El Presidente decidió que Marcos Peña siga en la jefatura de Gabinete

La continuidad de Marcos Peña quedó en duda tras la derrota en las PASO
La continuidad de Marcos Peña quedó en duda tras la derrota en las PASO Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Se reunió con Vidal y Larreta y acordaron la continuidad del funcionario; varios ministros ven a Macri "con ganas de pelearla"
Jaime Rosemberg
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19 de agosto de 2019  

Sin testigos indiscretos ni invitados adicionales, Mauricio Macri recibió el sábado, en su quinta Los Abrojos, a Marcos Peña, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. En la intimidad de ese espacio arbolado y bucólico que le sirve de amigable refugio al Presidente, el núcleo inicial de Pro decidió que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, fuera la única pieza a sacrificar del gabinete. También acordaron que sea el jefe de Gabinete quien siga a cargo de la campaña nacional, aunque esta vez sea "corriendo desde atrás", como lo definieron cerca de Peña en las últimas horas.

En esa reunión se decidieron, además, los términos de la "bienvenida" de Macri al reemplazante de Dujovne, Hernán Lacunza, que se oficializó a través de las redes sociales y en la que el Presidente elogió su "capacidad y trayectoria", a la vez que se mostró confiado en que el ya exministro de Vidal será "la persona indicada para esta nueva etapa". El primer encuentro entre Macri y Lacunza se producirá hoy en la quinta Los Abrojos, afirmaron desde Balcarce 50.

Según señalaron a LA NACION desde distintos despachos, hasta el viernes se imponía la posibilidad de que el "cerebro" del Gobierno diera un paso al costado de la Jefatura de Gabinete y se concentrara solo en la campaña. Fue cuando circularon incluso los nombres de eventuales reemplazantes, como el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, o el senador Miguel Pichetto. "Marcos llegó hasta acá con Mauricio y va a seguir", resumieron ayer muy cerca de dos de los congregados en Los Abrojos.

Dentro del gabinete, y sin conocer los términos de ese encuentro, aún subsistían las dudas. "Con Lacunza conseguimos una cara nueva para comunicar medidas distintas, algo que Dujovne no parecía muy convencido de hacer", relataron desde el riñón del Gobierno. "Ahora habrá que ver qué cara política se pone al hombro la campaña", afirmó otro ministro, que recordó que Peña no habló en la reunión de gabinete ampliado del jueves, en la que Macri y otros oradores -Pichetto y Elisa Carrió, entre los más entusiastas- llamaron a redoblar esfuerzos y no dar la batalla electoral por perdida.

"Reacción y ganas de pelear"

"Veo un atisbo de reacción y a Macri con ganas de pelearla", describió un referente histórico del macrismo que vio al Presidente en las últimas horas. Cerca suyo insistieron en la posibilidad de que Alberto Fernández no consiga ganar en octubre y deba afrontar un ballottage en noviembre, como "ya ocurrió" en 2015, cuando Daniel Scioli sacó menos votos en la primera vuelta que en las PASO. "Si aumenta la participación considerablemente y se reduce la cantidad de votos en blanco, el porcentaje de Fernández puede bajar aunque saque la misma cantidad de votos", se ilusionaba hacia el fin de semana un funcionario que ve al Presidente cada día.

Cerca de Peña ya se imaginan una campaña "más agresiva" y "en el territorio", con más atención en la fiscalización, un punto que Carrió y, sobre todo, Pichetto criticaron el jueves. "Hicimos la plancha en muchos lugares porque teníamos números que nos daban bien. Pero ahora vamos a dejar la vida para convencer a la gente que confió en nosotros en 2015", afirmó uno de los responsables de la campaña distrital.

Desde el gabinete hablan de "ponerse duros" con la fiscalización, porque "todos los enemigos que nos ganamos, los sindicalistas, los narcos, los barras, les cuidaron los votos a ellos", se quejó un activo miembro del elenco ministerial de Macri.

No se escucharon menciones positivas hacia Jaime Durán Barba, quien ya fuera del país, y a través de una columna en el diario Perfil, justificó su error de diagnóstico -Macri creía que incluso podía ganar hasta pocas horas antes de los comicios- en que "todas las encuestas fallaron".

Claro que, para que estas suposiciones optimistas puedan plasmarse en la realidad, la economía debería dejar de dar pésimas noticias, como la devaluación de la semana pasada, coinciden en la Casa Rosada. "Si la economía estalla, estamos todos en problemas", afirmó un dirigente porteño que goza de la confianza de Rodríguez Larreta, que luego de festejar el domingo su holgado triunfo ante el candidato opositor Matías Lammens comenzó a preocuparse por la posibilidad de tener que afrontar un ballottage en noviembre con Alberto Fernández ya como presidente electo.

"El palazo que recibimos nos tiene que servir", dijo el Presidente el jueves, en la colmada sede del CCK, con el objetivo de levantar los golpeados ánimos de su tropa. "La vamos a pelear con todo lo que podamos", reconoció otro de los ministros que gozan de la confianza presidencial, y que -al igual que sus pares- utilizará lo que quede del fin de semana largo para "reflexionar" de cara a los difíciles desafíos que le esperan al Gobierno.

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