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A continuación, sus principales conceptos:
- Siguen firmes las PASO , no se suspenden y se multiplican, así, las especulaciones y proyecciones sobre las consecuencias de la primera gran votación del año, que tendrá lugar el próximo 11 de agosto, en la saga de elecciones generales que vienen para definir, en términos dramáticos, el futuro del país.
- Ya se viene explicando que el resultado de las PASO podría potenciar la paz financiera y ayudar a llegar a las elecciones reales de octubre y noviembre con una mejora en la economía. Aunque si los resultados fueran muy malos para Mauricio Macri el escenario sería completamente opuesto.
- Asimismo, el Gobierno podría beneficiarse si por el resultado de las PASO en agosto se disparara un voto útil contra Cristina en octubre que alejara a la expresidenta de un triunfo en primera vuelta, y, a su vez, la sometiera a un incierto ballottage.
- Por el momento, se vislumbran escasas certezas, encuestas que siguen augurando un final abierto a la fecha, con la economía en una instancia misteriosa. Se mantiene y profundiza la paz cambiaria, pero a la vez se frenó la recuperación de los bonos y subió el riesgo país.
- Por otro lado, surgen novedades sectoriales muy alentadoras. A YPF, que garantiza sus deudas con la joya de Vaca Muerta, le prestaron esta semana en Nueva York 500 millones de dólares al 8,5% anual. Se trata de un monto considerablemente más beneficioso de lo que pagaría la Argentina, que debe acudir al FMI .
- También se abrió el mercado para otra petrolera de fuste, PAE, que recibió 500 millones de dólares de la CFI a Libor más 4.5. Fue la primera vez desde la crisis de abril del año pasado que empresas argentinas pueden colocar ese volumen de deuda en el mercado voluntario internacional, y a tasas razonables. Además, se dio a conocer la noticia de que la constructora Techint, sin saber quién gana las elecciones, pagó 40,5 millones de dólares por el último terreno disponible en Catalinas II para levantar un edificio.
- Hay algarabía financiera, pero se mantiene el frío en la economía real, mientras que la compra de dólares continúa: casi 2600 millones en mayo, y alrededor de 9000 millones en lo que va del año. Si bien no están actualizados, los recientes datos del Indec de consumo y empleo del primer cuatrimestre resultaron elocuentes para confirmar la recesión. Tampoco se observa una recuperación relevante en supermercados y shoppings mirando las ventas del mes pasado o lo que va de junio. De allí, que el Gobierno amplió el Ahora 12 y aceleró el reparto de créditos vía Anses.
- Aun así, hasta las PASO parece que el dólar se mantendrá asegurado y, después, dependerá de los resultados electorales. La regla del economista Miguel Bein se resume en Cinco Barra Siete (5/7): si Macri pierde por menos de 5 puntos contra Cristina, los mercados van a celebrar. En cambio, si pierde por más de 7 puntos, la dolarización podría reaparecer con mayor fuerza que ahora, cuando además se empiezan a terminar en agosto los dólares del campo. En el medio, si la diferencia fuera entre 5 y 7 puntos, seguiría todo igual, pero el Gobierno debería mantener tasas muy positivas para que los inversores se quedaran en pesos, hasta ver cómo vienen las encuestas para la primera vuelta.
- En tanto, las novedades políticas de la semana aumentaron la inquietud en el mundo económico. El cierre de listas para las elecciones dejó a la oposición mejor perfilada que al oficialismo, aunque es relativo, ya que se deberán esperar los resultados electorales. Aún así, da la impresión de que el frente que lidera Cristina se amplió más que aquel que lidera el presidente Macri.
- Por su parte, Miguel Ángel Pichetto sumó poco y nada en términos de dirigentes o acuerdos con el peronismo, si bien fue protagonista de un espectáculo lamentable contra José Luis Espert, que deberá verse cuánto impactará finalmente en la elección. Pero tampoco logró el apoyo y respaldo de los gobernadores, ni dirigentes sindicales, ni de ninguno de sus compañeros del Senado a la fórmula con Macri. Asimismo, Pichetto fue separado del bloque federal que ahora con el cordobés Carlos Caserio se acercó a Cristina, y lo obligaron a dejar el sillón estratégico del Consejo de la Magistratura.
- En ningún caso mejoró demasiado para el oficialismo el panorama del armado de boletas en las provincias. Con boleta corta, sin pegar los legisladores nacionales ni a la boleta de Macri ni a la de Cristina, van los gobiernos provinciales que ya se sabían independientes: Schiaretti en Córdoba, los movimientos provinciales en Neuquén y Río Negro, el frente misionero y el gobierno hegemónico de Santiago del Estero, que coloca fieles pegados a todas las boletas. Los distritos clave como Santa Fe, Tucumán, Entre Ríos y una docena de provincias más van con los diputados o senadores nacionales que responden al gobernador y elegido, pegados en la boleta de Cristina.
- Tampoco supuso Pichetto, hasta ahora, la apertura política que muchos esperaban en el presidente Macri. El armado de las listas fue cerrado entre Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, asistidos ambos por sus jefes de Gabinete, Marcos Peña y Federico Salvai. En las listas fueron los macristas y vidalistas de paladar negro, lejos de los pedidos que había formulado Pichetto para peronistas aliados. Ni siquiera confiaron Macri y Vidal en los peronistas que tenían en su equipo: Rogelio Frigerio y Emilio Monzó fueron desterrados.
- El único que amplió en serio su base política fue Horacio Rodríguez Larreta, que sumó desde Lousteau a Roy Cortina, desde Nosiglia a la doctora Carrió. Tiene la ventaja, además, de su vistosa y exitosa gestión de competir con un peronismo siempre débil en el distrito Capital.
- En la provincia de Buenos Aires, clave para la elección, se amplió más Cristina, al sumar al Frente Renovador de Sergio Massa y sobre todo al movimiento Evita, que en 2017 le restó 5 puntos que fueron a Florencio Randazzo. Por ese motivo es tan delicada la situación de María Eugenia Vidal para octubre y, en consecuencia, súmamente riesgosa también para la reelección de Macri. Un ascenso de Axel Kicillof a la provincia de Buenos Aires sería muy mala señal para los mercados y la economía.
- Pero se desvaneció la ilusión de que Alberto Fernández logre autoridad para gobernar sin la influencia de Cristina, La Cámpora y los sectores de izquierda que se cuelan detrás de la expresidenta. Si el gobierno de Alberto funciona del modo en que se armaron las listas, hay motivos para preocuparse, ya que las decisiones y el poder parecen concentrados en Cristina. Inmerso en este contexto, el Congreso tendrá, gane o pierda el frente contra Macri, un Senado y una Cámara de Diputados mucho más opositora, estatista e intervencionista
- Por otro lado, entre empresas que han tenido buena relación con el kirchnerismo, y en particular con el equipo de Axel Kicillof, circulan borradores con presuntas medidas que podría tomar el gobierno de Alberto Fernández. Nadie las confirma, también podrían ser parte de la acción psicológica del Gobierno para alentar el miedo al regreso de Cristina.
- Y esta situación implicaría no solamente el regreso del cepo, controles de precios y aumentos de impuestos con retenciones unificadas a 30% para todo el campo, sino la pesificación y congelamiento de tarifas y la estatización de varios sectores económicos, la explotación de Litio, por ejemplo. Acercamiento a China y Rusia para evitar el default si los mercados normales no le refinancian a la Argentina y, demás, dislates como el aumento del IVA en productos suntuarios.
- Un panorama nada fácil, ni siquiera si Mauricio Macri gana la reelección. Todos los economistas, de FIEL a Melconian, de Espert a Javier Milei, de Ferreres a Prat Gay, advierten que, una vez que pasen las elecciones, hay que rediseñar el plan económico con el FMI. El dólar congelado, la recesión y las supertasas de interés esperan respuesta.
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