Apuntan contra una mafia de origen coreano por esclavizar a inmigrantes
Imputaron a cinco extranjeros tras el rescate de 21 víctimas en un taller textil en Flores
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Las organizaciones del delito transnacional aprovechan la vulnerabilidad de inmigrantes ilegales para armar sus redes de esclavitud laboral o sexual. En Flores fueron liberadas 21 personas que tenían su movilidad restringida mientras eran obligadas a trabajar casi sin descanso en un taller textil. La Justicia continúa con la investigación de ese caso y apunta directamente a una mafia de origen coreano.
Tras una investigación de la Fiscalía Federal N°6, un grupo de agentes de la División Trata de Personas de la Policía Federal irrumpió en octubre pasado en un taller textil clandestino ubicado sobre la calle Camacua, altura 930, en el barrio porteño de Flores.
Allí fueron rescatadas 21 personas que estaban esclavizadas y monitoreadas con cámaras durante jornadas laborales que duraban -en algunas ocasiones más de 12 horas. A partir de ese allanamiento se profundizó la investigación.
El fiscal Federico Delgado solicitó que cinco ciudadanos coreanos -sospechosos de haber cometido el delito de trata de personas declaren en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 6.
En los documentos judiciales de la causa, a los que tuvo acceso LA NACION, el fiscal Delgado explicó: "Vemos todos los días en tribunales montones de causas que giran en derredor de talleres textiles clandestinos. Son procesos que tienen matices propios, pero rasgos comunes. Hablamos de inmigrantes ilegales que por necesidad son objetualizados y trabajan en condiciones deplorables, atravesados por el hacinamiento y las jornadas laborales interminables. A su vez, son regenteados por otra persona que muchas veces trabaja a la par y en esas mismas condiciones".
"No obstante -continuó Delgado siempre hay un amo. Y aquí reside la cuestión nodal, porque no siempre es sencillo hallar al amo. Es más, muchas veces las causas fracasan por esa razón, porque tan sólo se logra descubrir el taller, más no a quien se apropia de ese trabajo. Aquí las cosas fueron diferentes. En efecto, esta vez pudimos ir más allá: a partir del hallazgo de etiquetas en el allanamiento, se logró desentrañar qué empresa se apropia del trabajo esclavo a través de la cadena de explotación de seres humanos. Por lo tanto, sus autoridades deben responder penalmente por estos sucesos".
Además, el fiscal destacó: "Nos referimos a las extensas jornadas laborales, los salarios percibidos no acordes a la cantidad de horas trabajadas, la falta de condiciones aptas para trabajar y el sometimiento a los titulares del taller. Todo esto lleva a sostener que las personas que cumplían tareas a cargo de los imputados se encontraban en una situación de vulnerabilidad tal que permite afirmar que fueron víctimas del delito de trata de personas".
En los documentos vinculados a la causa, Delgado agregó: "Las condiciones bajo las cuales se regían aquellas relaciones laborales, representan parámetros objetivos que permiten afirmar que esas personas vivían bajo un ámbito de autodeterminación reducido e influenciado por su alto grado de vulnerabilidad, todo lo cual fue aprovechado por los imputados en beneficio propio".
A su vez, informes del Ministerio de Justicia realizados luego del allanamiento en la calle Camacua detallaron la forma en que se explotaba a esos 21 trabajadores. Por ejemplo, un documento elaborado por el Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata señaló que las víctimas rescatadas fueron halladas "en condiciones de precariedad, signadas por la irregularidad y la clandestinidad".
El informe del Ministerio de Justicia definió las malas condiciones de vida en las que fueron encontrados los trabajadores: "El sector asignado a la actividad textil se hallaba en la parte trasera del inmueble. El mismo era un amplio tinglado, que no contaba con ventanas para la ventilación natural del mismo".
El escalón superior
En un diálogo con LA NACION, el fiscal Marcelo Colombo, titular de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex), explicó el rol que ocupan los ciudadanos coreanos en la producción ilegal de prendas de vestir. "En las investigaciones de los últimos años, los coreanos aparecen como los encargados de proveer telas, encargar los trabajos de producción de prendas de vestir y también como los titulares de las marcas de ropa. Están en un escalón superior al de las personas que explotan directamente a las víctimas en los talleres textiles, están en una línea superior de la organización respecto de los talleres. Y hay muchas investigaciones que se encaminan en ese sentido", aseguró.
Y agregó el fiscal Colombo: "En muchas ocasiones, los coreanos son quienes obtienen mayor rédito económico de la explotación. Más allá de que no están siempre en los talleres, organizan las condiciones en las que tienen que ser confeccionadas las prendas, los tiempos y los precios".
Una zona con antecedentes de explotación
- En los documentos de una investigación realizada durante 2016, que se extendió a más de 100 lugares de explotación textil, el fiscal Federico Delgado aseguró que en los barrios Flores, Floresta, Villa Mitre, Villa Santa Rita y Parque Avellaneda existe una zona que "los explotadores de talleres clandestinos saben que pueden instalarse abiertamente, ya sea que se trate de edificios tomados o no, y donde no serán molestados". Este año fueron clausurados al menos 20 talleres ilegales tras la intervención de diferentes organismos porteños.
- La actividad en esos talleres clandestinos puede ser, incluso, trágica. En 2015, dos niños murieron al incendiarse la precaria fábrica administrada por un ciudadano coreano en Flores. También en 2015, el fiscal Ramiro González acusó a otro coreano a cargo de otro taller- por explotar laboralmente y violar a una mujer, que había llegado allí tras ser secuestrada junto a sus dos hijos en Buenos Aires.
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