Jerusalén recibió a Alberto Fernández blindada y con un inédito operativo de seguridad

Fuerte operativo de seguridad en Israel con la llegada de los presidentes
Fuerte operativo de seguridad en Israel con la llegada de los presidentes Fuente: Reuters
Elisabetta Piqué
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22 de enero de 2020  • 13:34

JERUSALEN.- Lluvia, frío y una ciudad blindada por la llegada de una cantidad nunca antes vista en Israel de jefes de Estado, monarcas y jefes de gobierno de todo el mundo recibieron hoy, pasadas las 14 locales (las 9 en la Argentina) al presidente Alberto Fernández.

En su primer viaje al exterior, Fernández participará esta noche, solo, de una cena en Beit Hanassi, la residencia en esta ciudad del presidente israelí, Reuven Rivlin, a la que están invitados los otros más de 40 líderes arribados aquí para recordar, en una ceremonia que tendrá lugar mañana en el Museo de Yad Vashem, el 75 aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz.

"Es la primera vez que vienen tantos líderes extranjeros a Jerusalén", dijo a LA NACION Ala, un taxista que recordó que ni siquiera en los funerales de los exprimeros ministros Yitzhak Rabin, asesinado en 1995 y de Shimon Peres, fallecido en 2016, llegaron tantos líderes. Ala, un palestino que vive en la parte oriental de la ciudad, contó que debido a este gran evento -que determinó vallados y cortes de diversas arterias de la ciudad-, hasta decretaron el cierre de escuelas implicadas en esas zonas. "Los chicos no tienen colegio ni hoy ni mañana", contó.

Para dar una idea de la importancia de esta cumbre para recordar el Holocausto y condenar el antisemitismo, en el mismo hotel donde se aloja Fernández, el histórico y lujoso King David, pernoctan varios colegas: el presidente francés, Emmanuel Macron, el alemán, Frank-Walter Steinmeier, el italiano, Sergio Mattarella, el croata Kolinda Grabar-Kitarovic, el búlgaro Rumen Radev y el gobernador de Australia, David Hurley. Pero también hay varias cabezas coronadas: el rey Felipe de España, el rey de Bélgica, el príncipe Haakon de Noruega y el príncipe Carlos de Inglaterra.

Fernández, junto a su pareja, Fabiola Yáñez, el canciller, Felipe Solá y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, no aparecieron en el legendario hall del hotel, repleto de guardaespaldas y miembros de delegaciones extranjeras, al llegar desde el aeropuerto. Por discreción, pero también debido a una lluvia torrencial, ingresaron por una cochera a un subsuelo y de allí subieron directamente a sus habitaciones para intentar descansar.

"Alberto no pegó un ojo, sólo durmió un par de horas", dijeron a LA NACION miembros de la comitiva -formada por el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, el diputado Eduardo Valdés y el vocero Juan Pablo Biondi-, que contaron que sólo unos pocos afortunados lograron aprovechar las 13 horas de vuelo que hubo hasta Roma. Después hubo que esperar en el aeropuerto de Fiumicino un par de horas -en las que acercó a saludar al Presidente el embajador argentino ante Italia, Tomás Ferrari- y luego hubo que afrontar tres horas más de vuelo hasta Tel Aviv.

Como Fernández nunca en su vida estuvo en Israel, se especulaba con una visita, mañana, al Muro de Los Lamentos, la Iglesia del Santo Sepulcro y la mezquita de Al Aqsa, tres sitios emblemáticos para judaísmo, cristianismo e islam. Pero, por motivos de seguridad, esto no va a ser posible. "Alberto tiene que conformarse con la vista espectacular de la Ciudad Vieja que tiene desde su suite... Pero viajar a Israel y no pisar la Ciudad Vieja es como ir a París y no ver la torre Eiffel", lamentó un allegado.

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