La preparación se compone de un fermentado asiático que parte de vegetales
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Una guía culinaria describe cómo preparar kimchi desde cero: qué llevar a la licuadora, cómo salar la col, cuánto dejarla reposar y el tiempo mínimo de fermentación antes de guardarlo en nevera y disfrutarlo como acompañamiento o snack.
El kimchi se compone de un fermentado tradicional de Corea que parte de vegetales (principalmente col napa) condimentados con ajo, jengibre, ají coreano (gochugaru) y salsa de pescado, cuyo sabor varía del picante al ácido según la maduración.
La preparación cuenta con los siguientes lineamientos: reposo de 30 minutos, cocción de 120 minutos y un rendimiento para dos porciones. Un dato adicional invita a usar jengibre fresco para un resultado más aromático.
La lista de ingredientes incluye:
- 1 col napa.
- 1 pera.
- porridge (papilla o almidón de arroz).
- ½ cebolla.
- 5 dientes de ajo.
- 2 láminas de jengibre.
- 50 ml de salsa de pescado.
- 2 cucharadas de gochugaru.
- 1 taza de cebollín picado.
- 1 cebolla larga picada.
- 1 zanahoria en bastones.
El primer paso es elaborar la mezcla base en licuadora: pera, media cebolla, los cinco dientes de ajo, el jengibre y la salsa de pescado, hasta obtener una textura homogénea.
Luego se compone la pasta del kimchi: en un bowl se integran el cebollín, la cebolla larga, la zanahoria, la mezcla licuada, el gochugaru y el porridge, procurando una unión pareja antes de volver a reservar.
La col napa se corta a la mitad (o en cuartos si es grande) y se salpica con sal entre las hojas, separándolas ligeramente para favorecer la penetración. Debe reposar dos horas, tiempo en el que suelta líquido y se ablanda.
Tras el tiempo de maduración, se enjuaga muy bien para retirar el exceso de sal y se deja escurrir. Acto seguido, se unta generosamente la pasta entre cada hoja, cuidando que todo el vegetal quede cubierto.
El armado final pide un frasco de vidrio esterilizado: se compacta el contenido para expulsar burbujas de aire, se cierra y se deja fermentar a temperatura ambiente por un mínimo de dos días.
Una vez pasado ese tiempo, se guarda en la nevera. Puede comerse como bocado directo o para realzar sopas, arroces y noodles, aprovechando su carácter crujiente y su acidez equilibrada.
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