Un repliegue táctico que solo anticipa nuevas tormentas

Jorge Liotti
Jorge Liotti LA NACION
Crédito: CIJ
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16 de mayo de 2019  • 12:31

Ganará quien sabe cuándo luchar y cuándo no luchar". El repliegue que ensayó la Corte Suprema pareció inspirado en las enseñanzas de guerra del general chino Sun Tzu, porque si bien actuó ante la fuerte reacción adversa que generó su intervención en la causa de Vialidad, también está claro que no se apartó del tema. Por el contrario, dio señales de que se trató solo de una decisión táctica.

Dos días después de haber sacudido el tablero político y judicial al pedir el expediente por el que por primera vez Cristina Kirchner será juzgada en una causa de corrupción, el máximo tribunal buscó minimizar su giro con un comunicado en el que la cuestión pareció reducirse a un simple malentendido entre originales y fotocopias, y no a una decisión de profundas implicancias jurídicas.

Los responsables de llevar adelante la dinámica de la Corte, es decir los cuatro jueces que votaron a favor de intervenir en el caso, evaluaron el negativo impacto político y social que había generado su decisión, que anteanoche encendió algunos cacerolazos y que tenía en camino la convocatoria a una marcha. Una fuente del tribunal admitió: "Se tomó debida nota del efecto que generó y por eso se resolvió enfriar un poco el tema".

Pero además hubo una genuina preocupación por las señales que envió el Tribunal Oral N°2, al no dar respuesta con celeridad al pedido de la Corte, y al dejar trascender que esa dilación respondía a un fuerte debate interno sobre quién debía hacerse responsable formalmente por la suspensión del juicio. Con estos datos sobre el tablero, ayer a la noche se motorizaron las conversaciones entre Ricardo Lorenzetti , Horacio Rosatti , Juan Carlos Maqueda y Elena Highton con el objetivo de preparar el operativo "esperar hasta que escampe".

Rosatti, que estaba de gira en Neuquén y Río Negro por una serie de charlas, debió cambiar su itinerario para regresar de apuro a Buenos Aires. Mientras tanto, Lorenzetti articulaba como bastonero las propuestas de sus pares. Durante toda la mañana conversaron varias veces sobre el rebote mediático de su decisión y de un dato que les preocupó especialmente: la difusión vía redes sociales de datos personales de algunos de ellos. Hablaron de operaciones de inteligencia que solo por elegancia evitaron atribuir al Gobierno. El rencor con la Casa Rosada es inocultable.

En este contexto de cierto desorden y apuro, lejos de las solemnes acordadas de los martes, resolvieron emitir un comunicado, que se canalizó por vías informales antes de llegar a la difusión oficial del Centro de Información Judicial (incluso generó un revuelo en redes porque se difundió primero una versión con acotaciones informales, que después fue rectificada). El presidente del cuerpo, Carlos Rosenkrantz, el único que votó en contra, se enteró de todo cuando la información se conoció en los portales de noticias. Otra vez había quedado completamente afuera de las decisiones. Aseguran dentro de la Corte que la relación entre algunos de los miembros del cuerpo y su titular "está terminada".

Sin embargo, el repliegue no quiere decir que la Corte se haya apartado del asunto, más allá de que haya dado luz verde a la simbólica imagen de Cristina Kirchner sentada el martes ante el tribunal. Cerca de uno de los ministros del tribunal lo expresaron claramente: "Esto recién empieza. En la Corte hay gente que sabe esperar. La idea original con la que se resolvió pedir el expediente está conceptualmente intacta". Sun Tzu en otras palabras.

Es más, advierten que acelerarán la copiosa agenda pendiente, donde hay "muchos temas que le interesa a la gente". Timbre para la Casa Rosada.

El mismo martes en el que se iniciará el juicio, el máximo tribunal comenzará a analizar si efectivamente hubo recursos de la defensa de los acusados que debieron ser tenidos en cuenta. Allí instruirán a los secretarios letrados para que evalúen los 60 cuerpos de la causa. No deberán leerlos completamente. Solo deberán focalizarse en los 9 recursos en discusión, especialmente en dos: el que plantea que se violaron las garantías constitucionales del debido proceso porque solo se peritaron algunas obras públicas y no todas las observadas; y especialmente el que plantea una cuestión de competencias entre las salas 1 y 4 de la Cámara.

Hay dos indicios que sugieren que los jueces van a pedir medidas adicionales que podrían retrasar no el inicio del juicio, pero sí su desarrollo posterior. El primero está incluido en el mismo comunicado, al mencionar tres antecedentes en los cuales el máximo tribunal también actuó cuando todavía no había sentencia definitiva. Buscó así desactivar el argumento técnico de que esta vez había obrado en forma inédita para beneficiar a la expresidenta. El segundo indicio no es objetivo sino deductivo: ¿la Corte va a hacer todo este movimiento para concluir que la actuación de las instancias inferiores fue correcta y no corresponde reclamarles medidas adicionales?

El retroceso de la Corte se asemeja a una acción táctica para descomprimir la presión en el corto plazo. Pero el tribunal ya dejó instalado el mensaje de que sobrevuela la causa y de que puede volver a intervenir. La Corte está poblada de hábiles tiempistas.

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