Esta casa de San Isidro se pensó para que todas las luces hagan lucir las obras de una pareja de artistas, y con varios rincones donde pudieran reunierse en torno al fuego.
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Martín Linietsky, fotógrafo, y Melina Mezzini, artista y trabajadora social, tenían clarísimo el formato de casa a la cual querían mudarse con sus hijos, y con la ayuda de un préstamo UVA pudieron materializarlo. Espacios integrados, hormigón a la vista, grandes aberturas de vidrio repartido, una fachada de líneas simples y varios rincones donde hacer fuego (horno a leña, parrilla y salamandra) estaban entre los ítems de su lista de deseos. Todos y cada uno quedaron contemplados en el proyecto del arquitecto Fernando Manzone que, además, debía plasmarlos en una suerte de loft neoyorquino, pero con jardín.

El lugar elegido fue San Isidro, y la arboleda de la zona le permitió a Martín explorar una nueva faceta profesional: el diseño de jardines. “Tomando nuestra casa como punto de partida, Fernando, tío de mi mujer y un gran maestro, me fue guiando en el camino del paisajismo. Es un trabajo al que hoy estoy tan abocado como a la fotografía”. Sin duda, vive en un entorno ideal para desplegarlos.

Casi todos los revestimientos surgieron de piezas de demolición o comprados de segunda mano. En cuanto a la estética, teníamos muchas ganas de usar hormigón, que además es práctico: si hay una pérdida de humedad, se repara y se emparcha.”
— Martín Linietsky y Melina Mezzini, dueños de casa

El proyecto tiene mucho que ver con una de las especialidades de nuestro estudio, que es el diseño de lofts reciclados, una tipología en la que predominan el hierro y el hormigón visto.”
— Arq. Fernando Manzone

Luz vital

“La casa tiene distintos tipos de vidrios y tamaños de ventanas para generar luces, sombras y reflejos con una suerte de encuadre fotográfico, dada mi profesión”, cuenta Martín

Ubicada en el centro del living, la salamandra ayuda a sectorizar esta planta integrada.


Sobre la medianera, se hicieron rajas de ladrillo de vidrio para sumar luminosidad.
La cocina como escenografía
La isla tiene 2,60 metros de largo. “Es gigante. Además de hacer de segunda mesada, la quisimos de este tamaño para que aquí pudieran filmarse programas de cocina”, dice Martín. Y no es el único aspecto destacable de la cocina: las marmetas de Carrara que se usaron en la alzada fueron recuperadas de una demolición, y en su vida anterior armaban un piso.


En el frente, las ventanas de la planta baja y alta están unidas por un chapón negro. “Es una resolución técnica y estética que nos permitió cubrir el borde de la losa y dar continuidad, así como sensación de mayor altura”, cuenta el arquitecto
Escaleras arriba

Imitando un parquet, el piso de los dormitorios se hizo con placas de fenólico barnizadas.

“La elección del vidrio repartido nos permitió resolver, en un mismo paquete, el tema de la seguridad: las aberturas son, al mismo tiempo, ventanas y rejas”.

El mármol de Carrara de los baños es igual al de la cocina, reciclado, pero cortado con otra proporción.
Qué se hizo

• El toilette y la escalera se ubicaron sobre la izquierda del terreno, para que la diagonal no complicara el ángulo de otros espacios más relevantes.
• Se generó un patio interno para llevar luz a toda la planta baja, dada la proporción del lote, largo y angosto.
• El paisajismo lo diagramó el dueño de casa con plantas que recuperó de podas de los vecinos del barrio.
• Arriba, se diseñó un gran hall distribuidor con espacio para un escritorio, que toma luz del retiro del jardín de invierno.
• En los dormitorios se abandonó el cemento alisado para dar lugar a la calidez de la madera.
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