Salsa blanca o bechamel: de la cocina europea a las mesas de todas las familias
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Lo primero que se le viene a cualquiera a la cabeza si se nombran unos canelones gratinados recién salidos del horno es: salsa blanca.
La salsa blanca logró su propia impronta e identidad dentro del mundo de la cocina, teniendo que competir arduamente con dignas contrincantes como la salsa bolognesa y el filetto.
Cuando llegan los primeros días de frío, las salsas calientes en diferentes preparaciones se imponen como un verdadero deleite en las cenas y almuerzos.
Al estilo de las largas mesas italianas o la cocina casera "de la abuela", la salsa blanca envuelve el significado de sentarse a la mesa y compartir unas buenas pastas en familia mojando el el pan en la fuente hasta que no quede ni una gota.
Ingredientes de la salsa blanca
- 50 gr. de manteca
- 500 gr. de harina 0000
- Caldo de verduras, pollo o gusto a elección
- 500 ml. de leche
- Sal y pimienta
Procedimientos de la salsa blanca
- Hacer una mezcla "Roux". Se debe integrar la manteca con la harina en una cacerola a fuego mediano con una cuchara de madera hasta lograr una composición homogénea.
- Agregar la leche y el caldo y cambiar la cuchara de madera por un batidor de alambre. Revolver sin cesar.
- Continuar mezclando hasta lograr la consistencia deseada para la salsa.
Tips para mejorar la salsa blanca
Dependiendo de si se quiere una consistencia más líquida o más espesa, se puede dosificar la cantidad de leche o caldo
Reemplazando la harina 0000 por harina de arroz o almidón de maíz, se puede obtener una salsa blanca sin TACC.
Para dar un toque especial a la preparación y que la salsa blanca tenga el sello distintivo del cocinero, se pueden agregar optativos adicionales como: queso rallado, una pizca de canela y/o nuez moscada.
¡Listo! La salsa blanca ya puede ser disfrutada.
Salsa blanca en rellenos
Además de disfrutarse de forma tradicional sobre pastas o carnes, la salsa blanca es muy funcional para integrar rellenos y suavizar sabores.
Por ejemplo en una tarta de cebolla y ricota o de espárragos y jamón cocido. En una preparación como esta la salsa blanca puede ser el ingrediente de base para unificar la textura de las verduras cortadas y el queso.
Otro lugar donde la salsa blanca puede quedar muy bien, es dentro de unos zapallitos rellenos con crema de choclo o cebollas rellenas. Cuando una receta lleva ingredientes picantes con mucha presencia, un toque especial de salsa blanca ayuda a percibirlos mejor al gusto.
También es muy común utilizar la salsa blanca sobre verduras salteadas o cocidas, como unas berenjenas asadas o zucchinis rebozados.
Finalmente, dentro de empanadas, omelettes y un calzone de queso, también puede agregarse salsa blanca para producir mayor cantidad y economizar los pasos del relleno.
Pastas verdes y salsa blanca
La salsa blanca combina a la perfección con todas las pastas. Pero en la carta de los mejores restaurantes hay una propuesta que nunca falla: pastas verdes y salsa blanca. Por ejemplo, sobre unos ñoquis de espinaca y papa o una lasagna de verduras.
Los ravioles de espinaca y pollo o los canelones de espinaca y ricota, tienen mucha información en su relleno como para ser acompañados por salsas fuertes, muy condimentadas o con carne. Es por eso que la salsa blanca siempre resulta ser la mejor elección.
Para recetas un poco más jugadas e innovadoras como unos ñoquis de rúcula o brócoli, la salsa blanca no trae riesgos: no invadirá el sabor ni le quitará protagonismo a los condimentos.
La salsa blanca en dips y guarniciones
Con una base de salsa blanca se pueden generar muchos aderezos y combinaciones, más originales que una simple mayonesa.
Por ejemplo, mezclando salsa barbacoa casera y salsa blanca, se logra una exquisita crema rosa para decorar unas papas al plomo y acompañar un corte de carne.
Los platos a base de pechuga, como el pollo Hasselback con espinaca y ricota, o las salsas de queso azul y mostaza, también combinan muy bien sobre una base de salsa blanca.
En recetas un poco más elaboradas como la torre de papa con ajo y tomillo, la salsa blanca es un buen complemento que puede aportar distinción al plato sin complicaciones o pasos muy rebuscados.
En conclusión: sobre pastas, como acompañamientos, en guarniciones o uniendo exquisitos rellenos, la salsa blanca es esa amiga de la cocina que nunca falla.
Gracias a la salsa blanca, muchas recetas que podrían ser complicadas se simplifican sin correr riesgos a la hora de conjugar sabores, texturas y consistencias.
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