Oculta en el primer piso de uno de los edificios más impactantes de la ciudad, esta terraza sorprende por su panorama abierto, gran propuesta gastronómica y el peso histórico de su pasado
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En contraste con un barrio de aires franceses y arquitectura ornamental, emerge en medio de la Recoleta una mole de hormigón grisáceo: la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Aunque el edificio, diseñado por Clorindo Testa, propone una ruptura con el lenguaje de su entorno, desde el nivel superior se obtiene una de las vistas más completas y atractivas del barrio.
En su terraza, que se alza sobre un histórico predio que supo ser residencia aristocrática, vivienda presidencial y hasta objeto de un atroz bombardeo, hoy se puede disfrutar no solo un pintoresco panorama, sino también un servicio de cafetería muy prometedor. Paula Roldán, pastelera profesional del IAG y fundadora del local, habló con LA NACION sobre su recorrido, la transformación del espacio y cómo se siente ocupar semejante lugar.

—¿Qué fue lo primero que sentiste al llegar a un espacio tan especial como es la terraza de la Biblioteca Nacional?
—“Este lugar es único”, fue lo primero que pensé. Este era el típico buffet para los trabajadores de la Biblioteca. Decidí renovarlo, y lo hice a pulmón y desde cero. Cambiamos la barra, renovamos la cocina, trajimos muebles de diseño, arreglamos el balcón y lo llenamos de plantas. Disfruto cada avance y cada detalle que incorporo al espacio, sea vajilla o un plato nuevo a la carta. Siempre soñé con tener mi propio café… pero estar acá es un honor
“El balcón más lindo de Recoleta”: un espacio inigualable
El espacio funciona en el primer piso y combina mesas en el exterior con un pequeño salón interior iluminado por amplios ventanales. La disposición permite mantener la vista incluso en días de clima hostil. La combinación entre arquitectura brutalista, memoria histórica y oferta gastronómica genera un contraste poco habitual en la zona.

A diferencia de los bares tradicionales de Recoleta, donde la escena transcurre a nivel de calle, aquí la perspectiva cambia. Desde las mesas ubicadas junto al borde se observan las fachadas históricas del barrio desde una altura intermedia, en paralelo con las copas de los árboles. El tránsito queda a distancia y el entorno resulta más contenido.
—¿Creés que la vista es uno de los principales diferenciales del café?
—Me lo dicen todos los vecinos: la cafetería tiene el balcón más lindo de Recoleta. Todavía me emociono con la vista según la estación del año y cómo va cambiando la luz durante el día. Es divertido: los clientes sacan fotos desde el balcón y muchas personas que pasan caminando por la Biblioteca nos sacan fotos desde la vereda. Este lugar no deja de impactarnos a todos.
La historia del predio: entre la aristocracia, un bombardeo y su período como residencia presidencial
Mucho antes de que el hormigón brutalista dominara la escena, en este terreno se levantaba una de las residencias más emblemáticas de la alta sociedad porteña. Allí se construyó a comienzos del siglo XX el Palacio Unzué, propiedad de la familia Alzaga Unzué, una de las más influyentes de la aristocracia argentina.
La mansión respondía al estilo afrancesado que caracterizó a la Recoleta de aquella época: grandes salones, escalinatas ornamentadas y jardines que dialogaban con el perfil elegante del barrio. Con el tiempo, el edificio fue adquirido por el Estado y convertido en residencia presidencial.

Fue allí donde vivieron Juan Domingo Perón y Eva Duarte, y donde Eva murió en 1952. Tras el golpe de Estado de 1955, el nuevo gobierno decidió borrar físicamente ese símbolo del peronismo: los jardines del Palacio fueron bombardeados y la residencia demolida en 1958.
Sobre ese solar cargado de historia se proyectó años más tarde la nueva sede de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, diseñada por Clorindo Testa junto a Alicia Cazzaniga y Francisco Bullrich. Esa superposición de capas —aristocracia, poder político, demolición y reconstrucción— es parte del telón de fondo sobre el que hoy funciona la terraza del café.

—¿Cómo dialoga el pasado tan fuerte del predio con la experiencia actual del café?
—Mis grandes pasiones, además de la cocina, siempre fueron la arquitectura, la fotografía y la jardinería. Este espacio reúne todo eso, además de tanta memoria cultural y política de la Argentina. Siempre que puedo recorro las muestras increíbles que tiene la Biblioteca y los distintos rincones; me emociona ver a tantos grupos de jóvenes que se juntan a estudiar o se tiran a leer en silencio. Incluso como puerta de entrada a La Cafetería te recibe un mural pintado por Carlos Páez Vilaró.

Manjares disponibles solo para los más curiosos
La propuesta gastronómica se apoya en café de especialidad y una carta de pastelería elaborada en el lugar, con tortas, muffins y opciones clásicas que acompañan la experiencia. “Todo es casero y soy muy exigente con la calidad. Como me gusta comer bien, uso la mejor materia prima y me aseguro de que cada plato sea tan rico como a mí me gusta”, sostiene Roldán
—¿Cuáles son los fuertes de la carta que no se puede perder quien visite la cafetería?
—La carrot cake, el pastel tres leches y las tortas de chocolate son imperdibles. En lo salado nuestras especialidades son el sándwich de pollo inglés y el poke bowl de pollo

El acceso es abierto al público. Se puede ingresar al edificio, subir al primer piso y permanecer en el sector gastronómico sin necesidad de reservar un turno previo, aunque quien no sepa de su existencia, probablemente nunca se entere de que ocurre allí arriba por no dar a la calle ni estar señalizado. Muchos visitantes llegan después de recorrer la Biblioteca; otros lo descubren como una recomendación o secreto a voces del barrio.
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