Delicias warholianas de un megadivorcio

La separación de Libbie y David Mugrabi podría develar “el lado más opaco” del mercado de arte pop
La separación de Libbie y David Mugrabi podría develar “el lado más opaco” del mercado de arte pop Crédito: The New York Times
Juana Libedinsky
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10 de febrero de 2019  

Si hay algo que el mundo del arte adora es el drama, y la enorme retrospectiva de Andy Warhol que inauguró esta temporada el Museo Whitney está resultando, en ese sentido, ideal. No solo porque el arte en sí de Warhol sigue despertando polémica ("eres el asesino del arte, el asesino de la belleza, incluso el asesino de la risa", le gritó Willem de Kooning en una fiesta en 1968, y hay críticos que siguen sosteniendo algo en esa línea). La muestra también –y sobre todo–está proveyendo drama por el divorcio entre uno de los herederos de buena parte los cuadros más importantes exhibidos allí y su mujer. Se trata del power couple formado por Libby y David Mugrabi, multimillonarios de quienes se dice que efectivamente controlan el mercado de los Warhol, y su separación acrimoniosa podría, según The New York Times, develar "el lado más opaco" de la compra y venta de obras de arte pop.

Pero además, un divorcio tan público y escandaloso le agrega un morbo especial a la procedencia de los cuadros, de lo cual el museo se está indirectamente beneficiando. La muestra de Warhol ya es un blockbuster, y al público que se acerca por turismo o cultura se le suma, ahora, el que leyó sobre los cuadros en la prensa del corazón.

"En una revista decía que tenían cuadros como este en el comedor, por toda la casa y hasta en el baño, así que vinimos a ver cómo viven los ricos", reconoció una señora de Orlando que estaba de visita en la Gran Manzana, parada frente a uno de los famosos retratos de Marilyn Monroe. Había hecho cola para entrar al Whitney, tenía un curso de escolares que le entorpecían el paso y encima un grupo de curadores de un centro cultural ginebrino se demoraba en un análisis detallado frente a la obra y no le dejaban sacarse una selfie, sola, para mandarles a las amigas. Pero el conjunto de arte y escándalo "no podía ser más Nueva York", declaró satisfecha.

Su marido solo lamentó que "la retrospectiva solo fuera de Warhol. Yo quería ver la estatua de Keith Haring de medio millón de dólares con la que se corrían y pegaban cuando se supo que él era infiel", explicó sonriendo.

El Museo Whitney, hoy dedicado por completo a Warhol, reúne la mayor colección de arte norteamericano del siglo XX en el mundo
El Museo Whitney, hoy dedicado por completo a Warhol, reúne la mayor colección de arte norteamericano del siglo XX en el mundo

Como parecería que todos saben en la ciudad, la telenovela arty comenzó este verano en los Hamptons. Durante el feriado del 4 de julio, Libbie acusó a una huésped de su casa de acostarse con su marido después de que esa mujer, David y otros invitados se tiraran a la pileta desnudos, tras una comida. La huésped, cuyo nombre no trascendió, pero que era un contacto de los Mugrabi dentro del mundo del arte, dijo que fue "algo divertido y no sexual, como si fuéramos adolescentes".

Pero el tema escaló y poco después, Libbie acusaba a David de violencia cuando ella trató de llevarse una escultura de Haring de la casa. Y mientras ella estaba en un restaurante, él retrucó vaciando la propiedad de obras por varios millones de dólares.

Desde los tabloides hasta los matutinos más serios y las revistas de arte están siguiendo desde entonces el tema con total atención. Ocurre que la mayor parte de las transacciones de los Mugrabi eran privadas, hechas en sus casas más que en remates y galerías, con muy poco que trascendía, y el misterio podría, con las declaraciones y las filtraciones, comenzar a develarse.

"Warhol sería considerado un pintor de sociedad pasado de moda si no fuera por el férreo control de su mercado que tiene la familia Mugrabi –dijo a LA NACION revista James Panero, crítico de arte de The Wall Street Journal y editor de The New Criterion–. Un efecto de la exposición de cómo se manipulan los precios que podría salir a la luz, a raíz del divorcio, podría ser que finalmente se pinche la burbuja del pop art".

La exposición en el Whitney Museum of American Art dedicada a Andy Warhol (1928–1987) estará abierta hasta el 31 de marzo
La exposición en el Whitney Museum of American Art dedicada a Andy Warhol (1928–1987) estará abierta hasta el 31 de marzo

Porque Warhol no es solo Warhol, sino que es considerado como una especie de índice Dow Jones del mercado del arte pop porque hay relativamente mucha cantidad de obras dando vueltas y es muy "líquido", por lo cual funciona como un indicador efectivo. "Los Mugrabi lo saben y actúan acorde a lo que sea mejor para la familia, y el resto de nosotros tiene que sentarse a observar", dijo años atrás al Journal Richard Polsky, un veterano galerista de California.

Los expertos en el mercado tienen visiones divergentes sobre las estrategias de los Mugrabi. Algunos sostienen que si los Mugrabi tienen información que otros potenciales compradores no tienen durante una subasta, esto puede ser injusto para los competidores. Otros, que no es algo distinto a lo que ocurre cuando el principal accionista de una compañía compra stock adicional como forma de mostrar apoyo a las acciones que quiere defender y que mucho de lo negativo es, básicamente, envidia.

Pero lo concreto es que nadie ha hecho más para capitalizar en la creciente popularidad de Andy Warhol que los Mugrabi. José, el patriarca, hizo su fortuna en el mercado textil de Colombia antes de emigrar a Estados Unidos. Es dueño, junto con sus hijos, Alberto y David, de más de mil obras de Warhol, más que cualquier otro coleccionista y solo superado por el Museo Andy Warhol de Pittsburg. Los dealers y las principales subastadoras raramente venden o compran un Warhol sin que los Mugrabi sepan, y cualquiera que quiera comprar uno en subasta sabe que debe estar dispuesto a poner más plata en juego que la familia. Sus hijos lo acompañan en los negocios, pero nadie duda de que el genio detrás de todo es el patriarca y que es quien siempre ha tenido la última palabra.

José Mugrabi, el patriarca, es dueño, junto con sus hijos Alberto y David, de más de mil obras de Warhol, más que cualquier otro coleccionista y solo superado por el Museo Andy Warhol de Pittsburg
José Mugrabi, el patriarca, es dueño, junto con sus hijos Alberto y David, de más de mil obras de Warhol, más que cualquier otro coleccionista y solo superado por el Museo Andy Warhol de Pittsburg

Todo comenzó bastante de casualidad. En 1981, los especialistas en arte de Citibank, banco que asesoraba a José, le recomendaron que comprara un paisaje de Renoir. Unos días después, Christie's se lo enviaba junto a una factura por US$121.000. Sorprendido, según el Journal, por cómo le gustaba ser dueño de un Renoir, Mugrabi decidió ir por más. Y aunque no sabía de arte, su instinto resultó el correcto.

En 1987, Warhol murió por complicaciones tras una operación. Aunque durante su vida había sido celebrado por sus retratos de Marilyn Monroe y la lata de sopa Campbells, su trabajo no superaba la barrera de los 165.000 dólares y su trabajo posterior había resultado difícil de vender. Cuatro meses después de la muerte del artista, Mugrabi compró un Warhol por primera vez. Pagó 37 mil dólares por cada una de las cuatro partes de la apropiación que Warhol había hecho de La última cena, de Leonardo Da Vinci. Un año después, vendió una de las cuatro partes en 1.033.050 dólares. Pero el gran salto lo dio cuando compró una Marilyn naranja por 3,96 millones de dólares, por la cual dijo que luego le ofrecieron más de cien millones, pero que no la vendió.

El mercado cayó en 1987 y, en los años subsiguientes, los Mugrabi se dedicaron a comprar cuanto Warhol encontraran, muchas veces, según la investigación del Journal, a menos de la mitad de su valor original. Desde que subió el mercado, ellos también venden. En el juicio de divorcio, Libby está intentando demostrar que su marido era una parte fundamental para los negocios de su suegro, pero también que ella era una pieza clave del engranaje privadísimo de todas las transacciones.

"¿Qué nos gustaría? –dijo Panero–. Que el divorcio revele los inside dealings (transacciones con información privilegiada), los chandelier biddings (ofertas falsas durante los remates que las subastadoras inventan para empujar el precio) y los quid pro quos (intercambios non sanctos) que pueden estar inflando al mercado de los Warhol. Pero posiblemente no pase nada".

En efecto, aunque no había acuerdo prenupcial, tras la excitación inicial en público y medios, se estima que se llegará a algún tipo de acuerdo entre las partes que preservará la colección y la forma de manejarla de los Mugrabi. Quizá nunca pueda saberse qué pasa exactamente en el mercado de los Warhol. Pero para ver los mejores, el Whitney tiene sus puertas abiertas.

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