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El tracto gastrointestinal está compuesto por billones de microorganismos que conforman lo que se conoce como microbiota intestinal. Estos se pueden clasificar en dos tipos: saludables o perjudiciales, según informes de la Clínica Mayo de Estados Unidos. Para contribuir al equilibrio de esta microbiota intestinal suelen ser relevantes los probióticos, los cuales son bacterias y levaduras que están presentes en ciertos alimentos y productos que consume el ser humano.
En diversos estudios, este centro médico ha identificado que la salud intestinal se define por una composición normal de la microbiota y una digestión adecuada de los alimentos. Se ha detectado que la microbiota intestinal se puede modificar según la alimentación que las personas tengan en su día a día y así mejorar enfermedades inflamatorias o incluso un problema que abarca a cierto sector de la población, como lo es la obesidad.
Según un informe revelado por la Universidad de Harvard, el yogur sigue siendo el alimento número uno para beneficiar la digestión. Esto se debe a su disponibilidad y fácil acceso. Además de presentar bacterias que ayudan a mejorar la microbiota como la Lactobacillus acidophilus.
Desde los National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos, han señalado que incorporar alimentos fermentados en la dieta suele traer nuevas vías para incorporar los probióticos necesarios y mejorar los problemas digestivos. En ese mismo orden, la Cleveland Clinic ha documentado cuáles son los alimentos que más benefician al organismo en este sentido.
Elaborado con base en repollo fermentado, este alimento se relaciona, según la Cleveland Clinic, con microorganismos del género Lactobacillus lo que genera aportes en vitaminas del grupo B. Desde el centro médico señalan que es importante comerlo crudo o sin pasteurizar, ya que esos procesos podrían destruir las bacterias beneficiosas para el organismo.

Los lácteos también juegan un papel importante dentro de los beneficios para la correcta digestión. La Clínica Mayo indica que variedades como el parmesano traen algunas bacterias que aportan mejoría directa en la salud intestinal y también fortifican el calcio en los huesos, al igual que el suero con leche.
Esta es una bebida fermentada parecida al yogur, rica en probióticos y que se elabora al poner en contacto leche o agua con gránulos de bacterias o levaduras. Sin embargo, la Universidad de Harvard también señala que es posible su elaboración con alternativas sin lácteos como el agua de coco. El bajo contenido de lactosa lo vuelve una opción ideal para personas con intolerancia, según informa la Cleveland Clinic.
Este es un té fermentado que se caracteriza por un sabor ácido y efervescente. Aporta microorganismos y antioxidantes, pero Harvard recomienda revisar las etiquetas de este producto, ya que más de 5 gramos de azúcar por porción podría evitar que sus beneficios salgan a flote.
Otro de los alimentos destacados por la Clínica Mayo de Estados Unidos es la masa madre. Esto debido a que vincula fermentación y suele consumirse en productos como el pan. Por lo que señalan que es de fácil acceso al consumidor. Además, una revisión de la revista científica Food Science and Biotechnology lo añade dentro de los productos vegetales con más potencial probiótico.

Por último, se encuentra el Kimchi, un plato tradicional coreano cuya base son las verduras fermentadas, principalmente el col. Suele tener una textura crujiente y desde la Clínica Mayo lo destacan por encima de otros alimentos por ser un ingrediente muy usado en sopas, arroces y guisos, lo cual ayuda a que los consumidores tengan una opción más directa de probióticos y asimismo mejorar su digestión.



