En cuatro meses, dos arquitectos transformaron por completo un departamento de pocos metros en un espacio integrado, diseñado a la medida de su dueña
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“Todo comenzó con el deseo de derribar una pared de un departamento de 70 m2 ubicado en pleno corazón de Buenos Aires”, contó el arquitecto Pedro Ignacio Yáñez sobre el proyecto de reforma -realizado junto a la arquitecta Carolina Recondo- que lo transformó en un hogar diseñado a medida para una joven profesional.

El proceso
Poco a poco, la dueña de casa se animó a más. “Originalmente, el departamento contaba con dos dormitorios, un baño, un toilette y una cocina, todo compartimentado. Eliminamos un dormitorio y el toilette, y así ganamos una gran cantidad de metros, mucho más aprovechados”, explicó el arquitecto.

“En el momento en el que pasamos de tirar una pared a proyectar una reforma integral, logramos que el departamento ganara continuidad espacial, fluidez, aire y luz. Se demolieron la mayor cantidad de muros posibles, reduciendo de cinco puertas existentes a solo una: la del baño”.

“Menos, pero mejor”, esa fue la premisa del proyecto. “Antes, cada ambiente del departamento tenía un tipo de piso distinto y de baja calidad. La solución fue unificar con un mosaico granítico blanco que recorre todo el espacio”.

“En cada proyecto, mi objetivo es lograr que la luz natural llegue hasta lo más profundo de la planta y generar una ventilación cruzada, algo que marca una diferencia enorme”.

En sus proyectos, Yáñez apuesta por reducir al mínimo la cantidad de materiales y, siempre que sea posible, optar por los naturales, como el cemento y la madera. “Mi abuelo era carpintero, así que, para mí, la madera tiene una memoria emotiva: su olor me transporta directamente a mi familia. Es algo no negociable para mí, y por eso en este proyecto incorporamos tres piezas de madera de incienso”.

Sin límites
“Lo atractivo del proyecto fue que las actividades como trabajar o descansar, dejaron de estar atadas a un espacio específico. Trabajar desde la cama con una laptop, dormir la siesta en el sillón, escribir en la cocina… Los límites entre lo público y lo privado se volvieron difusos”, explicó.

“Creo que cada persona debería encarar una reforma en función de cómo quiere vivir, sin miedo a correrse de lo preestablecido y caer en la solución por defecto. En el habitar todavía persisten muchos preconceptos que vale la pena cuestionar”.

“Las columnas de hormigón evidencian que ahí antes había otra cosa. Hicimos una reforma pero sin borrar la memoria del lugar. El hormigón es honesto, real, y dialoga con el resto de los materiales: el mosaico granítico y la madera de incienso”.

Para las paredes se eligió un blanco que dialoga con la luz natural y con los muebles y objetos que ya tenía la dueña. “Con este fondo neutro, todo lo que ella poseía se puso en valor. El departamento se volvió despojado, lo que permite que se adapte tanto a una lámpara de diseño como al color del sillón”, explican los arquitectos.

“La experiencia fue sumamente gratificante: terminamos forjando una amistad con la dueña y creo que logramos interpretar qué se ajustaba mejor a su estilo de vida, gracias al diálogo constante que mantuvimos durante esos meses”, concluyeron.

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