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Historias inspiradoras

Idea productiva. Cómo es la fábrica armada para que los presos no reincidan

Verónica De Martini
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21 de octubre de 2019  • 00:15

Desde el año 2007 que Martín Herrero visita a los presos de la Unidad 20 de Trenque Lauquen, pero no lo hace solo, lo hace con un grupo que pertenece a la Pastoral Carcelaria (Iglesia Católica). Las visitas semanales se dan entre mates y facturas donde charlan acerca de temas que surgen a partir de cuentos de valores o la misma realidad cotidiana que les permite discernir entre lo que está bien y lo que no lo está.

"Contrariamente al imaginario popular alimentado por películas o series del género que describe al preso como un adulto duro e infranqueable, los presos de hoy son en su gran mayoría, jóvenes de entre 18 y 28 años que no han tenido demasiadas oportunidades en la corta vida, algunos, en el mejor de los casos, han vivido institucionalizados luego de haber sido abandonados, otros han crecido en hogares donde reina el desamor, donde sufren el abuso, la violencia, la falta de vinculo de mamá o papá; donde el delito es el medio de subsistencia y el alcohol o las drogas el refugio ideal para anestesiar el dolor del hambre, el frío o los recuerdos de una niñez rota, quebrada por la falta de amor", describe Martín.

Sus visitas buscan que los chicos tomen una decisión: la del cambio. Una vez que son ellos quienes deciden cambiar, entonces Martín junto a todo el equipo están ahí para acompañar y ayudar a fortalecer esa decisión.

Pelotas que nacen del grito de oportunidad

Pero había un problema con el que se encontraba Martín, "muchos chicos que tomaban la decisión de cambio, salían en libertad pero ocurría que al cerrarles las puertas en la búsqueda de trabajo, volvían a ser atrapados por el mismo entorno que dejaron antes de caer presos". ¿Cómo solucionarlo? Se dieron cuenta de que era necesario prepararlos para la libertad, no los podían dejar solos.

Un sacerdote amigo, Damián Vidan, fabricaba pelotas de fútbol en su parroquia con el fin de sacar a los chicos de la calle y generarles algo para hacer; esa fue la inspiración para desarrollar lo mismo con los presos. Surgió entonces el proyecto que fue apoyado económicamente por la fundación Cargill que les permitió el financiamiento para la compra de máquinas y materia prima.

Ahora había que ponerle nombre a la empresa; y fue en rueda de presos entre mate y mate donde tiraban nombres que sean significativos, y uno dijo "EL PASE, porque jugamos con el pase de pelota que se da en el fútbol, pero es un pase de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz, de la prisión a la libertad".

Con la pelota como excusa, la fábrica abrió sus puertas hace casi tres años en instalaciones de Cáritas, con un objetivo bien firme: trabajar con buenos hábitos, buenas costumbres, límites, cumplimientos de horarios y normas de convivencia laboral, y sobre todo, autoestima, "es importante que los chicos crean en ellos", afirma Martín.

El Pase fue pensado para "pasar" y no permanecer, la idea es que al momento de la libertad definitiva, se haya cumplido el objetivo de prepararlos para otro trabajo y seguir acompañándolos desde la escucha y la contención espiritual.

Un proyecto con dos caras: la comercial y la humana

Se busca que la sociedad se acerque a la fábrica, que conozca a los chicos y se derriben prejuicios que hay de un lado y del otro. También les abren las puertas a chicos que están en riesgo en nuestra sociedad, aquellos que tienen destino de cárcel, "el intercambio es más que interesante, porque los que están saliendo todos los días para trabajar y vuelven a dormir a la cárcel, desean con todo el corazón estar en el lugar de aquellos que pareciera que buscan la prisión, sin saber lo que es perder la libertad", cuenta Martín Herrero.

El proyecto hoy tiene dos caras: la comercial y la humana. Si bien la humana es la más importante, no se puede dejar de lado la parte comercial que se necesita para poder ser autosustentables.

"Las pelotas de fútbol son cosidas de manera artesanal con los mejores materiales que consiguen. Tienen un buen PU, el mejor soporte o forro, buena cámara y el mejor hilo", describe Martín. Eso hizo que lograran una pelota que hoy consumen los clubes de la liga local y algunas regionales, y entre sus clientes están las empresas que personalizan con sus logos como regalo para clientes. También fabrican pelotas de fútbol 5, fútbol infantil 4, y playeras tipo volley.

Hace unos pocos meses recibieron la visita de Adolfo Cambiaso que se quedó charlando con los chicos; por su parte la sociedad de Trenque Lauquen ha levantado su mirada no solo hacia los presos sino hacia la problemática social que nos afecta, y este es uno de los logros que más destaca Martín.

A tres años de su comienzo, ya han "egresado" unos 15 chicos que se encuentran actualmente trabajando y ninguno de ellos ha reincidido. "Queremos que El Pase sea una carta de recomendación, que el futuro empleador no tenga miedo, porque quien haya pasado por El Pase ha decidido cambiar, necesita ayuda, quiere aprender, quiere hacer las cosas bien y ahora tiene un propósito en la vida, objetivos a cumplir y que son sanos, ya no quieren ser más como eran antes", cuenta lleno de orgullo, y no es para menos, Martín Herrero.

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