina sobre tu tumba, un libro de reseñas sobre cementerios escrito por Mariana Enríquez, que me encantó, pero que también me conectó con todo lo protocolar que rodeará mi partida. El rock es un símbolo de juventud y el skate también, pero siento que ya estamos grandes.
Por Javier Sinay
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