Un bloque de hormigón abraza añosas araucarias y palmeras en patios internos y, a través de enormes ventanas, se abre al terreno que alguna vez fue una quinta.
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La vegetación traspasa la casa, literalmente. Dos palmeras y una araucaria plantadas hace más de 90 años perforan el interior y arman patios centrales que ordenan la planta y llevan luz a los dormitorios. Pero los árboles no son los únicos protagonistas en este proyecto del estudio Alric-Galíndez. También tienen un rol principal los libros y las obras de arte, grandes pasiones de los dueños de casa y, una vez más, la arquitectura se adaptó a lo que existía desde un principio.

Recorrer la casa es como estar en una galería de arte contemporáneo, en una librería y en un jardín, todo al mismo tiempo. Es atravesar una mezcla de sensaciones y colores que ablandan el sólido hormigón que las contiene.

Una de las premisas de los dueños de casa fue que se lucieran el arte y la literatura. Por eso, la biblioteca es la gran protagonista de la planta baja y atraviesa la doble altura para volver a aparecer en el siguiente nivel como baranda. Es casi el único mueble empotrado: el resto de las paredes quedan despojadas para dar lugar a otras figuras estrella: cuadros y esculturas.

Para todos los ambientes elegimos piso de Travertino de modulación irregular. Nos gusta usar piezas que no sean cerradas, para que se adapten a las medidas del proyecto y que no queden recortes”
— Arq. Santiago Alric Ferré

“La planta baja está en directo contacto con el verde. El objetivo fue que el terreno no quedara como un remanente, sino que los dueños de casa sintieran que lo conquistan desde cada sector del interior”.

Del interiorismo se encargaron los clientes: los arquitectos dejaron gargantas en la losa para que ellos luego pusieran las cortinas que desearan.

Cocina transparente

La vegetación como contrapunto

La idea para la vegetación fue que hiciera un contrapunto con el resto de la casa. Sueltas y frondosas, las plantas contrastan con las líneas rectas de la caja”
— Clara Billoch, paisajista
Así como se usó Travertino de distintos largos puertas adentro, en la galería semicubierta hicieron un piso de cemento para no quedar limitados por el tamaño de las piezas y para ser más plásticos en el dibujo de la planta.

Dos tabiques de hormigón plantados en la galería sostienen el enorme voladizo de la planta alta. Se revocaron en gris, al igual que los muros de mampostería. El bloque de hormigón visto es obra de la empresa constructora CAPCO.

En el perímetro de la pileta, las plantas elegidas por la paisajista fueron Acer palmatum en hilera con helechos, plectranthus y buxus por debajo. Ninguna necesita poda. Como el hormigón de la casa, también son de bajo mantenimiento.
Planta alta: color y privacidad

Más cuadros visten los pasillos de la planta alta y guían hacia el playroom, donde remata la colección de arte. La muestra se deja entrever por la división de vidrio y cortinas verticales.

“Llegué a la casa con el proyecto ya armado, y la decisión de conservar los árboles estaba tomada. Me pareció acertado y viable, porque son especies con raíces cercanas al tronco, que pueden convivir bien con lo diseñado”, comparte la paisajista.

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