“Yo no me enojo nunca”: qué hay detrás de aquellas personas que parecen no reaccionar mal a nada
Hay quienes reprimen sus emociones negativas, pero, en realidad, se ofenden con muchísima frecuencia, aunque sin ser conscientes de ello
3 minutos de lectura'


Hoy quiero compartirte dos anécdotas para que reflexionemos juntos:
La primera cuenta que dos amigos fueron a jugar al golf. El primero le pegó a la pelotita bastante mal y comenzó a gritar y a insultar. El segundo le pegó a la pelotita aún peor que el otro y esta acabó en un árbol; pero no dijo absolutamente nada, solo se limitó a sonreír. El primero le volvió a pegar mal a la pelotita y reaccionó exactamente de la misma manera. Cuando llegó el turno del segundo, le pegó nuevamente peor que su amigo, pero sonrió y tampoco dijo nada esta vez.
Entonces el primero, intrigado, le comentó a su amigo: “La verdad es que te admiro, porque yo le pego mal a la pelotita y estallo, pero vos, que juegas peor que yo, siempre estás sonriendo”. A lo que el último respondió: “No te engañes, amigo, porque donde expectoro, se muere el pasto”.
Las personas pasivo-agresivas reprimen sus emociones negativas. Ellas suelen decir: “Yo no me enojo nunca”; pero, en realidad, se enojan con muchísima frecuencia, solo que no son conscientes de ello. Guardan y guardan sus malestares a diario y, sutilmente, van expresando la agresión hacia todo lo que las rodea.

La segunda anécdota cuenta que un joven no tenía trabajo y un amigo, que estaba teniendo mucho éxito en el área laboral, le comentó: “Quiero darte trabajo porque sos mi amigo, te quiero y a mí me está yendo muy bien en mi negocio. Voy a pagarte x dinero y te pido que me construyas una casa. Pero, por favor, usá los mejores materiales”. De modo que el joven fue a comprar los materiales y preguntó:
—¿Cuánto cuesta esta puerta?
—Doscientos dólares.
—¡Qué cara! ¿Y la más barata cuánto cuesta?
—Cincuenta dólares.
—Ok, deme la más barata, pero factúreme la más cara.
Lo mismo hizo con todos los materiales para la casa y así la construyó. Cuando finalmente concluyó el trabajo, vino el amigo y tuvieron el siguiente diálogo:
—¿Terminaste la casa?
—¡Sí, no te imaginás la casa que te construí!
—¿Usaste los mejores materiales como te indiqué?
—Obviamente, tal como me pediste, compré lo mejor de lo mejor.
—Muy bien, acá tenés la llave de la casa, es un regalo que te quiero hacer a vos…
La honestidad y la transparencia son valores que hacen que “nuestra casa” (la vida, la familia, la pareja, las amistades, el trabajo) se construya con solidez. En cambio, la mentira rompe la confianza, la cual es el pegamento afectivo de cualquier vínculo.
Otras noticias de Emoción
Neurociencia. ¿Por qué nos duele que nos lleven la contra? Lo que pasa en tu cerebro cuando alguien no piensa como vos
Cómo vivís las relaciones. Dime cómo reaccionás cuando alguien no te contesta un mensaje y te diré qué tipo de apego tenés
"Ombligo del mundo". SOS: tengo un hijo narcisista y no sé qué hacer
1Hotel Casino Míguez: parte del emblemático edificio de Punta de Este está abandonado, en venta, y espera renacer
2Se conocieron cuando ella tenía 12 y él 17 y llevan juntos ocho décadas: “Solo puedo hablar de ella con letras mayúsculas”
3Llamó a su esposa y le propuso hacer un viaje que cambió sus vidas para siempre: “Nos vamos a Alaska tres o cuatro meses”
4Efemérides del 20 de febrero: ¿qué pasó un día como hoy?









