3 cafés fríos que tenés que probar en este verano cambiante
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La frase resuena a trillada, pero aún así es justa y válida: el tiempo está loco. Días en los que el termómetro rompe la barrera de los 30°C y caídas abruptas a menos de 15°C. Jornadas de sol pleno y agobiante; seguidas de lluvias torrenciales, de esas que empapan hasta la médula. Así es este enero en la ciudad porteña, tan cambiante y dramático como los propios habitantes de la ciudad. Pero nada de esto detiene a uno de los grandes protagonistas de los últimos veranos nacionales: el café frío, en sus múltiples opciones -negro con hielo; con leche, crema y saborizantes; nitrogenado; cold brew, fermentados y más, representando así a una de las grandes tendencias gastronómicas mundiales que continúa en auge en nuestro país. Hoy no hay cafetería que no tenga en su carta al menos un par de opciones de esta infusión servida a baja temperatura, desde grandes cadenas al estilo Starbucks o Café Martínez hasta pequeñas cafeterías de especialidad, pasando por verdaderos íconos de la más tradicional porteñidad como el clásico Tortoni. Acá, tres cafés fríos para probar los días que este caprichoso enero lo permita.
Marshmallow Frappuccino en Starbucks

Cuando se habla de cafés fríos, es inevitable pensar en Starbucks, la omnipresente cadena mundial que desde 1995 ofrece sus muy famosos frapuccinos, un ícono de la casa. Dato: según dicen, en el mundo se sirven hoy unas 36000 variedades distintas de frapuccinos, a través de sus más de 20.000 sucursales. Como sabor para la temporada veraniega 2019, la marca acaba de presentar en Argentina su Marshmallow Frappuccino, una bebida con una base de café espresso, salsa de chocolate, crema de malvaviscos -esa suerte de merengue blanco, gelatinoso y esponjoso que tanto se ve en las películas estadounidenses-, y cookies rotas por encima. El resultado es contundente, solo apto golosos, para beber una tarde de sol compitiendo con helados y postres. Otra opción más cafetera, que evidencia la importancia que tomó el café frío en el país y en el mundo, es el hoy tan famoso cold brew, que el Starbucks local sumó hace muy poquito, en septiembre pasado. En este caso, lo preparan macerando granos arábigos de Nariño (Colombia) y del este de África por 20 horas en frío, para lograr un café refrescante, con un amargo mucho más suave y cuerpo ligero que en las versiones calientes.
Sucursales en www.starbucks.com.ar
Ice Latte Cardamomo en Negro cueva de café

Aromatizar el café con cardamomo no es algo nuevo: buena parte de Medio Oriente -incluyendo algunos de los famosos cafés turcos- agrega semillas tostadas de esta especia (así como canela y otras) a sus reconocidos cafés de molido fino, servidos sin filtrar. Tal vez de allí salió esta idea de Negro, la cafetería de especialidad que ya cuenta con cuatro sucursales, todas en el centro porteño. "Usamos una base de espresso, ya que el cold brew quedaría eclipsado por la intensidad del cardamomo. Preparamos un espresso tradicional, de 30ml, con nuestro blend de la casa, 50% granos de Perú y 50% de Guatemala. Lo mezclamos con almíbar de cardamomo preparado con azúcar mascabo, agregamos 180 ml de leche, lo embotellamos y enfriamos", explica Fernando Lozano, creador de esta cueva cafetera. El resultado es una delicia: detrás, la intensidad del espresso italiano; por delante, el perfume algo mentolado y fresco del cardamomo. Para beber directo de la botella de vidrio de 250ml, o pedir que lo sirvan en vaso con mucho hielo dentro. Si se busca algo más clásico, ahí está el ya más conocido cold brew, café negro elaborado a base de un single origin peruano (un microlote orgánico de menos de 10 hectáreas orgánico), en batches de 10 litros, con 14 horas de maceración en heladera y doble filtrado (malla de metal y papel) para lograr una bebida bien limpia y de traslúcida.
Sucursales en negrocuevadecafe.com
Kombucha en Lab

Lab siempre está donde la tendencia marca camino. En su momento, fue tal vez la primera cafetería en Argentina en ofrecer el hoy "clásico moderno" Coffee&Tonic, mezcla de espresso y agua tónica que más allá de sonar extraña funciona de maravillas. Ahora, ya desde marzo de año pasado, la emprendieron con su kombucha de café, esa fermentación que se puso de moda en todo el mundo -aplicada al té- gracias a los celebrities del microclima californiano que andan siempre en búsqueda de pócimas saludables. "Es un café frío carbonatado de forma natural, fermentado a través de un SCOBY, una comunidad simbiótica de levaduras y bacterias, que le aporta a la bebida probióticos que fortalecen nuestro sistema inmunológico y la flora intestinal", explica Alexis Zagdañski, creador de LAB. El SCOBY en cuestión lo consiguieron de nada menos que Pedro Bargero, el chef de Chila, hace ya 18 meses, y lo mantienen alimentado con azúcares para que siga en desarrollo y genere las fermentaciones requeridas. "Fermentamos el café filtrado a unos 25° con el SCOBY y azúcar por siete días; luego lo filtramos, embotellamos y tapamos de manera hermética. En la cada botellita se genera una segunda fermentación, responsable del gas carbónico. Finalmente lo guardamos en heladera y está listo para beber". Con acidez y complejidad, se trata de una nueva mirada sobre dos mundos, cada uno de ellos repletos de historia y de tradición: el del café y el de una técnica fermentativa nacida en el Lejano Oriente hace más de 2000 años.
Humboldt 1542 y Echeverría 1550









