Los científicos afirman que la cantidad “perfecta” de sueño es en realidad menos de ocho horas
Distintos organismos sugirieron que seis horas de descanso son lo suficiente para recuperar al organismo
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El descanso nocturno dejó de ser un hábito secundario para convertirse en un proceso biológico activo donde el organismo repara sus tejidos. La ciencia sostiene hoy que la cantidad y calidad del sueño influyen de forma directa en el rendimiento diario, tanto en personas sedentarias como en atletas.
Entidades como la Organización Mundial de la Salud y la National Sleep Foundation indican que los adultos necesitan entre seis y siete horas para garantizar una recuperación muscular óptima.
Este rango permite al cuerpo completar los ciclos necesarios para regular el metabolismo y fortalecer el sistema inmunológico. En el caso de deportistas con rutinas intensas, la necesidad aumenta por el desgaste físico.

La National Sleep Foundation señala que dormir entre seis y siete horas se asocia con mejoras claras en la fuerza, la resistencia y la capacidad de adaptación al esfuerzo físico.
La evidencia científica actual sugiere que el descanso nocturno resulta más determinante para la recuperación muscular que la elongación o las estrategias nutricionales. Durante el sueño profundo, el cuerpo libera hormona de crecimiento, elemento esencial para la síntesis de nuevas fibras y la reparación de microlesiones.
Este proceso permite asimilar las cargas de entrenamiento, proceso clave para mejorar el rendimiento sin sobrecargar los músculos. Quienes priorizan estas horas experimentan menos dolor muscular y una menor fatiga acumulada. Por el contrario, dormir poco limita la recuperación y afecta de manera negativa el estado de ánimo.
La Sleep Foundation advierte que la falta de sueño interrumpe los mecanismos biológicos fundamentales. La privación de descanso eleva los niveles de cortisol, una hormona asociada al estrés y al catabolismo muscular.

Este desequilibrio reduce la fuerza y aumenta el riesgo de lesiones de forma considerable. Para mitigar estos efectos, los expertos recomiendan hábitos consistentes, como mantener horarios regulares de sueño, incluso durante los fines de semana, para entrenar el reloj biológico del organismo.
La higiene del sueño incluye otras medidas prácticas. El entorno ideal requiere una habitación oscura, silenciosa y con temperaturas cercanas a los 18 o 20 grados. En escenarios de alta exigencia física, los especialistas admiten que las siestas de 20 a 30 minutos actúan como un complemento eficaz para la recuperación diaria.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA
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