Lo que Alberto Fernández todavía no anunció

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION

Lo que Fernández todavía no anunció

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17 de diciembre de 2019  • 17:43

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A continuación, sus principales conceptos:

  • En la Argentina no se sabe muy bien cómo se cobran los impuestos; qué significado tiene cada uno y cuántos se pagan. Tampoco se conoce cómo es la maraña de la coparticipación y el compromiso de las provincias en la recaudación, en los ingresos y en el gasto. Se trata de un clima bastante nebuloso en el que se mueve la política fiscal.
  • Hay quienes piensan, y esto define toda una visión de la vida pública, que la función de la política es resistir el poder avasallante del Estado, y en la Argentina pareciera que la política está diseñada para recaudar y obtener recursos, con un problema central que es la evasión. Un sector de la sociedad paga más para que el otro no lo haga. Esta es la discusión que comienza a gestarse entre quienes quieren que haya menos Estado y aquellos que piensan que este debe resolver los problemas pendientes. Esto es lo que, irónicamente, Octavio Paz llamaba "el ogro filantrópico".
  • Detrás de esta discusión hay una más específica, desde el punto de vista político, que tiene que ver con el voto. Muchos funcionarios ligados a Mauricio Macri decían que a su fuerza política la eligió el 85% del producto bruto interno (PBI), lo que se traduce en esa franja del medio donde se concentra la riqueza en la Argentina que, a su vez, es el 40% de su electorado.
  • A la nueva administración, en cambio, la votaron mayoritariamente los más vulnerables, que son aquellos que requieren más de la asistencia del Estado. Por lo tanto, la visión de la actual gestión responde al mandato electoral: para asistir a aquellos que están excluidos hay que obtener recursos de ese 85% del PBI, en otras palabras, del 40% que lo votó a Macri.
  • Aparte de esta discusión, existe otra que se da en el campo de la política económica. Es evidente que Alberto Fernández recibió el mandato de reanimar la economía y sacar al país de la enorme recesión.
  • ¿Qué quiere decir todo esto? El éxito o el fracaso de la gestión de Fernández se va a medir en función de este mandato o cometido. A partir de ello, el Presidente y su equipo pensaron una estrategia que se basa en quitar recursos de aquellos que ahorran para rellenar el bolsillo de quienes tienen sus necesidades insatisfechas.
  • Eso implica subir los impuestos de ese 85% del PBI, para darle una mayor capacidad de consumo y de gasto a los sectores que votaron a Fernánadez y a Cristina Kirchner. Esa es la estrategia detrás de las medidas recientemente anunciadas. En tanto, el impuesto sobre el ahorro para estimular el consumo está en el corazón de todas las políticas kirchneristas de la experiencia anterior, que fue de 2003 a 2015. Lo que se busca con esto es estimular el consumo a través de una tasa de interés negativa, es decir que los bancos remuneren los ahorros menos que la inflación. Se repite esta lógica con un castigo al ahorro y, sobretodo, con impuestos como el de Bienes Personales.
  • También se van a congelar las tarifas hasta el 30 de junio del año que viene y se va a salir de la dolarización; que aún los expertos en energía consideran que fue una medida bastante disparatada de Juan José Aranguren, quien apostó a una estabilidad cambiaria que el gobierno de Macri no pudo ofrecer. Asimismo, va a haber una moratoria para las pymes con intereses bajos y seis meses de gracia.
  • Otro de los anuncios que se hizo es el acuerdo con los laboratorios medicinales para bajar el precio de los medicamentos y llevarlos al valor de octubre. Habrá que ver si esta ley de emergencia que se envió al Congreso no esconde una ventaja para los laboratorios. Un ejemplo de esto sería que el Estado pueda hacer compras sin licitación en medio de la urgencia. También habrá que ver qué estímulo se le dará a determinados sectores o empresas de los laboratorios nacionales para que puedan fabricar genéricos. Todos estos son, por el momento, signos de interrogación que tienen que ver con los compromisos del nuevo oficialismo con la industria farmacéutica, sobre todo con la local.
  • Fernández también anunció una política de cuidado de las reservas del Banco Central, que es un cepo más fuerte y más estricto. Se trata de un impuesto especial que implica un 30% más para todo aquel que haga compras en dólares al viajar al exterior o por Internet.
  • En cuanto a Bienes Personales (que va tener la misma alícuota que tenía en 2015), se van a gravar los bienes del exterior con un impuesto que es el doble (esto va ser muy discutido). Las retenciones aumentan 30% para la soja, 12% para el trigo y el maíz y 9% para la carne y el arroz. Esto genera todo un debate político, obviamente, con el campo: un sector con el que el gobierno de Cristina Kirchner ya había quedado enfrentado.
  • Se presenta aquí una curiosidad. Mientras que el gobierno de Fernández se estaba formando y se pensaba que el ministro de Agricultura iba a ser Gabriel Delgado, tanto él como Matías Kulfas y el propio Santiago Cafiero iniciaron conversaciones con todos los sectores relacionados con el sector agroalimentario para llegar a un consenso respecto al aumento de las retenciones.
  • Sin embargo, asumió como ministro Luis Basterra, que se encuentra ligado a los movimientos sociales, pero finalmente no existió el contacto con los otros sectores. El área de agroindustria está conducida por personas de distinta procedencia como Pancho Anglesio -un santacruceño vinculado a Máximo Kirchner- y Julián Echazarreta -quien llegó de la mano de Julián Domínguez.
  • Por el momento, esto es lo que se conoce. A partir de esto, aparecen o se deducen determinadas incógnitas que el Gobierno todavía no despeja con su discurso global.
  • ¿Qué relación existe entre un impuestazo y el nivel de actividad económica? Hay una idea central de todo el pensamiento keynesiano que se basa en la idea de que si se restringe demasiado el gasto público aumenta la recesión, se recauda menos y, por lo tanto, se exagera el déficit. Pero, si se le quita dinero al sector privado vía impuestos, ¿no es recesivo?
  • El otro interrogante que se desprende es: ¿qué relación hay entre el dinero que se va a poner en el bolsillo de la gente y la emisión monetaria?
  • ¿Qué riesgo inflacionario entraña esta política de expansión del gasto? En Twitter circula un video de un discurso de Antonio Cafiero en el año 75' (cuando era ministro de Economía) en el que anuncia medidas prácticamente iguales a las que hoy difunde Fernández y plantea el riesgo que tiene una política monetaria expansiva y el que tiene aumentar o disparar la inflación. Están los que dicen que aquella política terminó en la tormenta del Rodrigazo.
  • Por otro lado, se encuentra la política respecto al dólar, otro signo de pregunta sin respuesta por parte del oficialismo. El Gobierno los cuida, pero aun haciéndolo, con el nuevo cepo, la duda pasa por si alcanzarán los dólares si no se llega a una negociación rápida con los acreedores.
  • El interrogante está en cómo el Gobierno hará frente a los próximos vencimientos que se presentan ahora y en mayo del año que viene. ¿Cómo sigue la relación con el FMI? ¿Puede haber una formulación global de un plan económico si no hay un megaministro de esa cartera?
  • Las dudas sobre la relación con el FMI son interrogantes que se desprenden, en realidad, como una cuestión de política exterior porque se trata de la relación que tendrá la Argentina con los otros países y especialmente con Estados Unidos, que es un factor determinante porque el cheque se firma en el departamento del Tesoro.
  • La relación ha tenido varias novedades, sobre todo, en relación a un personaje amigo de Carlos Zannini: Gustavo Cinosi, quien tiene un peso enorme al lado de Luis Almagro, el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), y con quien Fernández mantuvo una relación muy estrecha cuando era jefe de Gabinete. No obstante, en las últimas horas el escenario cambió, ya que Cinosi se encuentra detrás de Almagro con la política contra Evo Morales y, por lo tanto, se opone a Alberto Fernández y a la Argentina respecto de Bolivia. Lo de Cinosi también implicaría otra derrota para Juan Manzur -quien no consiguió quedarse con el ministerio de Salud- en cuanto al nuevo armado de poder.
  • Otro asunto importante en materia de política exterior, resistido por la cancillería de Macri y por varios expertos que rodean a Fernández y a Felipe Solá, es un pedido expreso del tesoro de los Estados Unidos: la incorporación de Hezbollah como una organización terrorista.
  • Otra contradicción se da en la relación con Venezuela ahora que el Gobierno dejó trascender que, a cambio de una buena relación con Trump, aceptó pedirle a Nicolás Maduro que mejore las condiciones carcelarias de cinco venezolanos con ciudadanía norteamericana. Si hay cinco presos que aparentemente están siendo sometidos a condiciones inhumanas en Venezuela, uno esperaría que un gobierno que se abraza a la bandera de los derechos humanos pida sin exigir nada a cambio. ¿Entenderá Donald Trump que Fernández pidió esto porque quiere llevarse bien con él o creerá que lo hace porque la Argentina es autónoma y pide por lo que le parece justo?
  • Otra cuestión importante se dio anteayer con el encuentro de Evo Morales y el Presidente en Olivos. Durante la cena, de la que también participó Cristina, Fernández le explicó al exmandatario boliviano que era un refugiado y no un asilado y que, como tal, tiene el derecho de ejercer la política desde el país. Ahora bien, el mensaje fue claro: "Si querés ser jefe de campaña del Movimiento al Socialismo (MAS) lo podés hacer desde la Argentina, pero no te radiques en Salta ni en Jujuy". ¿Hay en este pedido también una 'sugerencia' de Estados Unidos? No se sabe.
  • Hasta ahora, el discurso económico peca del mismo error que el de Macri durante los últimos dos años de gobierno y es que describen la emergencia y las medidas ligadas a ella, pero es imposible que ahonden en cómo se sale de la urgencia y cuál es la estrategia a mediano plazo.
  • El otro problema es quién manda y ese conflicto aparece con un gabinete muy loteado. Lo cierto es que Cristina Kircher se quedó con puntos neurálgicos de poder, como la Dirección General Impositiva (DGI) y la procuración del Tesoro, donde está Zannini, jefe de todos los abogados del Estado. También, se quedó con el ministerio del Interior, por ende, con la relación de Fernández y los gobernadores. Asimismo, tiene influencias que llegan al segundo rango del ministerio de Justicia, a cargo de Juan Martín Mena, procesado -junto a ella- por el acuerdo con Irán. Y, por último, su poder se expande al Consejo de la Magistratura a través de La Cámpora, con el delegado del poder ejecutivo, Gerónimo Ustarroz.
  • El loteo del gabinete tiene otras consecuencias y una de ellas es, en alguna medida, la batalla campal que se está dando en el sindicato -físicamente tomado- de la Unión Tranviarios Automotor (UTA). Hay un tuit de Facundo Moyano que muestra una foto de Roberto Fernández con Macri, indicando que este es un hombre del expresidente.
  • Por un lado, existe una expectativa por el reparto de subsidios que es una caja maravillosa y opaca como casi todas y, por el otro, hay un conflicto interno entre Mercedes Benz e Iveco por la provisión de materia rodante.
  • Se da también un conflicto por la conducción del ministerio de Transporte, donde se encuentra un hombre de Sergio Massa, Mario Meoni. Tendría que haber puesto, y este era el sueño de Moyano, como segundo a Guillermo López del Punta, pero en su lugar puso al abogado de Roberto Fernández como jefe de gabinete de esa cartera. Esta decisión desató una disputa por el control del ministerio que dio lugar a un paro en Transporte, donde los opositores de Fernández (avalados por Moyano) quieren mostrar que en realidad la fuerza la tienen ellos.
  • Detrás de este problema se esconde la gran pregunta: ¿sirve este loteo entre distintas facciones del Frente de Todos? ¿Funciona un gabinete donde el equilibrio inestable va a ser aparentemente el signo de un Gobierno descentrado por tener una vice con un poder extraordinario?
  • Hoy, Alberto Fernández afronta su primer conflicto de la mano de sus amigos sindicalistas, un problema entre "los gordos" y Moyano basado en la confianza. Para saber si hay que confiar muchos se preguntan quién manda, y a este interrogante solo lo puede contestar Fernández.

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