Polémico cambio de nombre, batalla legal y una obsesión de Trump: cómo es el instituto en el que Milei volverá a ver al magnate
El Departamento de Estado rebautizó el centro creado en 1984 para homenajear al presidente norteamericano; los preparativos para la sesión inaugural del Consejo de Paz del jueves, en Washington
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WASHINGTON.- El 4 de diciembre pasado, solo un día después de que un grupo de operarios instalara el nombre Donald J. Trump en grandes letras plateadas en dos sectores del exterior de la sede del Instituto de la Paz de Estados Unidos, el presidente norteamericano “inauguró” el rebautizado centro en esta capital con la firma de un acuerdo de paz entre los líderes de Rwanda y la República Democrática del Congo.
“El instituto, cuyo hermoso y acertado nombre hace honor a un presidente que puso fin a ocho guerras en menos de un año, será un poderoso recordatorio de lo que un liderazgo fuerte puede lograr para la estabilidad global. ¡Felicitaciones, mundo!”, señaló en ese momento la Casa Blanca sobre la controvertida decisión de adosar el nombre del magnate al instituto creado por el Congreso en 1984 bajo la administración del entonces presidente Ronald Reagan.

La sede del “Donald J. Trump Instituto de la Paz de Estados Unidos” en Washington, ubicada en diagonal al Departamento de Estado y muy cerca del Monumento a Abraham Lincoln, será este jueves por la mañana el escenario del debut del Consejo de Paz lanzado por el líder republicano en el Foro de Davos, el mes pasado, y en donde volverá a encontrarse con su aliado Javier Milei.

El Presidente -quien acompañó a Trump en el lanzamiento del organismo, en Suiza- será uno de los líderes de los 27 países que participarán de la primera reunión formal del Consejo, enfocado en la reconstrucción de la Franja de Gaza y que ha generado escepticismo en varios gobiernos sobre las reales intenciones del mandatario republicano.
La incorporación del nombre de Trump al instituto, estampado en su fachada sobre la calle 23, parece ser una continuación del esfuerzo del presidente por presentarse como un negociador diplomático global, en medio de su intensa campaña el año pasado para ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz (elección que finalmente recayó en la opositora venezolana María Corina Machado).
Aunque el nombre de Trump reluce fuera del edificio - diseñado por el arquitecto israelí-canadiense Moshe Safdie y terminado en 2011-, dentro no hay señales del cambio que aplicó la Casa Blanca. “Bienvenidos al USIP”, se lee en las puertas de acceso y en la cartelería del interior, en referencia a las siglas en inglés del Instituto de la Paz de Estados Unidos.
“Era una entidad inflada e inútil que malgastaba 50 millones de dólares al año sin lograr la paz”, la descalificó en diciembre pasado Anna Kelly, vocera de la Casa Blanca. Para la administración republicana, desde entonces su historia dio un vuelco.
El martes por la tarde, personal de la Casa Blanca aceleraba los preparativos allí para la primera sesión del Consejo de Paz, que según advierten los especialistas busca rivalizar con las Naciones Unidas, organismo multilateral que ha sido foco recurrente de las críticas de Trump.

Delegaciones diplomáticas, de protocolo y de seguridad de los 26 países que adhirieron al Consejo como miembros fundadores -además de Estados Unidos- se congregaron en la sede del edificio para interiorizarse de los detalles organizativos.
De fondo, en el George Shultz Great Hall -en honor al ex secretario de Estado norteamericano entre 1982 y 1989-, varios operarios montaban el escenario para el evento del jueves, que está pautado comience a las 10 (hora local, las 12 en la Argentina). Terminará cerca del mediodía, ya que Trump partirá luego hacia un evento en Rome, en el estado de Georgia.
La sorpresa de varias de los presentes extranjeros en la reunión informativa era por el espacio acotado del hall, que llevó al personal de protocolo de la Casa Blanca a limitar el número de integrantes que acompañará a cada de uno de los mandatarios. Milei estará junto a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el canciller Pablo Quirno. Está previsto que la comitiva -que llegará a Washington en la noche del miércoles- esté de regreso en Buenos Aires el viernes a las 7.30, informó la Casa Rosada.
Además de la Argentina, a la iniciativa de Trump se sumaron Albania, Arabia Saudita, Armenia, Azerbaiyán, Bahrein, Belarús, Bulgaria, Camboya, Egipto, El Salvador, Emiratos Árabes Unidos, Hungría, Indonesia, Israel, Jordania, Kazajistán, Kosovo, Marruecos, Mongolia, Pakistán, Paraguay, Qatar, Turquía, Uzbekistán y Vietnam.
En representación de Israel estará el canciller Gideon Sa’ar. El primer ministro Benjamin Netanyahu firmó recién el miércoles de la semana pasada, durante una visita a Washington, su adhesión al Consejo de Paz. El organismo, presidido de forma vitalicia por Trump, fue creado para supervisar el plan de paz en la Franja de Gaza auspiciado por Estados Unidos, pero posteriormente se amplió con el objetivo de impulsar la resolución de otros conflictos internacionales.

Trump adelantó el domingo que los países miembros del Consejo destinarán más de 5000 millones de dólares a “iniciativas humanitarias y de reconstrucción” en Gaza, devastada tras la guerra de más de dos años entre Israel y el grupo terrorista Hamas. Se esperan más detalles al respecto tras la reunión de este jueves.
“No tenemos la obligación de asistir, pero la idea es que nuestra embajadora en Washington esté como observadora”, dijo a LA NACION un diplomático europeo presente en el Instituto de la Paz.
Los principales países europeos y otros latinoamericanos -como Brasil- rechazaron el ofrecimiento de Trump de sumarse a la iniciativa, mientras que la decisión de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, de sumar a su país como observador desató fuertes críticas internas.
Habitué de muchos eventos organizados por Trump, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, será otro de los que dirá presente en Washington para la sesión inaugural del Consejo de Paz.

Batalla legal
El edificio donde se desarrollará el evento, con un imponente techo de vidrio y diseñado como símbolo nacional de la paz, se financió con una combinación de fondos privados y federales, y se ubica en terrenos propiedad de la Marina, que transfirió la jurisdicción a la entidad hace más de dos décadas.
El año pasado, tras la asunción de Trump el 20 de enero, el Instituto de la Paz había quedado envuelto en una batalla legal. El presidente firmó en febrero una orden ejecutiva para eliminar sus funciones no estatutarias “en la máxima medida compatible con la ley”, y reducir el personal “a la mínima presencia”. Luego, fue intervenido por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés), que lideraba el multimillonario Elon Musk.
En la disputa legal, el USIP ha sostenido que al ser una creación independiente del Congreso está ajena a la autoridad ejecutiva del presidente, pero el gobierno argumenta que es una organización del Poder Ejecutivo.
Después de que Trump despidiera en marzo pasado a la mayoría de los integrantes de la junta directiva del Instituto, parte del personal también fue desvinculado en julio y el edificio fue transferido -por poco tiempo- a la Administración General de Servicios (GSA, por sus siglas en inglés). Después, fue el Departamento de Estado, que lidera el secretario Marco Rubio, el que quedó a cargo.
This morning, the State Department renamed the former Institute of Peace to reflect the greatest dealmaker in our nation's history.
— Department of State (@StateDept) December 3, 2025
Welcome to the Donald J. Trump Institute of Peace. The best is yet to come. pic.twitter.com/v7DgkoZphn
“El Departamento de Estado cambió el nombre del antiguo Instituto de la Paz para reflejar al mayor negociador en la historia de nuestra nación. Bienvenidos al Instituto de la Paz Donald J. Trump. Lo mejor está por venir“, auguró el posteo oficial del 3 de diciembre.
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