Tejidos a mano: Artesia debutó con una colección que pone la trazabilidad en el centro de la moda
En un encuentro que unió moda contemporánea, saberes ancestrales y reflexión cultural, la marca uruguaya debutó con un espectacular desfile, acompañado por una charla de la especialista en moda Ana Torrejón
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En un mediodía templado y en un clima que invitaba a la conversación, Artesia celebró su primer desfile con una propuesta que trascendió la pasarela: un encuentro donde la moda convivió con la artesanía regional y una mirada profunda sobre los oficios que sostienen identidades. La invitada especial fue Ana Torrejón, referente de la moda argentina, quien abrió la actividad con una charla magistral sobre el valor cultural de la artesanía en el mundo actual.

La colección presentada —curada por Gina Vargas de Roemmers, fundadora de Artesia— reunió vestidos y piezas tejidas a mano en diferentes territorios de América Latina. Colores vibrantes, tramas complejas y texturas que revelan horas de oficio se desplegaron en la pasarela, con prendas realizadas en colaboración con mujeres de Misiones pertenecientes a la fundación Manos que no paran. El nombre de la organización alude a la realidad de tantas artesanas indígenas que trabajaron históricamente para sostener sus hogares y preservar sus técnicas.

Otros diseños procedían de la región andina, donde el macramé mantiene una presencia viva en comunidades artesanales de Colombia. Cada prenda expuso un linaje propio: manos, historias y territorios que se entretejen en una misma pieza.
“Hoy es un día muy especial, el primer desfile de Artesia. Lo hicimos para ustedes”, dijo Vargas de Roemmers, visiblemente emocionada. Su formación en diseño convive con un compromiso social arraigado en su trabajo con fundaciones y en un entorno familiar vinculado al arte y la música. “De ese ecosistema surge Artesia, una comunidad que transmite saberes, significados y experiencias a través de prendas, objetos y relatos”, explicó.

La intervención de Torrejón fue, como era de esperar, lúcida y profunda. La especialista abordó la artesanía no como un gesto nostálgico, sino como una disciplina viva anclada en saberes ancestrales, cosmovisiones propias y prácticas que se sostienen en el territorio. Habló de trazabilidad, autoría, derechos culturales y cadena de valor, subrayando la necesidad de reconocer el origen de cada pieza y la filiación con quienes la producen.
El cierre fue un desfile que celebró la diversidad técnica, cromática y creativa del continente. Entre tramas, nudos, fibras naturales y siluetas que dialogan con la tradición sin renunciar a la contemporaneidad, Artesia inauguró un capítulo que aspira a consolidar a la marca como un espacio donde moda, artesanía y cultura se encuentran sin artificios y con profundo respeto por los oficios.
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