Regresan las protestas piqueteras: el Gobierno relativiza su impacto, pero volvió a vallar la Casa Rosada
Las manifestaciones habían menguado tras el ataque a Cristina Kirchner, pero la semana pasada volvieron a producirse varios reclamos en distintos puntos; la izquierda organiza un acampe para este martes
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El martes, las organizaciones sociales de izquierda agrupadas en la Unidad Piquetera volverán a salir a la calle bajo la amenaza de permanencia por tiempo indeterminado en la avenida 9 de julio, frente al Ministerio de Desarrollo Social, y con réplicas en distintos puntos del país. El movimiento se suma a los que se dieron la semana pasada, principalmente el jueves, cuando distintos grupos volvieron a salir a la calle para reclamar. Se trata de las primeras movilizaciones tras lo sucedido el 1° de septiembre, cuando fue atacada la vicepresidenta Cristina Kirchner.
En la antesala de las protestas piqueteras, el conflicto se extendió también al sector privado, donde la empresa Bridgestone anunció el cierre temporario de sus plantas como consecuencia de una fuerte protesta gremial.
En el Gobierno intentan relativizar el impacto de las protestas, pero la semana pasada se volvieron a colocar vallas en el frente de la Casa Rosada.
“Metabolizamos la protesta”, respondieron en la Casa Rosada, ante la consulta de LA NACION sobre las movilizaciones que vuelven a ganar la calle y que habían tenido su máxima expresión a mediados de agosto pasado, cuando tanto la izquierda como la CGT compartieron reclamos. Fue en una misma jornada, que ubicó al presidente Alberto Fernández, con una actividad en La Rioja, lejos del epicentro del reclamo.
En el Gobierno reconocen que existe una alerta, pero se muestran confiados en que el martes se repetirá un número similar de manifestantes, como los que se vieron en las últimas marchas. Es decir, descartan que exista una escalada de la conflictividad.
“No lo vemos”, responden en la Casa Rosada sobre una eventual escalada. Y agregan: “En el mejor momento de (el líder del Polo Obrero, Eduardo) Belliboni, cuando logró hacer un acampe, fue menos de lo que esperaban y cuando más sacaron a la calle fueron unas 30.000 personas”.
En plena pulseada por los planes sociales, el Gobierno vincula también la supuesta debilidad del Polo Obrero con la escasez de recursos. “Les cuesta cada vez más movilizar porque no tienen caja, entonces no logran mover”, estimó un hombre de la Casa Rosada que conoce de cerca los reclamos de los movimientos. El diagnóstico nacional contrasta con la mirada del gobierno porteño, donde consideran que la marcha puede llegar a niveles más altos de concurrentes. Entre los reclamos de los manifestantes se acumulan la reapertura del padrón de beneficiarios de programas sociales, el aumento de las jubilaciones y del salario mínimo, entre otros.
“Después de lo que pasó (en referencia al atentado contra Cristina Kirchner), todos los sectores bajaron los decibeles, porque en general hubo una toma de conciencia de que acá vuela una chispa y se arma un quilombo muy grande en serio”, completó sin eufemismos otro hombre del Poder Ejecutivo nacional. “La realidad es que las marchas están controladas y la izquierda tiene que marchar porque ese es su negocio”, completó.
Para el Gobierno, los comedores sociales están abastecidos. “Están todos comiendo, porque la comida llega perfecto, lo que no llega es el efectivo”, puntualizan.
Protestas
En los últimos días ya se registraron distintas movilizaciones en parte de la ciudad de Buenos Aires. El jueves coincidieron la de protesta de la Asociación Docente Ademys, que sumaron concentración y conferencia de prensa en Callao y Corrientes; el Frente Patria Grande se manifestó en reclamo de la ley de humedales; la asociación Apinta, de trabajadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). A lo que se agregó, en el Obelisco, el plenario de la Unidad Piquetera, en el que bajo la consigna “esto no va más!” se decidió la marcha de este martes.
A eso también se sumaron las protestas del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático (Sutna), frente al Ministerio de Trabajo, del que incluso tomaron un piso. Una escalada que, aunque se relativiza desde el Gobierno, tuvo como respuesta concreta un nuevo vallado en la Casa Rosada, como el que había tenido hasta hace pocas semanas, cuando buscaban evitar que quienes reclamaban por la situación en el área de discapacidad, pegaran carteles en las rejas del edificio.
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