Lo que dejó el traspié legislativo oficialista

Alejandro Catterberg
Alejandro Catterberg PARA LA NACION
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16 de diciembre de 2017  

Más allá de la violencia organizada que caracterizó la jornada dentro y fuera del Congreso, el oficialismo falló en asegurarse un número robusto de legisladores necesario para sesionar, un hecho que parecía garantizado luego del tratamiento sin conflictos dado por el Senado hace apenas unas semanas. En Cambiemos pareció reinar el desconcierto y la sorpresa frente a la agresividad kirchnerista, la posición intransigente del massismo y la ausencia de legisladores peronistas que computaban para poder iniciar la sesión.

A su vez, ayer también se constató que la mimetización del kirchnerismo con los sectores de izquierda dura es casi completa. Ya no sólo se lo observa en lo discursivo, sino que ahora coordinan el accionar político y la militancia en la calle. Los dirigentes de ambos espacios actuaron con el mismo objeto y bajo las mismas premisas, y no dudaron en mostrarse juntos todo el tiempo.

Quedó además en evidencia la frágil relación que existe entre Elisa Carrió y Mauricio Macri. Luego de meses de campaña electoral donde convivieron armoniosamente, la diputada puso límites tajantes al accionar del oficialismo: prometió una compensación a los jubilados, dio por terminada la sesión, criticó el operativo de seguridad y descartó un DNU que se discutía en Casa Rosada. Pero, quizá, lo más negativo sea que transmiten la señal a la sociedad de que la comunicación entre ellos es a través de Twitter y la televisión, y no frente a frente y reservadamente.

En la fallida sesión se empezó a vislumbrar el nuevo posicionamiento del massismo. Atrás quedó la etapa de colaboración con el gobierno nacional y provincial. Luego de la deslucida performance electoral del Frente Renovador, sin la necesidad de recursos que conlleva la administración de un distrito, y tras la decisión del Gobierno de apartarlo como vehículo principal para alcanzar mayorías, el massismo decidió endurecer su postura opositora y acercase al sindicalismo antigobierno.

Sergio Massa, tras la primera sesión sin una banca, participó activamente en varios programas televisivos rebatiendo así su supuesta vocación de alejarse por un tiempo de la exposición pública.

Finalmente, ayer quedó en claro la crisis de liderazgo y coordinación que existe en el peronismo federal. Atrapados entre un oficialismo que avanza electoralmente y un kirchnerismo que lo corre con las banderas de la justicia social, los gobernadores peronistas hicieron fracasar la sesión en su bautismo como principales interlocutores y contraparte del gobierno nacional.

Un interrogante persiste: ¿lo hicieron por acción, para mandarle una señal política al macrismo o por omisión, porque no pudieron liderar a los legisladores de sus distritos? La segunda opción es más preocupante, ya que siembra dudas sobre su poder, su futuro y sobre si el gobierno nacional acertó en elegirlos como interlocutores con influencia real en el Congreso.

Los hechos de ayer van a afectar seguramente parte del capital y apoyo político obtenido por el oficialismo en las elecciones, a la vez que generan dudas e incertidumbre entre inversores locales y extranjeros, que observan las dificultades que tiene el sistema político argentino en acordar reformas mínimas en relación al tamaño de los desafíos económicos que enfrenta el país.

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