Un paraíso de inspiración nórdica y esencia bohemia donde acurrucarse y desconectar.
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Rebecca y Steven Keyzer son dos jóvenes profesionales que viven en la cosmopolita Toronto, una presencia frecuente en los rankings de ciudades con mejor calidad de vida. Sin embargo, en sus días libres la pareja quería estar en otro lado. “Un refugio fresco escondido en la tranquila campiña de Toronto” era su sueño.

El deseo de alejarse del bullicio de la ciudad trajo a Rebecca y Steven hasta Prince Edward; a solo dos horas de su casa encontraron un remanso de tranquilidad en medio del paisaje nevado

Confort interior
Para disfrutar desde el primer momento la búsqueda se centró en propiedades que no necesitaran ser reformadas y así dieron con esta construcción de líneas modernas a 200 kilómetros de su hogar permanente.

Toda la planta tiene pisos de cemento pulido con calefacción integral.
Con capacidad para 10 personas, la antigua mesa de cosecha (su nombre viene de la tradición rural de celebrar en familia ese momento del año) impone su presencia en el comedor.

Paraíso compartido
La distribución interior fue una de las características que les atrajo a los anfitriones: como apenas hay divisiones, los ambientes sociales están interconectados generando más espacio y luminosidad.

No somos de hacer reuniones formales; nos gusta charlar mientras estamos cocinando y que los invitados puedan sentarse en las banquetas o estar en contacto desde el living”
— Rebeca, dueña de casa

Objetivo, descanso
“Estamos en un lugar maravilloso y con este interior todos se sienten como en casa de inmediato. Realmente podemos relajarnos aquí”, aseguran.

Clásico y efectivo, el blanco y negro como base de la paleta se mantiene a lo largo del recorrido por este segundo hogar.

Muchas propiedades de la zona son de estilo victoriano pero nosotros queríamos algo diferente, así dimos con esta casa de acero con líneas firmes y claras.”
— Rebeca, dueña de casa

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