Chino Leunis: "Mi oficio requiere mucho del ego"
Al frente de programas de entretenimiento, transformó su personalidad compradora en un estilo propio de conducción
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A diferencia de las carreras de periodismo, producción o locución, casi no hay terciarios que habiliten el título de "conductor televisivo". La máxima que circula en los medios es que para ser conductor, y de los buenos, es necesario aprender sobre la marcha, con muchas horas de vuelo. Aunque la vocación a veces aparece antes. "Siempre me interesó lo que pasa alrededor. Desde muy chico. Recuerdo estar en el jardín haciéndome el gracioso para un nene que estaba mirando y terminar golpeándome la cabeza contra el piso. Me hice un corte arriba del ojo y se armó un lindo revuelo. Y todo por entretenerlo", cuenta el Chino Leunis, que más allá de estar en los medios desde hace quince años (fue la voz con muy buena repercusión en el segmento de románticos en La 100, además de hacer aire en TyC Sports y MuchMusic), logró una fama mayor con Escape Perfecto. El programa de juegos que durante más de dos años condujo en Telefé con su estilo transparente y sencillo, naturalmente simpático y comprador. "Confío mucho en esa energía inicial del respeto, de ser conscientes de que estamos haciendo un servicio: el de acompañar al que está del otro lado de la pantalla", señala a pocos minutos -todavía con la adrenalina arriba-de haber terminado de grabar ¿En qué mano está?, la nueva apuesta del canal que va de lunes a viernes al mediodía, y cuenta con el Chino al frente y la compañía y sostén de humoristas como Pichu Straneo, Fernanda Metilli, Radagast y Andrés Serebrenik.

-Tu manera "cristalina" de conducir figura entre lo que más te elogian. ¿De qué cosas te nutriste para crear tu estilo?
-De experiencias personales, la vida que tuve, y la televisión que miraba. Yo nací en 1980. Y recuerdo de forma muy vívida los programas de fines de esa década y principios de los noventa como Finalísima, Seis para triunfar, Atrévase a soñar. Programas que me formaron como televidente y después también el conductor que soy.
-Es curioso porque los que crecieron en esos años en general se identificaban con otros referentes más transgresores, pero no sería tu caso...
-Sí, lo mío iba por Héctor Larrea, Leonardo Simmons (sonríe). Por ahí tiene que ver con que para hacer algo nuevo igual tenés que partir de una base, no sale de la nada. Por otro lado creo que lo que nos estimuló en la más temprana edad es lo más auténtico que tenemos. Y yo trato de prolongar esa autenticidad lo máximo que puedo.
-Para estar frente a una cámara y transmitir algo, mínimamente "hay que creérsela". ¿Cómo manejás las trampas del ego?
-Soy un conductor cuando estoy en la tele y en los estudios. O cuando encaro a mis compañeros y al equipo de trabajo. Cuando regreso a casa trato de ser alguien que vive y se desarrolla como cualquiera. Pero sí: es un oficio que requiere mucho del ego, de la vanidad y de un montón de esas cosas. El desafío es atravesar todo eso y convertirte en una persona mejor.
-Siendo el cuarto de cinco hermanos varones, ¿cómo era la dinámica familiar?
-Por cuestiones de edad los grupos un poco se dividían entre los dos de arriba, por un lado, y los otros tres, lo más chicos, por el otro. Por bastante tiempo fui el protegido de mis hermanos mayores. Hasta que vino Nahue, el más chiquito, y ocupó ese lugar
-¿Hubo celos?
-No porque llegó cuando yo ya tenía ocho y ya quería otras cosas. No ser el más mimado. En el caso de Sebastián, el del medio, que sólo nos llevamos tres años, sí perdió ese lugar cuando yo aparecí. Pero siempre nos llevamos muy bien porque enseguida se convirtió en mi ídolo. Era el que se quedaba con nosotros cuando mis viejos salían. Y el que me terminó inculcando muchas cosas que hoy tengo porque es muy histriónico y creativo.
-¿Cómo eras en la primaria?
-Siempre fui medio delegado, de los que les mandaba que hablaran con el profe para que suspendiera las pruebas y esas cosas (sonríe). Todo eso me tenía latiendo. También estaba metido en el centro de estudiantes, atento al bienestar general. Y hoy me sigue pasando: disfruto cuando lo global está bien.
-Al día de hoy debés tener muchos amigos.
-Sí. Y de muchas etapas de la vida: del jardín, de la primaria, de la secundaria, de los amigos de Racing, de los que nos juntamos con las parejas a comer.
-Y cada uno con su grupo de WhatsApp...
-Uf, sí, todos [risas]. A veces pienso que habría que economizar el tema de los grupos de Whatsapp, ¿no? Son una distracción tremenda. Yo admito que tengo el teléfono en la mano mucho más tiempo del que quisiera. Una vez mi vieja me dijo: "Che Lean aflojá un poco con el celular que tu papá se calienta y se va". Y ahí tomé conciencia de lo que pasaba. Desde ese momento cada que vez que salimos con mi mujer (Karin Rodríguez, también locutora) o vamos a visitarlos lo dejo en casa cargando y listo.
-¿Qué te gusta hacer con tu hija?
-Con Delfi, que tiene seis, nos fuimos hace poco a una casa en el Tigre que conseguimos con Karin. Llevamos a nuestra perra Terri, nos metimos al río, hicimos pan, nos tiramos a la hamaca paraguaya. Creo que lo más valioso que hago y que tengo es el tiempo que comparto con ellas. Es los que te da calidez a tu existencia.
-En tus comentarios al aire y en las redes nunca falta la referencia a Racing. Sin embargo, no te gusta hablar de fanatismo...
- Y es que para mí Racing es como querer a un amigo, un hermano. Una cuestión del corazón. Me acuerdo de chico estar viendo la Supercopa del 88 que salimos campeones y sentir angustia cuando nos defendíamos y excitación cuando nos tocaba atacar. Me dije: yo soy de Racing porque me ninguna otra cosa me genera esto.
- Creciste con la épica del Racing sufrido que no salía campeón y siempre al borde del descenso...
Claro. Pero hoy estamos viviendo un Racing que tiene que ver más con lo positivo. No nos pasa más lo que tal vez ahora les pasa a los otros. Igual no soy de los que miran a través de la ligustrina para ver cómo le va al resto. Eso te lleva a vivencias mediocres. Yo conecto con mi club; con pagar la cuota y el abono, con colaborar para que el club esté mejor. Que otros digan: en lo institucional quiero ser un club modelo como Racing. Sueño con eso.
Para después de las comidas

A la hora de elegir su bebida favorita el Chino Leunis no lo duda. "Me gusta mucho el café posalmuerzo y el café poscena -dice-.Tengo mi máquina expresso, por supuesto. Y me encanta el ritual de compartir café cuando vienen a casa un amigo y demás. Creo ayuda a la reflexión, a poder hacer una pausa. Puede ser un ristretto bien cargadito o también un capuchino más liviano."









