Las claves económicas para que Alberto Fernández pueda construir su autoridad

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION

Análisis de Carlos Pagni

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12 de diciembre de 2019  • 21:25

A continuación, la desgrabación de sus principales conceptos:

  • La guerra comercial de Estados Unidos con China tiene en vilo al mundo pero, sobre todo, a América Latina. El presidente Sebastián Piñera espera que haya un acuerdo entre las dos potencias para ver si con él mejora el precio de las commodities, lo cual haría que suba el precio del cobre. Eso le daría más recursos fiscales a Chile para atenuar la situación tan complicada que está viviendo.
  • Si hubiera una mejora en el precio de las commodities, cambiaría el mapa económico regional. América Latina sufre esa baja que hay que ver si se produjo por este conflicto comercial o porque China cambió su patrón productivo, y por lo tanto el nivel de demanda.
  • ¿En qué contexto internacional va a gobernar Alberto Fernández? Él dice "vuelvo al 2003"; sin embargo, el contexto económico internacional es muy diferente al de ese año. En aquel entonces empezaba la curva ascendente; ahora toca un valle largo de precios razonables, pero que son la mitad de aquellos.
  • El otro frente abierto que tiene Fernández es el conflicto con Brasil. Ahora apareció el General Hamilton Mourão, el vicepresidente de ese país, a quien hay que mirar siempre como un hombre que no tiene la mejor relación con Jair Bolsonaro. Es posible que haya habido alguna gestión, durante el gobierno anterior, para aproximar a Fernández con Brasil.
  • La importancia de la relación con Brasil radica también en el hecho de que el país vecino está en un proceso de liberalización económica que le está golpeando la puerta al Mercosur. En ese contexto, sumado a la asunción del nuevo gobierno de Uruguay, las posiciones más proteccionistas del kirchnerismo van a quedar aún más aisladas.
  • Es una determinación mucho más fuerte la que tiene Fernández desde el lado de Brasil, que desde el lado de Cristina Kirchner. Lo de Brasil es estructural y de largo plazo, y pone en tela de juicio la alianza de Alberto con un sector del empresariado y con un sector del gremialismo.
  • El éxito económico le podría garantizar a Fernández la autonomía, y significaría que habría cumplido con el mandato que recibió en las urnas. Estaría dado si, hacia finales del año que viene, queda claro que la Argentina está en un rumbo que la lleva a recuperar el crecimiento. Es decir, que uno pueda ver que para 2021 va a haber una economía reanimada y con cierta reabsorción de los sectores que quedaron marginados: menor pobreza, mayor empleo y reactivación del mundo productivo.
  • Si ese no fuera el escenario y la economía tuviera un percance durante 2020, la construcción de autoridad del Presidente sería más dificultosa porque él tiene un problema de legitimidad respecto a de quién son los votos que recibió. Hay una distribución de poder y un nivel de autoridad política de Cristina que hacen que el aparezca como una especie de jefe de Gabinete de lujo.
  • Fernández estaría encargado de operarle a Cristina la cuestión económica con la que ella no se quiere manchar las manos, entre otras cosas, porque habría que hacer ajustes que desfigurarían su rol anterior, que -ella cree- que es el que ya la llevó a estar en las páginas de la historia.
  • La discusión que pueda tener Fernández respecto de su capital político electoral, la tiene que compensar con un éxito económico que le de autoridad frente al conjunto del peronismo y también frente a Cristina. Esto querría decir una política económica que deje en claro, hacia fines de 2020, que gana las elecciones de medio término y que "con Fernández, se gana".
  • El peronismo está dispuesto a cambiar cualquier identidad y a conceder cualquier programa porque es de un pragmatismo absoluto si descubre que el líder sintoniza con la gente para permitirle recuperar o mantener el poder. Esto está ligado completamente a la economía.
  • Por esto es tan importante que el cuarteto que conforman Guzmán, Kulfas, Fernández y Pesce muestre un programa creíble de ahora en adelante. Hasta ahora, han mostrado lineamientos. Eso dijo hoy el Fondo Monetario Internacional que sostuvo en la Argentina aún no hay un programa sino objetivos generales, que no sabemos cómo se van a equilibrar entre ellos.
  • Partimos de una hipótesis que el Gobierno manifiesta ambiguamente: van a ir a una regenociación de la deuda y no a un default, a pesar de que Fernández diga que no están los dólares para pagar, lo cual suena a default.
  • Acá hay un tema muy importante, una especie de dilema que se plantean muchos economistas. Ir al default es muy traumático para la economía estatal y también para la economía privada, especialmente para el futuro. Para el presente, ir al default es un estímulo enorme porque implicaría que haya dólares que el Gobierno no gastaría en los vencimientos que tiene de acá a abril de 2020.
  • Supongamos que el Gobierno tiene resuelta esa cuestión, y no quiere ir al default sino que quiere renegociar la deuda. Es imposible que uno se siente con los acreedores sin un plan fiscal. Cuando uno no puede pagar su deuda y la tiene que pagar más adelante, al acreedor hay que explicarle con qué recursos lo hará y mostrarle cuáles van a ser los ingresos en pesos en el futuro.
  • El acreedor también va a preguntar si con esos pesos se van a poder comprar los dólares, es decir, cuál va a ser la política cambiaria y monetaria. Uno puede tener los pesos pero no los dólares; ahí se necesita un horizonte de tipo de cambio. Además, hay un segundo acreedor al que hay que pagarle, dentro de dos años, 47 mil millones de dólares. Con este acreedor, el Fondo, no se puede negociar el monto, pero sí los vencimientos.
  • Aquí se vislumbra la primera operación que tiene Alberto Fernández: hay una necesidad de que el país vuelva a crecer para que él pueda cumplir con su mandato electoral. Para eso, se necesita renegociar la deuda y, por ende, un programa económico con lo cual habría que despejar cuestiones que son difíciles de compatibilizar. Guzmán, el ministro de Economía, dice que no va a emitir tanto y que tampoco va a defaultear la deuda, es decir que quiere tener los dólares y que no quiere emitir los pesos. ¿De qué va a vivir? A menos que esté pensando en un mega impuestazo, que tampoco se puede porque la presión impositiva hoy es muy importante.
  • Entonces, en el fondo el problema central radica en la credibilidad de la Argentina frente al mercado. El mercado quiere saber hacia dónde va el país, por dónde irá para llegar a ese destino y cuánto va a tardar en llegar. No hace falta decir que se va a llegar pronto, sino que lo importante es cumplir con lo que se dice.
  • Esto es lo que Argentina no puede explicar desde el comienzo del mandato de Mauricio Macri (recordamos el famoso "segundo semestre"). Los plazos, que nunca se cumplieron desde aquel entonces, ocasionan una pérdida de credibilidad enorme. Eso es lo que uno espera de este equipo económico, que pueda mostrar una hoja de ruta.
  • Cristina Kirchner habló en La Matanza. Este es su territorio y su capital político más importante porque el Conurbano (y sobre todo La Matanza) es el que le da el poder en este nuevo esquema. Lo que ella señala es algo que también marca sistemáticamente Axel Kicillof: una comparación entre los recursos que se vuelcan al Conurbano (donde está concentrada la población más vulnerable y con mayores necesidades) con los recursos que recibe la Capital Federal, donde gobierna el principal competidor presidencial de Alberto Fernández en 2023, Horacio Rodríguez Larreta. Este va a ser un gran tema en los próximos años. Larreta lo vio y por eso hay ahora una automatización de la suba del ABL según la inflación.
  • Kicillof es muy apreciado por Cristina, sobre todo por sus condiciones intelectuales y por la capacidad que tiene para poner en un pentagrama lo que ella tararea. Esto se vio de entrada en la política energética y la estatización de YPF, y eso le produce un encanto extraordinario porque es lo que buscó toda la vida: la idea de un racionalizador.
  • Axel Kicillof sería un candidato fuerte para la presidencia de 2023 dentro de este espacio, junto a Máximo Kirchner. Sospecho que Alberto Fernández también tendrá alguna expectativa de reelección, por lo que ya hay tres candidatos.
  • Fernández inicia su gobierno con una tensión entre dos temas. El primero es una de sus convicciones y de muchas personas de su alrededor -como Vilma Ibarra, Gustavo Béliz, Eduardo Valdés- que tienen, desde hace mucho tiempo, una severa impugnación respecto del comportamiento de la Justicia Federal y, sobre todo, en de las determinaciones que han introducido allí los servicios de inteligencia. Tienen razón. Durante muchos años, y también durante el gobierno de Macri, el verdadero ministerio de Justicia fue la AFI.
  • Este es un imperativo que tiene Fernández e hizo dos anuncios muy interesantes al respecto. Uno es una gran reforma de la Justicia Federal que le quite a Comodoro Py el monopolio de las causas federales, para que se diluya en el fuero nacional, es decir entre los jueces de instrucción que no tienen competencia federal. También planteó completar la reforma procesal que le quita al juez el manejo del proceso y lo deja como una especie de juez de garantías frente a un fiscal que es quien impulsa la causa.
  • Otro objetivo es el de hacer una gran reforma de la AFI y prohibir cualquier contacto entre los servicios de inteligencia y los juzgados federales. Este es un plano de lo que Fernández viene a decir, pero sostiene que es un fenómeno de Macri y no algo que viene de mucho antes. Esto, aparte de poco creíble, tiene una intencionalidad política que es decir: "Todo lo que se hizo en Comodoro Py durante la gestión Macri es lawfare y ha sido manipulación".
  • Esto es muy discutible, y aunque sin dudas hubo arbitrariedades en la gestión Macri, la forma de resolverlas es el procedimiento y la institucionalidad, y no señalando a los jueces. Hoy la Cámara Federal eligió de nuevo y no quiso hablar de la continuidad de Martín Irurzun, deliberadamente, porque es un juez mencionado por Fernández por sus sentencias. Otro es Bonadio, que también ha cometido irregularidades, pero para eso está el Consejo de la Magistratura, no el Presidente señalando.
  • Kicillof dio un paso más, en correspondencia con este rol Kicillof-Cristina. Nombró a dos funcionarios aunque no podía hacerlo porque hay una ley en la provincia de Buenos Aires que lo prohíbe, al ser personas que están procesadas. Esa ley, muy probablemente, sea inconstitucional, porque la Constitución garantiza que uno es culpable después de una sentencia firme y que hasta tanto se es inocente.
  • Sin embargo, no es el gobernador el que puede declarar la inconstitucionalidad de una ley sin que solo un juez podría dictar eso. Tampoco es el gobernador quien puede decir que considera que alguien está mal juzgado y fue juzgado y procesado arbitrariamente. Aunque haya sido así, hay que respetar el régimen institucional de división de poderes.
  • El gobernador le da una especie de indulto a dos funcionarios suyos: al ministro de Salud, Daniel Gollán, procesado por defraudación al Estado; y al titular de ARBA, Cristian Alexis Girard, por la causa dólar futuro. Kicillof suscribe que fueron mal juzgados y procesados, declara la inconstitucionalidad de la ley y no la aplica. Se trata de un gobernador que ignora la división de poderes y que hace un gesto político "revolucionario" en favor de la tesis de Cristina Kirchner, de que en la Justicia de Macri solo hubo arbitrariedades. Eso es, además de poco creíble, muy arbitrario.

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