
Ingredientes
- Yema, 1
- Azúcar, 1/3 de taza
- Leche, 7 cdas soperas
- Chocolate amargo o semiamargo, 250 grs
- Manteca cortada en pedacitos, 1 taza
- Extracto de vainilla, 2 cdas de té
Preparación
- En un bol, mezclar el azúcar con la yema y revolver hasta blanquear.
- En una ollita, llevar la leche a hervor, y cuando esto ocurra volcamos la mitad en la mezcla anterior revolviendo sin parar.
- Agregar el resto de la leche, seguir revolviendo y cocinar sobre fuego mínimo por uno o dos minutos, hasta que la mezcla se espese (sin que llegue a hervir)
- Poner el chocolate cortado en pedazos en un cazo, a baño María, para que se derrita. Luego le volcamos la mezcla anterior encima y revolvemos contantemente hasta lograr que todo esté homogeneizado y aterciopelado.
- Agregar la manteca y la esencia de vainilla al chocolate caliente y seguir revolviendo y cocinando hasta que la manteca se haya derretido totalmente, alrededor de 3 minutos. Volcar la preparación en un molde bien enmantecado y refrigerar por toda la noche.
- Para desmoldar, apoyar el molde en agua caliente por 30 segundos. Luego dejar en la heladera, porque se sirve bien frío.
Es una torta-postre, como un bombón, que hay que comer en una porción pequeña porque es fuerte, pesado, untuoso. En francés se la llama torta fondant de chocolate o torta de chocolate sin harina. Es increíble. Es esa clase de torta de chocolate que se derrite en la boca, y eso es algo inigualable. Yo la serví con un poco de crema inglesa, pero puede quedar muy bien con crema fresca batida nomás, o helado de menta. Para mí, lo que la hace tan particular es que se parece mucho a la trufa. Usen un molde no demasiado grande porque no sale demasiada cantidad con estas medidas. Yo compré ahora un molde antiadherente de 20 x 20 cm y unos 2,5 de alto, y la voy a probar en él para ver cómo sale. También permite cortar rectángulos que quedan muy bien en el plato, ya servido. Pero como no tenía uno así, la hice en una fuente para horno redonde, de 22 cm. de diámetro.









