Del divorcio político Milei-Villarruel al rechazo de Ficha Limpia, un año a puro vértigo en un Senado complejo
En 2025 pasaron hechos inéditos, como el traspié con los dos candidatos a jueces de la Corte, que la oposición tome el control del recinto o la insistencia en dos leyes después de más de 20 años
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Dos candidatos a jueces de la Corte Suprema frustrados, un proyecto que fracasó en el recinto por orden del gobierno que ahora promete impulsarla, una sesión autoconvocada por la oposición y dos leyes vetadas por el Poder Ejecutivo que lograron reunir el apoyo de los dos tercios para su insistencia. La lista refleja lo que ocurrió en el Senado a lo largo de un año sin precedentes, por momentos vertiginoso.
El 2025 fue también el año en el que terminó de concretarse el divorcio político entre Javier Milei y Victoria Villarruel. Si bien la historia está plagada de peleas entre presidentes y vicepresidentes, la disputa en la cima del poder alcanzó niveles de virulencia sólo comparables con aquella puja que terminó con la renuncia de Alejandro Gómez a los seis meses de asumir Arturo Frondizi.
El enfrentamiento no parece tener marcha atrás. El jefe del Estado llegó a llamar “bruta traidora” a quien la acompañó en el ticket que lo llevó a ganar la primera magistratura.
La presidenta del Senado, por su parte, replicó con claros gestos de diferenciación con el modelo de gestión e ideológico de Milei y contratando como principal asesor a Mario Russo, un enemigo declarado del Presidente y su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
La disputa tuvo momentos absurdos, más propios de una pelea de adolescente que de la relación entre adultos, como cuando Villarruel se negó a cederle a la hermana presidencial un palco en la sesión de jura de los nuevos senadores, el pasado 28 de noviembre. ¿El motivo? La decisión de la funcionaria de mandar a un tercero, ni más ni menos que Patricia Bullrich, a gestionarle un lugar desde el cual seguir la ceremonia porque no se lo quería pedir a la vicepresidenta que, a fin de cuentas, era la dueña de casa.
El año empezó con una polémica que terminó mal para el Gobierno y que bien puede verse, a la luz de los hechos, como un anticipo de lo que iba a ocurrir a lo largo del año. El fuego lo abrió Milei a fines de febrero, cuando nombró en comisión por decreto simple a Ariel Lijo y a Manuel García-Mansilla como jueces de la Corte Suprema.
La designación se produjo por impulso del asesor Santiago Caputo, por aquel momento en el pináculo de su influencia en el Gobierno, y tan sólo tres días antes del inicio de las sesiones ordinarias del Congreso. La jugada intentó destrabar una cuestión que había empezado a mediados de 2024 con el envío de los pliegos de ambos postulantes y que, nueve meses después, seguía empantanado. Pero terminó provocando la reacción contraria.

El kirchnerismo, frustrado porque no había logrado ubicar a un candidato propio, encontró el apoyo de senadores de la UCR y de Pro, que vieron en el nombramiento por decreto una burla a la facultad constitucional del Senado, y ambos pliegos fueron rechazados por amplia mayoría en una sesión celebrada el 4 de abril. Fue la primera vez que el Senado rechaza en el recinto a dos candidatos a jueces supremos desde el retorno de la democracia, en 1983.
Así, García-Mansilla tuvo que dejar el tribunal, en el que había jurado poco antes en una ceremonia convocada a las apuradas. Desde entonces, el Gobierno sigue sin enviar nuevos candidatos y el máximo tribunal funciona con tres de sus cinco miembros.
Punto de inflexión
Poco más de un mes después, a inicios de mayo, el recinto del Senado se iba a convertir en epicentro de otro terremoto político cuando, de manera inesperada para casi todos, cayó rechazado el proyecto de ley de Ficha Limpia por la falta de un voto. La Constitución ordenaba reunir 37 voluntades, la mitad más uno de los miembros del Senado, pero sólo consiguió 36 apoyos.
La clave para el fracaso del proyecto, que impulsaba el Pro y algunos sectores de la UCR y que rechazaba de manera enfática el kirchnerismo, fue el giro de 180 grados de los senadores Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, ambos del Frente Renovador de la Concordia de Misiones, que apenas unos días antes habían anticipado su voto a favor, pero que a la hora de la verdad terminaron pulsando el botón rojo del rechazo.

Las razones del cambio nunca quedaron del todo claras. Pero lo concreto es que ambos senadores responden a Carlos Rovira, líder y fundador del partido que gobierna desde hace más de 20 años la provincia mesopotámica, y que hasta ese momento y después de esa votación siempre actuaron como firmes aliados de la Casa Rosada. Tras una mal impostada indignación, negando responsabilidad en el fracaso del proyecto de ley, ahora el Gobierno promete que impulsará Ficha Limpia el año próximo.
Para algunos funcionarios del oficialismo la caída de Ficha Limpia fue el punto de inflexión a partir del cual la Casa Rosada comenzó a perder el control del Congreso y, en particular, del Senado. Otros análisis señalan que uno de los factores determinantes fue la política de Karina Milei de competir en las elecciones con el sello de La Libertad Avanza en todas las provincias, aun cuando eso implicase enfrentar a gobernadores que habían jugado como aliados de Milei.
Lo concreto que desde aquella sesión el oficialismo lo único que intentó hacer fue mantener cerrado el recinto del Senado. Y el fracaso fue rotundo, al extremo que el 10 de julio una mayoría de casi 40 senadores del kirchnerismo, la UCR y Pro lograron, en un hecho sin precedentes en la historia del Senado, sesionar sin que mediara una convocatoria oficial de la Presidencia de la cámara. Para evitar la imagen de rendición incondicional, Villarruel se puso al frente de la sesión, lo que le valió las críticas de la Casa Rosada con la entonces ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, a la cabeza.
En aquella sesión la oposición sancionó las leyes de financiamiento universitario y de declaración de emergencia en materia de atención a la discapacidad, normas que Milei había prometido vetar por considerar que rompían el equilibrio fiscal.
Y cumplió, pero a diferencia de lo que había ocurrido el año anterior con la primera ley de financiamiento universitario, en esta oportunidad la oposición logró reunir en ambas cámaras los dos tercios necesarios para insistir en su sanción. En el Senado fue paliza: 58 votos ayudaron a rechazar de manera definitiva el veto de Milei. Se rompió, así, con más de dos décadas en las que el Congreso no había logrado insistir con su sanción e imponer su voluntad por sobre la del Poder Ejecutivo.
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