El arquitecto argentino Marcelo Fernández rememora cada detalle de esta encantadora casa que refaccionó y ambientó para vivir junto a su pareja
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“Siempre que veo una propiedad que necesita mucho trabajo, me tienta”, confiesa el arquitecto argentino Marcelo Fernández, que desde hace años vive en una zona residencial de Miami. Y su conexión con esta casa con “buenos huesos” y vistas a un campo de golf fue inmediata, aun que en su opinión tuviera muchas adiciones mal hechas.
Cuando fue a visitarla con un agente inmobiliario, conoció a la dueña, que si bien tenía una oferta mejor quería asegurarse de que los nuevos dueños no la de molieran. “Le prometí que la iba a conservar y lo hice”. Durante casi un año, Fernández trabajó en restaurar la estructura para luego actualizar carpinterías, techos, plomería y electricidad con un estilo muy equilibrado entre lo moderno y lo clásico. “No me atrae un proyecto que tenga poco para arreglar: como siempre quiero hacer las cosas a mi gusto, prefiero comprar algo en mal estado. Quedó muy simple, pero al mismo tiempo muy cálida”, nos contó, recién llegado a Buenos Aires, donde pasa varios meses al año.
Entramos
“La escalera tenía un pasamanos divino que se perdió por error durante la obra. “Lo sacamos para arenar y terminó en la basura. En su lugar, puse el vidrio porque lo exigían las normas, aunque no era la idea original”, nos dice Marcelo, que compartió generosamente tanto datos como anécdotas.
“Donde vaya, busco curiosidades. De hecho, la relación con Susana [Giménez] comenzó profesionalmente, porque conocía mi fama de rastreador, y hoy somos muy amigos. A los dos nos gusta salir de compras por Miami: siempre encontramos objetos, muebles o papeles fuera de lo trillado para sus casas”.
“La lámpara colgante de este living era de una clienta, que ya no la quería. Cuando vio cómo quedaba acá ¡la quiso de nuevo!”, cuenta Marcelo entre risas.
Cuando entré, me dije: quiero una casa blanca, con cerramientos negros y mucha madera clara. Y Miami, la verdad, te hace todo muy fácil: tenés variedad para conseguir lo que sea, donde sea.”
— Arq. Marcelo Fernández, dueño de casa y al frente de la remodelación
Equilibrar lo moderno
“En una casa moderna, siempre tenés que aportar un toque clásico. La lámpara Fortuny del comedor, por ejemplo, es algo súper distinguido que puede estar en un palacete en Venecia y al mismo tiempo convivir perfectamente con un entorno contemporáneo”, dice Marcelo hablando de uno de sus objetos favoritos.
Desde el comedor queda claro el nexo entre los dos livings vistos más arriba, un vínculo que subrayan prolijamente los vanos revestidos en madera.
Cocina con salida al jardín
La cocina sumó dos puertas-ventana para ampliar la vista y tomó la misma paleta neutra del resto de la casa. “Al elegir los colores, creo que tenés que ser respetuoso del clima del lugar. Y en Miami, veo todo en tonos muy claros”.
Un detalle especial
“Cuando vi el trabajo de Carmen Almon, me imaginaba que eran pinturas, pero cuando en un viaje por Francia llegué hasta su atelier −después de mucho investigar, porque nadie la conocía− me di cuenta de que eran esculturas botánicas en láminas de cobre. Le compré algo a ciegas, porque no tenía nada terminado como para que me llevara en el momento, y me lo envió tiempo después. Me parece maravilloso lo que hace, es súper realista”.
Desde arriba
La planta alta fue reservada para la suite principal, con vestidor y baño, resultante de la unión de dos cuartos. “Acabo de comprar un departamento en Buenos Aires e hice exactamente lo mismo”, compartió Marcelo.
“Siempre busco que mis dormitorios sean muy tranquilos. Estoy todo el tiempo mirando materiales para clientes, y cuando por fin llego a mi cuarto, quiero que se sienta como un spa”.
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