Los calmantes no le hacían efecto y el diagnóstico fue un raro tumor: “Sentía que me pinchaban con una aguja en la cadera”
A Federico Hernis le descubrieron un raro sarcoma retroperitoneal; tras quimioterapias intensas, internaciones y el apoyo inquebrantable de su novia enfrenta hoy una espera clave transformando el dolor en historia de esperanza
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“Venía con dolores en la parte lumbar de mi espalda que no me dejaban dormir. Los calmantes que tomaba no me hacían nada y lo único que me aliviaba un poco era bañarme con agua caliente así que por noche capaz me daba unos seis o siete baños. A pesar de que esos baños me calmaran los dolores por lo menos duraban unos 30 minutos y luego volvían. Eran punzantes, como si me pincharan con una aguja en la cadera”.
La vida de Federico Hernis era plena y activa. Trabajaba en el lavadero de una concesionaria y, por las tardes, daba clases de boxeo, siempre reservando un rato del día para compartir con su pareja o su familia. Llevaba cinco años de noviazgo con Micaela, una mujer sensible que alegraba cada uno de sus días.

La importancia de actuar rápido
Al principio, los médicos le dijeron que unos órganos se habían superpuesto y que una simple cirugía lo corregiría todo. Pero, tras una hora de espera que le pareció eterna, el doctor regresó con una noticia que lo cambió todo: no era eso. El verdadero diagnóstico era un tumor maligno. Federico sintió que el mundo se detenía en ese instante, pero la claridad del médico le dio esperanza para enfrentar lo que venía.
Tras analizar repetidamente los estudios, el equipo médico llamó a Federico y su familia para comunicarles el panorama completo y arrancar el tratamiento cuanto antes. El tumor se ubicaba en la zona retroperitoneal, ejerciendo presión sobre una vena clave: la vena cava. Con empatía y determinación, le explicaron que actuar rápido era esencial para aliviar esa compresión y recuperar el control de su vida.

Al recibir la noticia del tumor, la familia tomó una decisión inmediata: trasladarlo de Villa María al Hospital Universitario Privado de Córdoba Capital, donde había estado internado inicialmente. El viaje representaba un paso hacia especialistas más capacitados en el tema. Una vez allí, los médicos confirmaron el diagnóstico del tumor abdominal y, en el mismo chequeo exhaustivo, descubrieron otra masa en uno de sus testículos.
Sintió un nudo en el estómago
Este segundo tumor salió a la luz durante un control detallado que realizaban para rastrear el origen del abdominal, ya que en jóvenes de la edad de Federico, 25 años, estas masas suelen provenir de los testículos. Al escucharlo, sintió un nudo en el estómago —una mezcla de shock y determinación—, pero el apoyo de su equipo médico y su familia le dio fuerzas para enfocarse en el siguiente paso del tratamiento.

“Al principio, sentí un miedo que me apretaba el pecho: lo primero que te pasa por la cabeza es que quitarme un testículo podría arruinar mi fertilidad para siempre. Pero los doctores me calmaron con paciencia, explicándome que conservar el otro no afectaría eso. Lo que sí podía complicar las cosas era la quimioterapia. Por precaución, me recomendaron ir a una clínica a preservar espermatozoides, un paso que me dio paz y control en medio de la tormenta”.
“Era un sarcoma muy agresivo”
Federico cuenta que los doctores fueron muy claros en cada explicación sobre el procedimiento y el proceso completo, con un trato siempre cálido y profesional que le dio plena confianza en ellos y en la cirugía. Tras las consultas con el urólogo, se decidió realizar una orquiectomía: la extirpación directa del testículo afectado. Los resultados de la biopsia posterior confirmaron que esa masa era benigna, un alivio que llenó de esperanza su camino.
“Mientras esperábamos los resultados de la biopsia del otro tumor, el que me causaba tanto dolor, este creció a una velocidad impresionante: pasó de unos 12 cm a 20 cm en apenas 21 días. Cuando llegaron los resultados, confirmaron lo peor: era un sarcoma muy agresivo. Lamentablemente, este tipo de tumor está poco estudiado; en 2025, solo 3 o 4 personas lo habían tenido. Sabemos que es sarcoma, pero no de qué subtipo... hablando en criollo, no sabemos el apellido”.

Por indicación de su oncólogo, decidieron iniciar la quimioterapia cuanto antes: en total, seis ciclos. Cada ciclo duraba tres días de internación, recibiendo el tratamiento, seguidos de 21 días de descanso para recuperarse antes del siguiente. Ese ritmo, aunque exigente, se convirtió en un sendero de esperanza hacia la remisión.
“Micaela es uno de mis pilares fundamentales para sostenerme”
Para la primera quimioterapia, Federico sentía un nudo de nervios y miedo a lo desconocido: no sabía cómo sería recibir el tratamiento ni cómo afectaría su cuerpo. Por suerte, le tocó un compañero de habitación en una situación parecida, quien lo guio con sabiduría en ese proceso y, junto a su esposa, le dio consejos valiosos para afrontarlo todo. En ese ciclo y en todos los siguientes, siempre estuvo acompañado por sus padres que le dieron fuerzas en cada paso.

“Micaela fue y es uno de mis pilares fundamentales para sostenerme emocionalmente. Por lo general, después de cada quimio, me caía mucho mental y emocionalmente; tenía —y sigo teniendo— muchos miedos y angustias sobre mi futuro, y eso me hacía decaer un montón. Su acompañamiento, junto con el de mis viejos, fue para mí esencial, un faro en la tormenta”, se emociona.
Durante dos de los períodos de descanso entre ciclos de quimioterapia, Federico tuvo que ser internado por neutropenia: una bajada drástica de defensas que venía con fiebre alta. En la primera, para rastrear el origen de la fiebre con controles precautorios —incluso del corazón—, descubrieron una pequeña masa cardíaca. No estaba claro si siempre había estado ahí o era consecuencia del mismo sarcoma; con el tiempo y las quimios, el tumor principal se redujo, y esa masa desapareció por completo.
“La primera internación por neutropenia fue en el descanso entre el primer y segundo ciclo: entré por fiebre alta y estuve unos 10 días con antibióticos y cuidados para evitar infecciones. La segunda ocurrió entre el segundo y tercer ciclo, con 7 días internado en las mismas condiciones. Las quimios eran muy fuertes para mi cuerpo, y mi médula ósea tardaba en producir glóbulos blancos de nuevo. Luego ajustaron las dosis, y no volví a pasar por eso”.

Micaela conoce a Federico como nadie: sabe si está enojado, feliz, triste o lo que sea, con esa intuición que solo da el amor profundo. Al principio, cuando él prácticamente vivía internado, ella viajaba todos los sábados después del trabajo para acompañarlo al menos una noche y un día, aunque el domingo a la noche tuviera que volver porque el lunes laburaba. Ese esfuerzo —un viaje de dos horas hasta la clínica, en colectivo o en auto particular si conseguía— fue más que importante; fue un gesto de entrega total. “Lo que soy hoy en día se lo debo a ella: me enseñó un montón de cosas y cada día sigue mostrándome cómo ser mejor persona y mejor pareja”.
El 27 de marzo pasado, Federico completó su tratamiento de quimioterapia, una etapa agotadora que lo había puesto a prueba en lo físico y mental. Después de seis ciclos intensos, con internaciones y batallas internas, llegó ese día como un faro al final de un túnel interminable. Ahora, solo resta realizar tomografías con contraste para evaluar el tamaño y ubicación del tumor, y decidir si es operable o si sigue con radioterapia. Pero Federico enfrenta este nuevo capítulo con más fe y energía que nunca, rodeado del amor de sus seres queridos.

“Sentí un alivio inmenso ese 27 de marzo, porque hubo momentos en que terminar esta etapa parecía muy lejano. Fue un logro enorme, no solo para mí, sino para mi familia y mi pareja: vencimos tantas incertidumbres y miedos juntos, y ahora podemos avanzar hacia lo que sigue, con el corazón más fuerte”.
La vida de Federico en la actualidad es bastante distinta a la de antes del diagnóstico. Ya no puede moverse ni hacer fuerza como solía, con su trabajo en el lavadero y las clases de boxeo; ahora debe cuidarse al máximo para no contraer infecciones, alimentarse de la forma más sana posible y evitar que su cuerpo se deteriore.
¿Cuál es tu sueño?
Un sueño que tengo es poder vivir la experiencia de correr en el automovilismo, no sé cuándo ni cómo, pero sé que en algún momento se dará, así como también poder volver a ver a mis alumnos de boxeo y poder verlos campeones tanto en el deporte cómo en la vida.
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