Un hallazgo reveló el lujoso estilo de vida de las élites del Imperio Romano en tierras españolas
Un reciente estudio en el noroeste de la Península Ibérica reveló la sofisticación de las villas de las clases altas romanas; el objetivo es desafiar la visión histórica vinculada a una región periférica durante la época
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Nuevas evidencias arqueológicas confirman de manera contundente la presencia y el opulento estilo de vida de las élites romanas en lo que hoy se conoce como Galicia y Asturias en España, consideradas en la antigüedad los “últimos confines del imperio”. Un estudio de la Universidad de Oviedo, liderado por Diego Piay Augusto, logró compilar por primera vez una notoria cantidad de pruebas que desmienten la noción de un noroeste ibérico ajeno a la riqueza y las dinámicas del Bajo Imperio Romano (siglos IV y V d.C.).
Esta investigación cierra una brecha histórica, ya que, si bien las fuentes literarias de la Antigüedad Tardía aludían a personajes relevantes en la provincia romana de Gallaecia, faltaba un análisis arqueológico sistemático que demostrara materialmente el poder de estas élites en las zonas más occidentales y atlánticas de la provincia, donde los estudios previos eran escasos.
La Gallaecia, ampliada por el emperador Diocleciano a finales del siglo III, abarcaba desde el río Duero al sur hasta el océano Atlántico al norte y oeste, extendiéndose al este hasta Iuliobriga. Aunque el desarrollo urbano en Galicia y Asturias fue menor comparado con otras áreas de Hispania, la región contaba con centros importantes como Lucus Augusti (Lugo), Bracara Augusta (Braga) y Asturica Augusta (Astorga). Sin embargo, el verdadero foco de poder y riqueza de la aristocracia romana se manifestaba en sus “villae”, las cuales pueden ser descritas como grandes fincas que no solo eran centros de producción agrícola y ganadera, sino también escenarios para exhibir su estatus.

El estudio prosopográfico, que buscó identificar a los personajes históricos, permitió vincular a 18 individuos de las clases altas con Gallaecia en esos siglos. Entre ellos figuraron obispos, presbíteros, monjes y figuras de la administración provincial, incluso del ámbito imperial, como el emperador Teodosio, originario de Cauca (hoy Coca, Segovia). Aunque el origen exacto de algunos, como la viajera Egeria, es debatido, la investigación subraya que los datos corroboran la “presencia de individuos de la alta sociedad tardo-romana en el noroeste hispánico durante los siglos IV y V”.
La ostentación de estas élites se materializaba en elementos de lujo encontrados en sus villas, entre los que se destacaban los mosaicos. El escritor romano Varro, en el siglo I a.C., ya consideraba que una villa ideal combinaba productividad económica y belleza. En Asturias, se identificaron ocho villas con restos de mosaicos, como los de Veranes y Andallón, que aún se conservan en el lugar. Todos datan de la segunda mitad del siglo IV, con decoración de estancias nobles como los “triclinium” (comedores).
En Galicia, la situación fue similar: 17 villas con evidencias de mosaicos, aunque ninguno en su ubicación original. Predominaron los motivos marinos (peces o delfines) y geométricos. El hallazgo de la “mosca de agua” en varios mosaicos gallegos sugirió la existencia de un taller itinerante en la región. El conjunto más notable es el de A Cigarrosa, con mosaicos que decoraban piletas y mostraban gran realismo en la representación de especies marinas, fechados entre finales del siglo III y el IV, período de máxima expansión de las villas.

Las pinturas murales fueron otro indicador de lujo, ya que encontraron evidencias en 13 villas gallegas y asturianas. Sobresalían las de la villa de Cambre (A Coruña) y las de Andallón (Asturias), que se conservaron a gran altura y combinaron técnicas al fresco y al secco con motivos vegetales y siluetas felinas. Un fragmento de pintura en O Cantón Grande (A Coruña) con un posible Crismón esquemático sugiere la llegada del cristianismo a las villas en sus últimos siglos de ocupación.
El capítulo de la escultura es más limitado, con pocos ejemplos seguros asociados a villas. Destacaron un busto de mármol de Lunensis en Abegondo (A Coruña), que evidencia la llegada de bienes de lujo, y el grupo escultórico de Dionisio y Ampelos en A Muradella (Verín, Ourense), símbolo de la cultura aristocrática, así como una estatuilla de bronce de Mercurio en San Salvador de Seiro (Ourense), que podría haber formado parte de un altar doméstico, tal y como desarrolló Diego Piay Augusto.
El estudio confirmó que el noroeste hispánico estaba plenamente integrado en las dinámicas del Imperio Romano durante el Bajo Imperio. La exhibición de riqueza y propiedades en las villas era el medio más eficaz para demostrar el poder, ya que la ostentación era un indicador de su intensidad. El asentamiento se estructuró inicialmente alrededor de las ciudades augusteas, y luego, las calzadas facilitaron la difusión de las villae, muchas de ellas vinculadas a la pesca y la industria de salazón.

Sobre la identidad de los propietarios, el estudio de Diego Piay Augusto sobre las villas en la Asturias romana propuso varias hipótesis. Un primer grupo podrían ser funcionarios romanos encargados de la explotación minera tras la conquista. Un segundo grupo lo conformarían miembros de las aristocracias locales que adoptaron el modo de vida romano, en búsqueda de un ascenso social. Finalmente, los veteranos del ejército, quienes, tras servir 25 años, regresaban a sus tierras con la cultura romana y se establecían en fincas. La presencia de mosaicos en villas como Veranes, Memorana o Andallón fue “clara evidencia del gusto por la decoración y el lujo de estas élites, resultado de la aculturación de la cultura romana en el territorio asturiano”.
El nivel de monumentalización de las villas gallegas y asturianas es, sin embargo, menor que el de otras famosas villas del valle del Duero. Sus mosaicos, de carácter “anicónico” (sin imágenes de seres vivos), y la escasez de esculturas, marcan particularidades regionales. A pesar de estas limitaciones, el autor de la investigación se mostró optimista: “El desarrollo económico del noroeste peninsular durante los siglos IV y V es cada vez más evidente. La presencia de materiales de comercio de larga distancia, la demanda de mármol y la propia difusión de las villas apuntan a una prosperidad sin precedentes en la región durante la Antigüedad Tardía”. Las piezas de este rompecabezas histórico y arqueológico parecen empezar a encajar para iluminar la forma de vida y la ostentación del poder de las élites romanas en aquel “finis terrae” hispánico.
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