Familia, deporte y Netflix, los refugios de Macri en sus días más críticos

Mauricio Macri junto a Juliana Awada
Mauricio Macri junto a Juliana Awada Fuente: Archivo - Crédito: Instagram Mauricio Macri
En sus momentos de intimidad, el Presidente no habla de política y se repliega en "los amigos de siempre" y los afectos
Jaime Rosemberg
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8 de septiembre de 2019  

Cae la tarde del jueves en la quinta presidencial de Olivos. Cuando los últimos empleados se retiran por la puerta de la calle Villate, Juliana Awada y sus dos hijas - Valentina , ya adolescente, y la pequeña Antonia -quedan como únicas moradoras de la residencia construida por Prilidiano Pueyrredón, el "refugio" al que Mauricio Macri llegará al rato, luego de otra jornada interminable de tensión económica y política.

"Me muero sin vos", le dice el Presidente a la primera dama, en la repetida rutina de todos los días. Una rutina de descanso que se extiende, los fines de semana, a la quinta Los Abrojos, donde la familia y los "amigos de siempre" acompañan al Presidente en sus horas más difíciles, las que siguieron a la derrota en las PASO .

La familia, los amigos, pero también el deporte y las series de Netflix, son hoy, según pudo saber LA NACION en diálogo con quienes comparten la intimidad del Presidente, el "combustible espiritual" de Macri.

Son sus afectos, a quienes les dedica tiempo y energía, quienes lo sostuvieron durante aquella noche de insomnio que siguió a la dura derrota del 11 de agosto. Y son ellos los que comparten su esperanza de "dar vuelta" una historia que parecía marcada al conocerse los resultados y que él se empecina en intentar torcer, siempre con la economía como principal motivo de preocupación.

"Estoy firme y comprometido a que nadie altere la estabilidad", escribió en su chat el Presidente en las últimas horas. Tenía en mente a su principal contrincante, Alberto Fernández, con quien concertó una tregua no escrita, pero que, cada tanto, sacude a los mercados con alguna declaración picante. También a los propios, a quienes pidió moderación en las críticas al kirchnerismo como contrapartida.

En las últimas semanas, Macri pasó más tiempo que el de costumbre sacándose fotos con alumnos que llegan a la Casa Rosada o haciendo lugar en la agenda para la visita de algún amigo, como ocurrió con el actor Martín Seefeld, quien lo esperó a que terminara la reunión de gabinete para charlar un rato a solas, hace diez días.

"Es un ser humano, y les da mucha bolilla a los afectos", cuenta uno de los amigos que lo acompañan en la función pública. A otro de los participantes de una reunión de seguimiento hacia el final de la semana le llamó la atención la insistencia de Macri por "agradecerles" todo el trabajo hecho, a modo de cierre adelantado.

Ritos de fin de semana

Los fines de semana, Macri y Juliana siguen cumpliendo con los ritos familiares. Los viernes cenan en familia en Los Abrojos, pase lo que pase. Los sábados a la tarde son para el paddle de varones (Seefeld, José Torello y Daniel Awada son algunos de los que juegan con el Presidente) y tenis para las mujeres. Y los domingos hay espacio para los hijos más grandes del Presidente, y hasta para el exmarido de Awada, Bruno Barbier, como el fin de semana pasado. "Vienen los amigos de toda la vida, los del Cardenal Newman, los del trabajo, los del fútbol. No los amigos del poder, que cuando no lo tenés más no te atienden más el teléfono", dicen en el entorno del Presidente. Y agregan: "Se habla muy poco de política" en esos encuentros.

En Los Abrojos cayeron mal las palabras de Mirtha Legrand, a quien Macri conoce desde hace años, y que lo llamó "fracasado", aunque después pidió disculpas públicas. "Tienen una relación de afecto, incluso Juliana le mandó un mensajito de parte de ambos cuando falleció el hermano, hace pocos días", recordaba un estrecho colaborador del Presidente, aún sorprendido por el exabrupto de la dama de los almuerzos.

Lejos de los comentarios críticos, Macri y Juliana terminaron de ver, hace pocos días, la miniserie Apache , que relata la dura infancia y adolescencia del futbolista Carlos Tevez, a quien Macri conoce bien desde sus épocas de presidente del club xeneize. "Ahora que vimos todo lo que sufrió para llegar lo queremos más que antes", les dijo Juliana a unos amigos antes de recomendarles los seis capítulos que compartió con su marido. El futbol de los domingos, también en Los Abrojos, sigue siendo una cita obligada para Macri, aunque su participación en cancha no supera la media hora. "Corre menos, pero sigue haciendo buenos pases", describe uno de sus compañeros de los últimos partidos.

"La economía no acompañó, pero hicimos un montón de cosas y mucha gente lo valora", coinciden Macri y su familia cuando la política vuelve a colarse en las conversaciones diarias, ya con las elecciones de octubre y el 10 de diciembre como objetivos tangibles en el horizonte.

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