En Wall Street no ven mal el plan de Martín Guzmán para la deuda

Fernández ya se reunió con el FMI; ahora deberá renegociar con ellos
Fernández ya se reunió con el FMI; ahora deberá renegociar con ellos Fuente: Archivo
Analistas e inversores no ponen reparos a la idea de reestructurar pagos, pero admiten su inquietud por los desafíos urgentes que debe enfrentar el ministro
Rafael Mathus Ruiz
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8 de diciembre de 2019  

WASHINGTON.- El bosquejo para reestructurar la deuda que tiene en la cabeza Martín Guzmán -un reperfilamiento que brinde oxígeno, al menos, por dos años- no es mal visto en Wall Street, donde los primeros cálculos rápidos arrojan un resultado, a priori, digerible para los inversores. Pero la designación de Guzmán causó también inquietud por su falta de experiencia, sobre todo ante la pila de desafíos urgentes que encontrará apenas pise el Palacio de Hacienda. El enigma persiste: el mercado quiere ver un plan integral.

Inversores y analistas de Wall Street alertan que la Argentina enfrenta un riesgo alto de default, y el sendero para eludirlo es muy estrecho. El tiempo apremia. Los más pesimistas creen que se achican las posibilidades de llegar a una acuerdo rápido y amistoso con los bonistas y evitar una hecatombe mayor, y se alarman por la demora del Frente de Todos para presentar un plan pulido y consistente. Los optimistas creen que la propuesta de Guzmán brinda un buen punto de partida sobre el que, en palabras de un inversor, "se puede avanzar".

Un directivo de un fondo de inversión brindó una lista de riesgos inminentes: enfrentar otro reperfilamiento de la deuda de corto plazo, las LETE en dólares, que la provincia de Buenos Aires caiga en default en enero, que haya una reestructuración "muy dura y unilateral" de la deuda local en la primera mitad de 2020 y que no haya suficientes avances con la deuda externa antes de marzo -un límite fijado por el propio Guzmán- y se deje de pagar.

"El país está prácticamente en default", resumió la fuente. "Lo veo muy complicado. La espiral descendente solo se frena con un plan económico razonable y consistente, no con una reestructuración rápida de la deuda", agregó.

Más optimista, Alberto Bernal, de XP Investments, coincidió en un informe con la visión de Guzmán de que un acuerdo con los bonistas que "limpie" los pagos en 2020 y 2021 sería suficiente para darle oxígeno a la economía y recuperar la sustentabilidad de la deuda y la confianza de los mercados. Bernal insiste en que la Argentina tiene un problema de liquidez, no de solvencia.

"Las opiniones de Guzmán con respecto al FMI son bastante agresivas, pero sentimos que quiere ofrecer a los tenedores de bonos privados una oferta de reestructuración benévola. Insistimos en que la Argentina no sufre una crisis de solvencia, sino una de liquidez", escribió.

En otros dos fondos de inversión recibieron bien la idea de Guzmán de buscar un período de gracia de dos años, pero fueron cautelosos al advertir que, si bien puede ser un buen punto de partida que funcione para los inversores y sirva para encarrilar la negociación, el recorrido hasta el acuerdo puede ser largo y más complicado. Un ejecutivo graficó su preocupación con una imagen que recuerda al Titanic: "Estamos hablando de gente que no sabe navegar un barco, delante de icebergs".

Conocer el rumbo

En un banco de inversión remarcaron que la ya famosa presentación sobre la deuda que Guzmán hizo hace unas semanas en Ginebra, en un encuentro de las Naciones Unidas, "no es muy agresiva", pero tampoco puede tomarse como una propuesta final. Insistieron en un reclamo que se escucha en Wall Street desde que las elecciones sellaron el regreso del peronismo al poder: conocer un plan nítido, integral, que marque con claridad cuál será el rumbo. Lo importante, señalaron, son los anuncios "del día después".

Al igual que la comunidad inversora, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya ha dicho también que quiere ver un plan consistente. Es más: un mensaje que dejan trascender los inversores es que quieren que cualquier acuerdo por la deuda quede bajo el paraguas de un acuerdo con el Fondo, para tener una garantía y un compromiso con el sendero fiscal que elija seguir Fernández. Cualquier oferta de reestructuración de deuda estará atada, inexorablemente, al plan fiscal de diseñe el equipo económico del nuevo gobierno. Por ahora, la ausencia de ese plan crea, aún, espacios para las especulaciones y los temores.

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