"Ahora me motiva más la salud que lo estético para entrenar"

Malú Pandolfo
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3 de mayo de 2019  • 14:04

Argentino, de 25 años, Louis Bianchi vive en París donde está terminando de cursar un máster en finanzas. Entrena desde los 15. Hoy lo hace con una frecuencia de entre 5 y 6 veces por semana: cuatro veces pesas en el gimnasio; una vez trabajo aeróbico; y una vez HIIT (entrenamiento por intervalos de alta intensidad). El entrenamiento como parte de su rutina provocó cambios en su cuerpo, en sus hábitos y, sobre todo, en su motivación.

Siempre hice deporte: desde muy chico juego al fútbol. A los 15 empecé con actividad física en el g imnasio. Yo lo veía a papá que se mataba en el gimnasio y que tenía un físico tremendo. Entonces me empecé a interesar, en un principio, por una cuestión estética. Hace diez años que entreno. Cuando empecé estaba en una edad en la que los cambios se notan bastante rápido.

"En los últimos cuatro o cinco empecé a hacerlo más por una cuestión de salud. Comencé con lecturas sobre fisioterapia y nutrición. Ahora estoy leyendo un artículo de un bioquímico y nutricionista fascinante. Mi concepción de la actividad física cambió bastante. Hoy en día lo tomo como algo vinculado a la salud, que me va a permitir tener una vida plena de acá a cuarenta o cincuenta años. Lo veo más como una inversión a futuro que como algo puramente estético.

Siempre, además, me interesó la actividad física para mejorar en mi deporte, que es el fútbol. Sigo jugando al fútbol y vi cambios en la potencia, en la fuerza. Me sirvió estar entrenado para jugar.

Al mismo tiempo, el dedicar parte de mi tiempo a entrenar cambió mi relación con las salidas. Salí de los 14 a los 17 y después dejé de salir. Antes salía viernes y sábado. De un día para otro también dejé de tomar alcohol. Cambió mucho mi vida social. Influyeron el hecho de dejar de tomar alcohol y de dejar de hacer programas para no acostarme muy tarde y que se me estropeara el entrenamiento al día siguiente. No lo sufro porque sé que es para mi bienestar a futuro. Por eso la parte estética no es lo primordial. Me importa, pero en un segundo o tercer plano detrás de ser saludable y competitivo para mi deporte.

Y empecé a cambiar mis hábitos. A medida que pasaron los años empecé a pesar la comida, a volverme un poco obsesionado. Tengo una novia nutricionista que es vegetariana. Ella tuvo una influencia que cambió mi visión de las cosas. Antes pesaba la comida. Ahora pienso qué mal se come en general: alimentos industrializados, azúcar, sal. En estos años mi alimentación fue cambiando según el objetivo. En un momento quería crecer y comía mucho más y pesaba la comida para tener un control. En su momento tenía que comer 4000 calorías cuando estoy acostumbrado a comer 3000. Crecí en muy poco tiempo. Hoy mi alimentación está más orientada a comer lo menos procesado posible. Duermo mejor, me siento con más energía y tengo menos lesiones musculares.

En Buenos Aires entrené con Pablo Benabida desde los diecisiete años hasta que me fui hace dos a Francia. Cuando me fui tuve que cambiar mi entrenamiento, pero siempre con las mismas premisas que me dio Pablo: priorizar el core como centro del cuerpo; pensar en los brazos y piernas como periferias; y entrenar movimientos funcionales que es lo que a uno mismo le sirve: sentadillas, peso muerto, tiraje y empuje.

¿Cambios en mi cuerpo? Cuando empecé a entrenar medía 1,85 m. Hoy mido lo mismo y gané diez kilos magros en diez años. También tuvo que ver que a los 15 tenía un cuerpo de niño y mi musculatura se fue desarrollando".

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